¡Vamos, gente, a la calle!

El domingo 4 de octubre, los brasileños votaron en la primera vuelta de las elecciones. El recuento de votos se conoció ese mismo día y causó un gran revuelo. Las encuestas electorales mostraban una disputa reñida entre el candidato de extrema derecha, Bolsonaro hijo y el candidato a reelección, Lula.

En la primera vuelta, Bolsonaro se situó a la cabeza, aunque con una pequeña diferencia de casi dos millones de votos, que para las dimensiones de Brasil es pequeña. La perspectiva de una posible elección de la extrema derecha fue el detonante de una movilización nacional tan espontánea, frenética y capilar que resulta incomparable. Ni en los tiempos de las “i Directas ya!” de los años ’80 fueron tan masivas como ahora se ve.

En Niterói, en el estado de Río de Janeiro, la movilización rompió el silencio, la inmovilidad y el distanciamiento de las calles. En esta ciudad —donde surgieron el Partido Comunista Brasileño y el movimiento estudiantil de Brasil—, los estudiantes de la Universidad Federal Fluminense tomaron las calles gritando consignas como: «Trabajador, mira hacia acá: estoy en la calle para que tu hijo pueda estudiar».

Conscientes de los ataques de Bolsonaro a las universidades públicas y profesores -con recortes presupuestarios y persecución política- y a la educación y maestros -con censura y negacionismo científico-, los estudiantes entusiasmaron a Lula, quien grabó un video haciendo un llamamiento: «¡Vamos, gente, a la calle!».

Y parece haber resultado, ya que solo en cuestión de una semana, ya había manifestaciones espontaneas en todos los estados brasileños, y incluso en más de una ciudad dentro de cada estado.

Si bien la movilización ha crecido en las calles, también tiene una fuerte presencia en las redes sociales. Las cuentas de Lula y de otros miembros del Partido de los Trabajadores (PT) fueron las que más aumentaron su nivel de interacción en todo el mundo durante los últimos días.

La convicción de que la acción debe desarrollarse tanto en las calles como en Internet fue compartida por todos los integrantes del frente democrático, que buscan la manera de frenar el frente antidemocrático bolsonarista, pues ellos dominan las redes sociales con el apoyo de los tecnócratas.

¡Vamos, gente, a la calle!
Foto: Lula / Flicker

Transformación

Estas elecciones marcarán un hito para la democracia electoral brasileña. Tras la decisión de la justicia electoral de retirar publicaciones en redes sociales y la acción de las propias plataformas de eliminar perfiles —incluido el del candidato presidencial Luiz Inácio Lula da Silva—, ha quedado en evidencia la dinámica de fuerzas propia de la lucha de clases. El Supremo Tribunal Federal, el Tribunal Superior Electoral y la Justicia electoral brasileña en su conjunto atraviesan una crisis sin precedentes.

Entre escándalos de corrupción e intervenciones constantes en el proceso electoral, en estos comicios se llegó incluso a determinar cuándo se elegiría al gobernador de Río de Janeiro mediante la anulación de otra candidatura. Un jueves se anunció la decisión de que no habría segunda vuelta para la gobernación de Río; por consiguiente, tras el recuento de votos válidos, resultó electo el candidato del Partido Liberal (PL).

Así, Brasil lleva a cabo actualmente una campaña intensiva para captar votos de otros sectores. No se trata solo de una movilización de la izquierda, sino también de la extrema derecha, ya que ambos compiten principalmente por los electores de otros candidatos derechistas.

¡Vamos, gente, a la calle!
Foto: Xinhua

Con todos

Si en 2018 la izquierda rechazaba el diálogo con los votantes bolsonaristas, ahora se abre a conversar con cualquiera que esté dispuesto a escuchar. La creatividad de los materiales audiovisuales producidos y de los discursos públicos en autobuses y metros —sumada a la constatación de lo difícil que resulta escuchar y sintetizar las diversas interpretaciones del mundo— impulsa a la izquierda brasileña hacia una transformación autofágica, así como un fortalecimiento y una centralización de los discursos de la extrema derecha, que busca reproducir los mismos argumentos en todo el país. De una cosa podemos estar seguros: Brasil no será el mismo después de estas elecciones.

Al mismo tiempo, vemos una juventud movilizada, sobretodo en la izquierda.

Hay una nueva generación de políticos de extrema derecha, jóvenes celebridades de internet rellenadas de discurso de odio y al mismo tiempo, una nueva generación de izquierda, con jóvenes políticos que hacen brotar la esperanza de que en las calles, aun disconformes, hay sectores que siguen de pie en lucha, aunque sigan marcadas las diferencias y la fisura social y política que en Brasil fue revelada.

Pero sin lugar a dudas, a partir del 26 de octubre seremos otro país.

Los autores trabajan en la UNIRIO (Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro) y en la UERJ (Universidade do Estado do Rio de Janeiro).

