El 3 de noviembre serán las elecciones parciales en Estados Unidos. Sabemos cuáles son las políticas de los republicanos liderados por Trump. ¿Qué va a cambiar si ganan los demócratas? Es más, ¿cuál es la diferencia entre ambos partidos? ¿Qué proponen los demócratas?
Este noviembre estarán en juego los 435 escaños de diputados nacionales, 35 senadores, 39 gobernadores estaduales y territoriales, y cientos de cargos locales. Todos dan por sentado que Trump y el Partido Republicano van a perder estrepitosamente las elecciones, y por ende el control de las dos cámaras del Congreso.
Este pronóstico se basa en dos cosas. La primera es la tendencia de todos los oficialismos a perder las elecciones parciales. La segunda es que las encuestas dan un resultado de 12 puntos a favor de los demócratas nivel nacional, mientras que la opinión favorable del gobierno oscila entre 35 y 40 por ciento.
Pero ¿es tan así? Mi opinión es que Trump va a perder, pero los demócratas no van a arrasar. El encuestador republicano Patrick Ruffini señala que las encuestas en las últimas cuatro elecciones al Congreso han subvalorado el desempeño real de los republicanos. El analista Nate Silver afirma que las encuestas han subestimado consistentemente el apoyo a los republicanos. Muchos encuestadores comentan que los votantes republicanos suelen desconfiar de las encuestas y de los medios.
Luego, los republicanos están gastando dos dólares por cada uno de los demócratas. Asimismo, considerando lo complicado de la situación económica norteamericana y los desatinos de la política exterior de Trump, retener casi 40% de opinión pública favorable es algo notable. Por último, muchos de los candidatos demócratas, que podrían resultar electos están muy cercanos al trumpismo y han votado su legislación.
La mayoría de las propuestas de Trump al Congreso fueron aprobadas con votos de ambas bancadas.

Encuestas y fraudes
El tema de las encuestas es complejo. Por ejemplo, si hay elecciones en tres distritos y un partido gana por amplio margen en uno (digamos 60 a 40) pero pierden por estrecha diferencia en dos (digamos 51 a 49) el resultado será que ese partido tiene amplia diferencia en cantidad de votantes, pero ha perdido en candidatos electos 2 a 1. Según Karl Rove, que fue el principal estratega político de la presidencia de George W. Bush (hijo), la diferencia real en votos por distrito es más cercana a un dos por ciento en 37 de los distritos donde la disputa es cercana, o sea es un empate técnico.
Estados Unidos es un país escasamente democrático. Por ejemplo, los republicanos reorganizaron muchos estados del sur, subsumiendo un distrito de mayoría afroamericana en dos o tres distritos de mayoría anglo, diluyendo el voto negro que, concebiblemente, favorece a los demócratas. Asimismo, cada estado establece las reglas de quiénes votan y cuándo. En Florida si has sido detenido (no condenado) estás inhabilitado. En algunos estados, como Minnesota y Dakota del Sur, la elección comienza 46 días antes del 3 de noviembre, o sea están votando ahora. En otros como Arkansas y Colorado la elección comienza 15 días antes, mientras que en Luisiana son una semana antes. ¿Quién controla que no haya fraude esos días? Nadie.
Solo en publicidad los republicanos gastarán 1,63 mil millones de dólares en los dos meses previos a la elección, mientras que los demócratas disponen de 1,19 mil millones. Pensemos que eso es, más o menos, mil dólares por votante solo en la publicidad de dos meses. Debería ser evidente que ambos partidos obtienen apoyos de los sectores más ricos de la sociedad. Solo la imaginación permite suponer qué pedirán los aportantes a cambio de sus dineros.

