En 1981, la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista, los demócratas cristianos y otros importantes miembros del ecosistema político dejaron de lado sus diferencias y conformaron la mítica Multipartidaria Nacional con la que buscaron presionar a la ya por entonces debilitada dictadura cívico militar para que habilite el restablecimiento de la democracia. Disuelta dos años después con la llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia, aquella experiencia de organización política marcó un precedente sin igual de la capacidad de la dirigencia de dejar de lado las mezquindades en pos de un bien común. Más de cuarenta años después, la historia se repite más como tragedia que como farsa.
Aunque en el gobierno rezan por frenar el avance del calendario electoral hasta que la economía real empiece a mostrar los resultados que, juran, vendrán en el corto plazo, el resto del arco político ya empezó a hacer de las suyas. Esta semana el peronismo, bloques federales, socialistas, exlibertarios y algunos radicales que todavía creen en las virtudes del partido centenario se unieron en una avanzada que logró juntar 133 voluntades en la Cámara de Diputados. El número no alcanzó para imponerse por sobre la tropa violeta, que sigue custodiando una importante mayoría en el recinto, pero fue suficiente para que la oposición logre convocar una sesión para tratar la prórroga por un año de la emergencia en discapacidad y el cada vez más incómodo aumento del índice de morosos a nivel nacional.
Públicamente en el oficialismo decidieron no darle entidad a la avanzada opositora, para sacarle lustre a la aprobación de la reforma de la carta orgánica del Banco Central y la secuela del régimen de Inocencia fiscal con la que más de algún amigo se beneficiará en el corto plazo.

Las espadas más experimentadas de la gestión entienden que si bien este nuevo bloque puede suponer una amenaza, dentro del Ejecutivo cuentan con una herramienta que por ahora sigue siendo superadora: el veto presidencial. Pese a que creen que esta unión no alcanzará para que la oposición logre imponer su agenda, lo cierto es que buscarán volver a conectar con aquellos sectores que podrían estar mirando con buenos ojos un nuevo salto hacia la ancha avenida del centro. En la lista de pendientes parlamentarios del oficialismo, la eliminación de las PASO tiene un lugar privilegiado.
Es aquí donde los vínculos con los gobernadores dialoguistas se vuelven claves. Pero, ¿cómo hará Diego Santilli para pedirle a Osvaldo Jaldo que no retome el contacto con San José 1111 cuando Karina Milei acaba de habilitar a Lisandro Catalán para que se lance como gobernador en Tucumán? ¿Cuántos Aportes del Tesoro podrán ofrecerle a Gustavo Sáenz para que se alinee si Emilia Orozco sigue intentando marcarle la agenda al gobernador? ¿Con qué motivación Hugo Passalaqcua negociaría los votos de su nuevo bloque mientras una parte del gobierno sigue charlando a diario con Carlos Rovira? Un misterio.

La hermana presidencial está convencida de que su metodología de apriete será efectiva para lograr una posterior discusión con las provincias en las que el gobierno esté mejor parado y pueda pedir, además de la lapicera que confecciona las listas, lugares claves en los ministerios provinciales con el fin de hacer metástasis del gen libertario desde adentro. Hasta ahora nada salió acorde al plan karinista. De hecho, cada vez son más los gobernadores que empiezan a revelarse y separar sus elecciones de la nacional, para asegurarse el bochazo en caso que la brillante estrategia libertaria no rinda los frutos que esperan la secretaria general y sus armadores riojanos.
Esta disyuntiva forma parte de las cada vez más innecesarias reuniones que la mesa política monta todas las semanas en las que fingen que toman decisiones. Mientras El Jefe y sus laderos Martín y Eduardo “Lule” Menem insisten en mantener este criterio, Patricia Bullrich, Luis Caputo, Santiago Caputo y, con mayor cautela, Diego Santilli, hacen saber la necesidad de concretar alianzas con los gobernadores para garantizar una mayor previsión política a un oficialismo adicto a la autodestrucción y, por sobre todas las cosas, una señal clara que le permita ver al círculo rojo que la presidencia de Milei no es un mero experimento sino una apuesta real de instalar una nueva cosmovisión en la política nacional. El problema es el propio presidente.
La irascibilidad incontrolable que manifiesta Javier Milei, quien desde hace semanas atraviesa un periodo de mayor aislamiento en el que se niega a abrirle las puertas de Olivos y atenderle el teléfono a nadie que se atreva a darle un consejo para salir de su laberinto autogenerado, obligó a la mesa política del oficialismo a tomar sus propias medidas para evitar que el ancla del humor presidencial los arrastre consigo hasta el fondo del mar. Esta semana, Caputo presentó un nuevo programa de créditos hipotecarios financiados con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES y habló de justicia social, el término al que el líder libertario defenestra cada vez que puede.