 Ni en los tiempos de las «i Directas ya!» de los ´80 las movilizaciones fueron tan masivas.  

El domingo 4 de octubre, los brasileños votaron en la primera vuelta de las elecciones. El recuento de votos se conoció ese mismo día y causó un gran revuelo. Las encuestas electorales mostraban una disputa reñida entre el candidato de extrema derecha, Bolsonaro hijo y el candidato a reelección, Lula.

En la primera vuelta, Bolsonaro se situó a la cabeza, aunque con una pequeña diferencia de casi dos millones de votos, que para las dimensiones de Brasil es pequeña. La perspectiva de una posible elección de la extrema derecha fue el detonante de una movilización nacional tan espontánea, frenética y capilar que resulta incomparable. Ni en los tiempos de las “i Directas ya!” de los años ’80 fueron tan masivas como ahora se ve.

En Niterói, en el estado de Río de Janeiro, la movilización rompió el silencio, la inmovilidad y el distanciamiento de las calles. En esta ciudad —donde surgieron el Partido Comunista Brasileño y el movimiento estudiantil de Brasil—, los estudiantes de la Universidad Federal Fluminense tomaron las calles gritando consignas como: «Trabajador, mira hacia acá: estoy en la calle para que tu hijo pueda estudiar».

Conscientes de los ataques de Bolsonaro a las universidades públicas y profesores -con recortes presupuestarios y persecución política- y a la educación y maestros -con censura y negacionismo científico-, los estudiantes entusiasmaron a Lula, quien grabó un video haciendo un llamamiento: «¡Vamos, gente, a la calle!».

Y parece haber resultado, ya que solo en cuestión de una semana, ya había manifestaciones espontaneas en todos los estados brasileños, y incluso en más de una ciudad dentro de cada estado.

Si bien la movilización ha crecido en las calles, también tiene una fuerte presencia en las redes sociales. Las cuentas de Lula y de otros miembros del Partido de los Trabajadores (PT) fueron las que más aumentaron su nivel de interacción en todo el mundo durante los últimos días.

La convicción de que la acción debe desarrollarse tanto en las calles como en Internet fue compartida por todos los integrantes del frente democrático, que buscan la manera de frenar el frente antidemocrático bolsonarista, pues ellos dominan las redes sociales con el apoyo de los tecnócratas.

¡Vamos, gente, a la calle!

Foto: Lula / Flicker

Transformación

Estas elecciones marcarán un hito para la democracia electoral brasileña. Tras la decisión de la justicia electoral de retirar publicaciones en redes sociales y la acción de las propias plataformas de eliminar perfiles —incluido el del candidato presidencial Luiz Inácio Lula da Silva—, ha quedado en evidencia la dinámica de fuerzas propia de la lucha de clases. El Supremo Tribunal Federal, el Tribunal Superior Electoral y la Justicia electoral brasileña en su conjunto atraviesan una crisis sin precedentes.

Entre escándalos de corrupción e intervenciones constantes en el proceso electoral, en estos comicios se llegó incluso a determinar cuándo se elegiría al gobernador de Río de Janeiro mediante la anulación de otra candidatura. Un jueves se anunció la decisión de que no habría segunda vuelta para la gobernación de Río; por consiguiente, tras el recuento de votos válidos, resultó electo el candidato del Partido Liberal (PL).

Así, Brasil lleva a cabo actualmente una campaña intensiva para captar votos de otros sectores. No se trata solo de una movilización de la izquierda, sino también de la extrema derecha, ya que ambos compiten principalmente por los electores de otros candidatos derechistas.

¡Vamos, gente, a la calle!

Foto: Xinhua

Con todos

Si en 2018 la izquierda rechazaba el diálogo con los votantes bolsonaristas, ahora se abre a conversar con cualquiera que esté dispuesto a escuchar. La creatividad de los materiales audiovisuales producidos y de los discursos públicos en autobuses y metros —sumada a la constatación de lo difícil que resulta escuchar y sintetizar las diversas interpretaciones del mundo— impulsa a la izquierda brasileña hacia una transformación autofágica, así como un fortalecimiento y una centralización de los discursos de la extrema derecha, que busca reproducir los mismos argumentos en todo el país. De una cosa podemos estar seguros: Brasil no será el mismo después de estas elecciones.

Al mismo tiempo, vemos una juventud movilizada, sobretodo en la izquierda.

Hay una nueva generación de políticos de extrema derecha, jóvenes celebridades de internet rellenadas de discurso de odio y al mismo tiempo, una nueva generación de izquierda, con jóvenes políticos que hacen brotar la esperanza de que en las calles, aun disconformes, hay sectores que siguen de pie en lucha, aunque sigan marcadas las diferencias y la fisura social y política que en Brasil fue revelada.

Pero sin lugar a dudas, a partir del 26 de octubre seremos otro país.

Los autores trabajan en la UNIRIO (Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro) y en la UERJ (Universidade do Estado do Rio de Janeiro).

 Mundo – Tiempo Argentino

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