El próximo domingo 6 de septiembre la democracia alemana se someterá a una prueba de fuego. Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, un extremista de derecha podría convertirse en jefe de Gobierno de un estado alemán: Ulrich Siegmund, candidato de la AfD (Alternative für Deutschland – Alternativa para Alemania) tiene, según todas las encuestas, cerca del 40% de los votos en Sajonia-Anhalt. Si logra remontar un par de puntos más en el tramo final de la campaña podría, incluso, formar gobierno propio.
Los comicios locales de Sajonia-Anhalt nunca fueron particularmente llamativos: durante el largo gobierno de Angela Merkel, el Bundesland (distrito equivalente a una provincia en Argentina), se alineó sin fisuras con la oficialista Democracia Cristiana (CDU). En términos de la aritmética electoral tampoco es gravitante: es el onceavo Bundesland sobre 16 en cantidad de habitantes. Están habilitados para votar el próximo domingo 1,8 millones de electores en un padrón nacional de unos 60 millones, es decir, su incidencia es menor al 3 por ciento. Sin embargo, la importancia cualitativa de estos comicios es enorme.
Por ese motivo en estas semanas los habitantes de Sajonia-Anhat reciben toda la atención de la prensa alemana, El influyente, tradicional y progresista Der Spiegel sacó en tapa la foto de Siegmund bajo el título «El hombre más peligroso de Alemania». La nota central es una crónica de su campaña electoral en la que se recoge una anécdota que pinta de cuerpo entero al candidato y a la política de AfD: “Es el día más caluroso del año, pero Ulrich Siegmund se niega a que nada ni nadie lo detenga, y mucho menos el sol. ‘¡Qué tiempo tan fantástico! ¡Por fin volvió el verano, por fin llegó el cambio climático!’, grita a la multitud sudorosa, que lo vitorea y silba”. La negación del cambio climático, uno de los motivos recurrentes de esta neoderecha global, siempre va de la mano de la provocación, en una mueca repetida también por Donald Trump o Javier Milei.
El tradicional Die Zeit también pone el tema excluyente en la tapa de su último número: «Mirando atentamente a Magdeburgo», dice el título, en referencia a la capital de Sajonia-Anhalt. La nota recoge, en un desesperado informe, todas las alternativas y personalidades que podrían incidir para que no se dé el dramático resultado que por el momento parece inevitable.

Ser o no ser pinza plana
La televisión no se queda atrás. Los dos canales más vistos (ARD y ZDF, los dos estatales, concentran sumados, más del 50% del encendido) les dieron su horario central de domingo a los dos líderes nacionales de la agrupación extremista. Alice Weidel y Tino Chrupalla son copresidentes de la AfD y, a la vez, voceros de su bloque parlamentario en el Bundestag (Parlamento). Un liderazgo bifronte que parece tener mucha aceptación entre su electorado.
Chrupalla es de Weißwasser, en la ex-DDR. Es pintor de casas de oficio, su perfil es más bien obrero y populista. En la entrevista con ARD del último domingo, sostuvo su cara bonachona pese a las incisivas preguntas de su entrevistador y, con sonrisa amistosa, argumentó la necesidad de armar patrullas ciudadanas para defenderse de los delincuentes a los que identifica con la inmigración. También aquí la ultraderecha se cita a si misma: la promesa de campaña de Milei de «vender armas en los kioscos» terminó en un régimen especial para uso deportivo controlado por ANMAC.
Una hora después, ZDF entrevistó a Weidel, que es economista y representa el perfil profesional burgués de la coalición. Dijo el reportero Wulf Schmiese en uno de los momentos más duros de la entrevista: «Ningún partido de extrema derecha europeo reconoce a AfD como aliado ¿Por qué están tan aislados». Weidel sabe que la asociación extrema derecha-Alemania remite directamente a nazismo y eso es piantavotos. Por eso elije uno de los trucos predilectos de la comunicación de las nuevas derechas: eludir la pregunta e insultar al adversario. «No estamos tan aislados, según nuestras encuestas. Gobernaremos. Gobernaremos en los primeros estados federales, no sólo en Sajonia-Anhalt». Y agrega: «Lo que no quiero es que me mientan más esos inútiles que prometen algo y hacen exactamente lo contrario». En rigor, el insulto que usó Weidel es Flachzange, literalmente “pinza plana“, sinónimo de inutilidad.