La intención, reconocen, es empezar a mover la economía y darle más oportunidades a una clase media cada vez más chica y más endeudada. El foco, además, está puesto particularmente en los jóvenes. Según el índice de confianza del gobierno que realiza la Universidad Torcuato Di Tella todos los meses, de junio a julio el segmento de votantes de entre 18 y 29 años redujo 23% el nivel de aprobación de la gestión libertaria, siendo éste rango etario el que menor confianza expresa respecto a los demás segmentos. Las alarmas sonaron fuerte en Casa Rosada y por eso el presidente decidió darle un discurso a alumnos de 4° y 5° año de la escuela ORT esta semana. Aunque no fue el único con la misma idea.
Patricia Bullrich visitó este viernes la coqueta escuela Saint Jean de la Ciudad de Buenos Aires, mientras el Colo, Karina y Pilar Ramírez se fotografiaban en el Barrio Chino con comerciantes. La jugada de la senadora lleva su marca registrada. Mientras los padres y miembros de la comunidad de la escuela judía multiplicaban sus quejas por el discurso con tintes adoctrinadores del jefe de Estado, la exministra de Seguridad se despegó de los métodos y las formas. “Nuestro trabajo es darles herramientas, pero también dejarlos ser libres en sus elecciones y en el camino que quieran elegir”, tuiteó. Cada vez que tiene oportunidad, Javier Milei remarca que su reelección dependerá sólo de él mismo, su capacidad de superarse y la óptima ejecución de sus políticas económicas. De no ocurrir, dice sin hiperventilar, volverá a casa con sus perros y se dedicará a dar conferencias multimillonarias por el mundo. Lo que el jefe de Estado pareciera todavía no entender es que ninguno de sus laderos está dispuesto a pasar al ostracismo. Y aunque no se lo digan de frente, harán lo que esté a su alcance para evitarlo. «
El presidente no quiere correrse de sus dogmas y Karina juega con candidatos a gobernadores en provincias «amigas». La «multisectorial» de los 133 diputados como respuesta.
En 1981, la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista, los demócratas cristianos y otros importantes miembros del ecosistema político dejaron de lado sus diferencias y conformaron la mítica Multipartidaria Nacional con la que buscaron presionar a la ya por entonces debilitada dictadura cívico militar para que habilite el restablecimiento de la democracia. Disuelta dos años después con la llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia, aquella experiencia de organización política marcó un precedente sin igual de la capacidad de la dirigencia de dejar de lado las mezquindades en pos de un bien común. Más de cuarenta años después, la historia se repite más como tragedia que como farsa.
Aunque en el gobierno rezan por frenar el avance del calendario electoral hasta que la economía real empiece a mostrar los resultados que, juran, vendrán en el corto plazo, el resto del arco político ya empezó a hacer de las suyas. Esta semana el peronismo, bloques federales, socialistas, exlibertarios y algunos radicales que todavía creen en las virtudes del partido centenario se unieron en una avanzada que logró juntar 133 voluntades en la Cámara de Diputados. El número no alcanzó para imponerse por sobre la tropa violeta, que sigue custodiando una importante mayoría en el recinto, pero fue suficiente para que la oposición logre convocar una sesión para tratar la prórroga por un año de la emergencia en discapacidad y el cada vez más incómodo aumento del índice de morosos a nivel nacional.
Públicamente en el oficialismo decidieron no darle entidad a la avanzada opositora, para sacarle lustre a la aprobación de la reforma de la carta orgánica del Banco Central y la secuela del régimen de Inocencia fiscal con la que más de algún amigo se beneficiará en el corto plazo.