Votos comprados
Trump ha prometido un bono de cinco mil dólares a cada votante si gana las elecciones. Más allá de la manifiesta ilegalidad de esta promesa (ni en Estados Unidos se pueden comprar abiertamente los votos), es poco factible de llevarse a cabo. La población en edad de votar es, aproximadamente, 270 millones, esto agregaría 1,35 billones (o trillones de ellos) de dólares al déficit nacional. El déficit a 2,5 billones, incluyendo 600 mil millones agregados al presupuesto de defensa. El “bono” aumentaría ese déficit en 50 por ciento.
Sin embargo, según los encuestadores una cantidad importante de gente cree que si gana Trump va a recibir el bono.
La situación socioeconómica debería significar que Trump y su partido sufrirán una derrota estrepitosa. Los demócratas están haciendo campaña prometiendo bajar los alquileres, los alimentos, el combustible y otras necesidades básicas. Sin embargo, parecería que muchos votantes no les creen. Quizás porque muchos de sus diputados se han alineado con Trump, sobre todo en política exterior. Así ambos partidos apoyan a Israel y el genocidio en Gaza, mientras que más de 60% de los norteamericanos están en contra.
Dicho de otra manera: el ciudadano medio siente que no vive en una democracia.
Eso impacta duramente sobre la izquierda socialdemócrata (los Democratic Socialists of America) que se cobijan en el partido Demócrata. Tanto Bernie Sanders como Alexandra Ocasio Cortez son, de lejos, los políticos más populares y confiables de Estados Unidos. Sin embargo, concitan poca adhesión al voto. De hecho, son solo seis los diputados progresistas sobre 435 diputados.
Lo más factible es que los demócratas obtengan un triunfo electoral que les permita ser mayoría en el Congreso, y posiblemente mejoren la cantidad de gobernadores que les responden. Todos los analistas esperan que esto sea lo que ocurra, y piensan que modificaría las políticas llevadas adelante por Trump.
Quién es quién
Esto último es poco probable. No solo porque muchas de las políticas trumpistas han gozado de un consenso en ambos partidos, haciendo evidente que amplios de sectores del poder económico más concentrado están comprometidos con ellas. Muchos de los candidatos demócratas podrían perfectamente ser candidatos trumpistas. Por ejemplo, el diputado demócrata por Texas, Vicente González, se caracteriza por “trabajar con los republicanos”, y junto con los diputados Abigail Spanberger, Kyrsten Sinema, Kirsten Gillibrand y Loretta Sánchez formó la Coalición Blue Dog que si bien se define como “moderada” se caracteriza por votar con los republicanos.
Otros demócratas similares son JoAnna Mendoza que sirvió en los Marines y la Armada durante 17 años, o Paige Cognetti egresada de Harvard Business School y fue asesora del Tesoro, o el diputado Amish Shah que trabajó años con su contrincante republicano y pasó a la historia por proponer una ley prohibiendo la extirpación de las uñas de los gatos.
Las diferencias entre ambos partidos se han diluido hasta el punto de que hay una amplia mayoría que comparte la visión que encarna el trumpismo.
Y si pierden los republicanos, “¿qué hacemos ahora?”. Nadie parece saber con certeza qué harán los demócratas si ganan mayorías en ambas cámaras. Las mayorías demócratas podrían intentar limitar el poder de Trump para establecer aranceles, pero no podrán cambiar las leyes comerciales subyacentes y deberán acudir a la Justicia para decidir revocar la decisión presidencial, como ya lo han hecho en algunos casos.
Los demócratas también podrían intentar poner fin a las operaciones militares erráticas de Estados Unidos contra Irán o el apoyo a Ucrania. Suponiendo que quisieran hacerlo, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, lo más factible es que no puedan hacerlo. Bush pudo aumentar las tropas en Irak, a pesar de la oposición mayoritaria tras las victorias demócratas en las elecciones de medio término de 2006.
En ese sentido, más allá del tamaño del triunfo demócrata, la realidad es que tenemos Trump para rato. Es poco probable que sus políticas vayan a cambiar como resultado de esta elección.
Nadie parece saber con certeza qué harán los demócratas si ganan mayorías en ambas cámaras.