A diferencia de lo que suele ocurrir cuando Milei monologa junto a periodistas amigos y les dice «mandriles», «imbéciles» o «ratas inmundas» a sus adversarios, Schmiese le pidió que no faltara el respeto a los dirigentes de la oposición. E inmediatamente, los portales publicaron entrevistas y encuestas acerca de si Flachzange es un insulto o no lo es.

Arreglos palaciegos
La palabra Brandmauer se traduce a veces como «cortafuego» y otras como «muro de contención» y es un acuerdo entre los partidos políticos alemanes que postula «ninguna alianza ni trabajo conjunto con la extrema derecha». El próximo domingo es el momento de la verdad para este pacto tácito post-1945 que nace del consenso Nie wieder (Nunca Más).
El pueblo alemán no elige por voto directo al poder ejecutivo, sino a los parlamentarios (nacionales o provinciales) que designan después en acuerdo al canciller o al gobernador y a su Gabinete. Por ese motivo, Siegmund no necesita el 50% de los votos para gobernar solo, sino el 50% de los escaños del Legislativo. Las encuestas le dan hoy alrededor del 39 por ciento. En el escenario más temible, si el candidato de AfD sube en estos días hasta entre el 42 y el 44% puede sumar 49 escaños, los que necesita para formar gobierno. No es imposible. En el escenario intermedio, el más probable hasta ahora, AfD gana y logra que CDU o algún partido liberal como el alicaído FDP se abstengan en la elección parlamentaria lo que forzaría una tercera vuelta en el Bundestag que se gana por mayoría simple. El tercer escenario, el más improbable, es el de la coalición. Nadie quiere oficialmente juntarse con AfD para formar gobierno pero hay que ver qué pasa cuando las urnas hablen.
El histórico SPD, la socialdemocracia, aparece cuarto en Sachsen-Anhalt y no levanta cabeza desde el fracaso de 2024, cuando su último canciller, Olaf Scholz, perdió la moción de confianza en el Bundestag. En febrero de 2025, en las elecciones anticipadas que siguieron a esa caída, y en condiciones de gran debilidad dentro de su propio bloque, emergió el actual canciller Friedrich Merz, de la CDU. Por ese motivo es sumamente importante el papel que puede jugar Die Linke (literalmente, La Izquierda), que aparece como tercera fuerza en las encuestas. Eva von Angern, su candidata y jefa de bancada en Magdeburgo, anticipó que está dispuesta a negociar con su antagonista histórico, la CDU, para evitar un gobierno de la ultraderecha, pero advirtió: «Die Linke no es gratis: si las políticas de la CDU en el Land son las mismas que a nivel nacional, no habrá coalición».
Nostalgias del comunismo
Tan evidente es el fenómeno que hasta le inventaron un neologismo, Ostalgie, que quiere decir literalmente “Nostalgia del este“. Según estudios muy serios que se realizan desde hace 35 años, unos dos tercios de la población de la ex Alemania comunista sostiene que la reunificación no cumplió con las promesas que hizo. Si bien el sector más ultra que dice cosas como “con el Muro estábamos mejor“ es minoritario, el estudio de la Sächsische Längsschnittstudie encuentra que la Ostalgie no es sólo por la certeza que se tenía entonces de que nadie iba a perder el trabajo ni la casa sino por la pérdida de Gemeinschaft, del sentido de sociedad.
Quizás acá haya otra clave para quienes buscan construir opciones contra las derechas extremas: la desilusión está vinculada a la ruptura de la certeza de formar parte de un proyecto colectivo. Por eso a la AfD le resulta sencillo ampliar su electorado en ese contexto. En la nota de Der Spiegel antes citada, se cuenta que los votantes de la AfD sienten que “el mundo pertenece cada vez más a otros y cada vez menos a ellos“. Los expulsados son una fuerza global y su furia puede sembrar tempestades.
El escenario más temido tras la Segunda Guerra: Ulrich Siegmund, extremista de derecha, con estilo Milei, a quien califican como «el hombre más peligroso de Alemania», podría convertirse en jefe de Gobierno de un estado germano, Sajonia-Anhalt, donde históricamente gana la Democracia Cristiana.