El 3 de noviembre serán las elecciones parciales en Estados Unidos. Sabemos cuáles son las políticas de los republicanos liderados por Trump. ¿Qué va a cambiar si ganan los demócratas? Es más, ¿cuál es la diferencia entre ambos partidos? ¿Qué proponen los demócratas?
Este noviembre estarán en juego los 435 escaños de diputados nacionales, 35 senadores, 39 gobernadores estaduales y territoriales, y cientos de cargos locales. Todos dan por sentado que Trump y el Partido Republicano van a perder estrepitosamente las elecciones, y por ende el control de las dos cámaras del Congreso.
Este pronóstico se basa en dos cosas. La primera es la tendencia de todos los oficialismos a perder las elecciones parciales. La segunda es que las encuestas dan un resultado de 12 puntos a favor de los demócratas nivel nacional, mientras que la opinión favorable del gobierno oscila entre 35 y 40 por ciento.
Pero ¿es tan así? Mi opinión es que Trump va a perder, pero los demócratas no van a arrasar. El encuestador republicano Patrick Ruffini señala que las encuestas en las últimas cuatro elecciones al Congreso han subvalorado el desempeño real de los republicanos. El analista Nate Silver afirma que las encuestas han subestimado consistentemente el apoyo a los republicanos. Muchos encuestadores comentan que los votantes republicanos suelen desconfiar de las encuestas y de los medios.
Luego, los republicanos están gastando dos dólares por cada uno de los demócratas. Asimismo, considerando lo complicado de la situación económica norteamericana y los desatinos de la política exterior de Trump, retener casi 40% de opinión pública favorable es algo notable. Por último, muchos de los candidatos demócratas, que podrían resultar electos están muy cercanos al trumpismo y han votado su legislación.
La mayoría de las propuestas de Trump al Congreso fueron aprobadas con votos de ambas bancadas.

Encuestas y fraudes
El tema de las encuestas es complejo. Por ejemplo, si hay elecciones en tres distritos y un partido gana por amplio margen en uno (digamos 60 a 40) pero pierden por estrecha diferencia en dos (digamos 51 a 49) el resultado será que ese partido tiene amplia diferencia en cantidad de votantes, pero ha perdido en candidatos electos 2 a 1. Según Karl Rove, que fue el principal estratega político de la presidencia de George W. Bush (hijo), la diferencia real en votos por distrito es más cercana a un dos por ciento en 37 de los distritos donde la disputa es cercana, o sea es un empate técnico.
Estados Unidos es un país escasamente democrático. Por ejemplo, los republicanos reorganizaron muchos estados del sur, subsumiendo un distrito de mayoría afroamericana en dos o tres distritos de mayoría anglo, diluyendo el voto negro que, concebiblemente, favorece a los demócratas. Asimismo, cada estado establece las reglas de quiénes votan y cuándo. En Florida si has sido detenido (no condenado) estás inhabilitado. En algunos estados, como Minnesota y Dakota del Sur, la elección comienza 46 días antes del 3 de noviembre, o sea están votando ahora. En otros como Arkansas y Colorado la elección comienza 15 días antes, mientras que en Luisiana son una semana antes. ¿Quién controla que no haya fraude esos días? Nadie.
Solo en publicidad los republicanos gastarán 1,63 mil millones de dólares en los dos meses previos a la elección, mientras que los demócratas disponen de 1,19 mil millones. Pensemos que eso es, más o menos, mil dólares por votante solo en la publicidad de dos meses. Debería ser evidente que ambos partidos obtienen apoyos de los sectores más ricos de la sociedad. Solo la imaginación permite suponer qué pedirán los aportantes a cambio de sus dineros.

Votos comprados
Trump ha prometido un bono de cinco mil dólares a cada votante si gana las elecciones. Más allá de la manifiesta ilegalidad de esta promesa (ni en Estados Unidos se pueden comprar abiertamente los votos), es poco factible de llevarse a cabo. La población en edad de votar es, aproximadamente, 270 millones, esto agregaría 1,35 billones (o trillones de ellos) de dólares al déficit nacional. El déficit a 2,5 billones, incluyendo 600 mil millones agregados al presupuesto de defensa. El “bono” aumentaría ese déficit en 50 por ciento.
Sin embargo, según los encuestadores una cantidad importante de gente cree que si gana Trump va a recibir el bono.
La situación socioeconómica debería significar que Trump y su partido sufrirán una derrota estrepitosa. Los demócratas están haciendo campaña prometiendo bajar los alquileres, los alimentos, el combustible y otras necesidades básicas. Sin embargo, parecería que muchos votantes no les creen. Quizás porque muchos de sus diputados se han alineado con Trump, sobre todo en política exterior. Así ambos partidos apoyan a Israel y el genocidio en Gaza, mientras que más de 60% de los norteamericanos están en contra.
Dicho de otra manera: el ciudadano medio siente que no vive en una democracia.
Eso impacta duramente sobre la izquierda socialdemócrata (los Democratic Socialists of America) que se cobijan en el partido Demócrata. Tanto Bernie Sanders como Alexandra Ocasio Cortez son, de lejos, los políticos más populares y confiables de Estados Unidos. Sin embargo, concitan poca adhesión al voto. De hecho, son solo seis los diputados progresistas sobre 435 diputados.
Lo más factible es que los demócratas obtengan un triunfo electoral que les permita ser mayoría en el Congreso, y posiblemente mejoren la cantidad de gobernadores que les responden. Todos los analistas esperan que esto sea lo que ocurra, y piensan que modificaría las políticas llevadas adelante por Trump.
Quién es quién
Esto último es poco probable. No solo porque muchas de las políticas trumpistas han gozado de un consenso en ambos partidos, haciendo evidente que amplios de sectores del poder económico más concentrado están comprometidos con ellas. Muchos de los candidatos demócratas podrían perfectamente ser candidatos trumpistas. Por ejemplo, el diputado demócrata por Texas, Vicente González, se caracteriza por “trabajar con los republicanos”, y junto con los diputados Abigail Spanberger, Kyrsten Sinema, Kirsten Gillibrand y Loretta Sánchez formó la Coalición Blue Dog que si bien se define como “moderada” se caracteriza por votar con los republicanos.
Otros demócratas similares son JoAnna Mendoza que sirvió en los Marines y la Armada durante 17 años, o Paige Cognetti egresada de Harvard Business School y fue asesora del Tesoro, o el diputado Amish Shah que trabajó años con su contrincante republicano y pasó a la historia por proponer una ley prohibiendo la extirpación de las uñas de los gatos.
Las diferencias entre ambos partidos se han diluido hasta el punto de que hay una amplia mayoría que comparte la visión que encarna el trumpismo.
Y si pierden los republicanos, “¿qué hacemos ahora?”. Nadie parece saber con certeza qué harán los demócratas si ganan mayorías en ambas cámaras. Las mayorías demócratas podrían intentar limitar el poder de Trump para establecer aranceles, pero no podrán cambiar las leyes comerciales subyacentes y deberán acudir a la Justicia para decidir revocar la decisión presidencial, como ya lo han hecho en algunos casos.
Los demócratas también podrían intentar poner fin a las operaciones militares erráticas de Estados Unidos contra Irán o el apoyo a Ucrania. Suponiendo que quisieran hacerlo, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, lo más factible es que no puedan hacerlo. Bush pudo aumentar las tropas en Irak, a pesar de la oposición mayoritaria tras las victorias demócratas en las elecciones de medio término de 2006.
En ese sentido, más allá del tamaño del triunfo demócrata, la realidad es que tenemos Trump para rato. Es poco probable que sus políticas vayan a cambiar como resultado de esta elección.
Mundo – Tiempo Argentino