El próximo domingo 6 de septiembre la democracia alemana se someterá a una prueba de fuego. Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, un extremista de derecha podría convertirse en jefe de Gobierno de un estado alemán: Ulrich Siegmund, candidato de la AfD (Alternative für Deutschland – Alternativa para Alemania) tiene, según todas las encuestas, cerca del 40% de los votos en Sajonia-Anhalt. Si logra remontar un par de puntos más en el tramo final de la campaña podría, incluso, formar gobierno propio.
Los comicios locales de Sajonia-Anhalt nunca fueron particularmente llamativos: durante el largo gobierno de Angela Merkel, el Bundesland (distrito equivalente a una provincia en Argentina), se alineó sin fisuras con la oficialista Democracia Cristiana (CDU). En términos de la aritmética electoral tampoco es gravitante: es el onceavo Bundesland sobre 16 en cantidad de habitantes. Están habilitados para votar el próximo domingo 1,8 millones de electores en un padrón nacional de unos 60 millones, es decir, su incidencia es menor al 3 por ciento. Sin embargo, la importancia cualitativa de estos comicios es enorme.
Por ese motivo en estas semanas los habitantes de Sajonia-Anhat reciben toda la atención de la prensa alemana, El influyente, tradicional y progresista Der Spiegel sacó en tapa la foto de Siegmund bajo el título «El hombre más peligroso de Alemania». La nota central es una crónica de su campaña electoral en la que se recoge una anécdota que pinta de cuerpo entero al candidato y a la política de AfD: “Es el día más caluroso del año, pero Ulrich Siegmund se niega a que nada ni nadie lo detenga, y mucho menos el sol. ‘¡Qué tiempo tan fantástico! ¡Por fin volvió el verano, por fin llegó el cambio climático!’, grita a la multitud sudorosa, que lo vitorea y silba”. La negación del cambio climático, uno de los motivos recurrentes de esta neoderecha global, siempre va de la mano de la provocación, en una mueca repetida también por Donald Trump o Javier Milei.
El tradicional Die Zeit también pone el tema excluyente en la tapa de su último número: «Mirando atentamente a Magdeburgo», dice el título, en referencia a la capital de Sajonia-Anhalt. La nota recoge, en un desesperado informe, todas las alternativas y personalidades que podrían incidir para que no se dé el dramático resultado que por el momento parece inevitable.

Ser o no ser pinza plana
La televisión no se queda atrás. Los dos canales más vistos (ARD y ZDF, los dos estatales, concentran sumados, más del 50% del encendido) les dieron su horario central de domingo a los dos líderes nacionales de la agrupación extremista. Alice Weidel y Tino Chrupalla son copresidentes de la AfD y, a la vez, voceros de su bloque parlamentario en el Bundestag (Parlamento). Un liderazgo bifronte que parece tener mucha aceptación entre su electorado.
Chrupalla es de Weißwasser, en la ex-DDR. Es pintor de casas de oficio, su perfil es más bien obrero y populista. En la entrevista con ARD del último domingo, sostuvo su cara bonachona pese a las incisivas preguntas de su entrevistador y, con sonrisa amistosa, argumentó la necesidad de armar patrullas ciudadanas para defenderse de los delincuentes a los que identifica con la inmigración. También aquí la ultraderecha se cita a si misma: la promesa de campaña de Milei de «vender armas en los kioscos» terminó en un régimen especial para uso deportivo controlado por ANMAC.
Una hora después, ZDF entrevistó a Weidel, que es economista y representa el perfil profesional burgués de la coalición. Dijo el reportero Wulf Schmiese en uno de los momentos más duros de la entrevista: «Ningún partido de extrema derecha europeo reconoce a AfD como aliado ¿Por qué están tan aislados». Weidel sabe que la asociación extrema derecha-Alemania remite directamente a nazismo y eso es piantavotos. Por eso elije uno de los trucos predilectos de la comunicación de las nuevas derechas: eludir la pregunta e insultar al adversario. «No estamos tan aislados, según nuestras encuestas. Gobernaremos. Gobernaremos en los primeros estados federales, no sólo en Sajonia-Anhalt». Y agrega: «Lo que no quiero es que me mientan más esos inútiles que prometen algo y hacen exactamente lo contrario». En rigor, el insulto que usó Weidel es Flachzange, literalmente “pinza plana“, sinónimo de inutilidad.
A diferencia de lo que suele ocurrir cuando Milei monologa junto a periodistas amigos y les dice «mandriles», «imbéciles» o «ratas inmundas» a sus adversarios, Schmiese le pidió que no faltara el respeto a los dirigentes de la oposición. E inmediatamente, los portales publicaron entrevistas y encuestas acerca de si Flachzange es un insulto o no lo es.

Arreglos palaciegos
La palabra Brandmauer se traduce a veces como «cortafuego» y otras como «muro de contención» y es un acuerdo entre los partidos políticos alemanes que postula «ninguna alianza ni trabajo conjunto con la extrema derecha». El próximo domingo es el momento de la verdad para este pacto tácito post-1945 que nace del consenso Nie wieder (Nunca Más).
El pueblo alemán no elige por voto directo al poder ejecutivo, sino a los parlamentarios (nacionales o provinciales) que designan después en acuerdo al canciller o al gobernador y a su Gabinete. Por ese motivo, Siegmund no necesita el 50% de los votos para gobernar solo, sino el 50% de los escaños del Legislativo. Las encuestas le dan hoy alrededor del 39 por ciento. En el escenario más temible, si el candidato de AfD sube en estos días hasta entre el 42 y el 44% puede sumar 49 escaños, los que necesita para formar gobierno. No es imposible. En el escenario intermedio, el más probable hasta ahora, AfD gana y logra que CDU o algún partido liberal como el alicaído FDP se abstengan en la elección parlamentaria lo que forzaría una tercera vuelta en el Bundestag que se gana por mayoría simple. El tercer escenario, el más improbable, es el de la coalición. Nadie quiere oficialmente juntarse con AfD para formar gobierno pero hay que ver qué pasa cuando las urnas hablen.
El histórico SPD, la socialdemocracia, aparece cuarto en Sachsen-Anhalt y no levanta cabeza desde el fracaso de 2024, cuando su último canciller, Olaf Scholz, perdió la moción de confianza en el Bundestag. En febrero de 2025, en las elecciones anticipadas que siguieron a esa caída, y en condiciones de gran debilidad dentro de su propio bloque, emergió el actual canciller Friedrich Merz, de la CDU. Por ese motivo es sumamente importante el papel que puede jugar Die Linke (literalmente, La Izquierda), que aparece como tercera fuerza en las encuestas. Eva von Angern, su candidata y jefa de bancada en Magdeburgo, anticipó que está dispuesta a negociar con su antagonista histórico, la CDU, para evitar un gobierno de la ultraderecha, pero advirtió: «Die Linke no es gratis: si las políticas de la CDU en el Land son las mismas que a nivel nacional, no habrá coalición».
Nostalgias del comunismo
Tan evidente es el fenómeno que hasta le inventaron un neologismo, Ostalgie, que quiere decir literalmente “Nostalgia del este“. Según estudios muy serios que se realizan desde hace 35 años, unos dos tercios de la población de la ex Alemania comunista sostiene que la reunificación no cumplió con las promesas que hizo. Si bien el sector más ultra que dice cosas como “con el Muro estábamos mejor“ es minoritario, el estudio de la Sächsische Längsschnittstudie encuentra que la Ostalgie no es sólo por la certeza que se tenía entonces de que nadie iba a perder el trabajo ni la casa sino por la pérdida de Gemeinschaft, del sentido de sociedad.
Quizás acá haya otra clave para quienes buscan construir opciones contra las derechas extremas: la desilusión está vinculada a la ruptura de la certeza de formar parte de un proyecto colectivo. Por eso a la AfD le resulta sencillo ampliar su electorado en ese contexto. En la nota de Der Spiegel antes citada, se cuenta que los votantes de la AfD sienten que “el mundo pertenece cada vez más a otros y cada vez menos a ellos“. Los expulsados son una fuerza global y su furia puede sembrar tempestades.
Mundo – Tiempo Argentino