Foto: Archivo Presidencia
Las espadas más experimentadas de la gestión entienden que si bien este nuevo bloque puede suponer una amenaza, dentro del Ejecutivo cuentan con una herramienta que por ahora sigue siendo superadora: el veto presidencial. Pese a que creen que esta unión no alcanzará para que la oposición logre imponer su agenda, lo cierto es que buscarán volver a conectar con aquellos sectores que podrían estar mirando con buenos ojos un nuevo salto hacia la ancha avenida del centro. En la lista de pendientes parlamentarios del oficialismo, la eliminación de las PASO tiene un lugar privilegiado.
Es aquí donde los vínculos con los gobernadores dialoguistas se vuelven claves. Pero, ¿cómo hará Diego Santilli para pedirle a Osvaldo Jaldo que no retome el contacto con San José 1111 cuando Karina Milei acaba de habilitar a Lisandro Catalán para que se lance como gobernador en Tucumán? ¿Cuántos Aportes del Tesoro podrán ofrecerle a Gustavo Sáenz para que se alinee si Emilia Orozco sigue intentando marcarle la agenda al gobernador? ¿Con qué motivación Hugo Passalaqcua negociaría los votos de su nuevo bloque mientras una parte del gobierno sigue charlando a diario con Carlos Rovira? Un misterio.

Foto: Antonio Becerra
La hermana presidencial está convencida de que su metodología de apriete será efectiva para lograr una posterior discusión con las provincias en las que el gobierno esté mejor parado y pueda pedir, además de la lapicera que confecciona las listas, lugares claves en los ministerios provinciales con el fin de hacer metástasis del gen libertario desde adentro. Hasta ahora nada salió acorde al plan karinista. De hecho, cada vez son más los gobernadores que empiezan a revelarse y separar sus elecciones de la nacional, para asegurarse el bochazo en caso que la brillante estrategia libertaria no rinda los frutos que esperan la secretaria general y sus armadores riojanos.
Esta disyuntiva forma parte de las cada vez más innecesarias reuniones que la mesa política monta todas las semanas en las que fingen que toman decisiones. Mientras El Jefe y sus laderos Martín y Eduardo “Lule” Menem insisten en mantener este criterio, Patricia Bullrich, Luis Caputo, Santiago Caputo y, con mayor cautela, Diego Santilli, hacen saber la necesidad de concretar alianzas con los gobernadores para garantizar una mayor previsión política a un oficialismo adicto a la autodestrucción y, por sobre todas las cosas, una señal clara que le permita ver al círculo rojo que la presidencia de Milei no es un mero experimento sino una apuesta real de instalar una nueva cosmovisión en la política nacional. El problema es el propio presidente.
La irascibilidad incontrolable que manifiesta Javier Milei, quien desde hace semanas atraviesa un periodo de mayor aislamiento en el que se niega a abrirle las puertas de Olivos y atenderle el teléfono a nadie que se atreva a darle un consejo para salir de su laberinto autogenerado, obligó a la mesa política del oficialismo a tomar sus propias medidas para evitar que el ancla del humor presidencial los arrastre consigo hasta el fondo del mar. Esta semana, Caputo presentó un nuevo programa de créditos hipotecarios financiados con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES y habló de justicia social, el término al que el líder libertario defenestra cada vez que puede.

Foto: Antonio Becerra
La intención, reconocen, es empezar a mover la economía y darle más oportunidades a una clase media cada vez más chica y más endeudada. El foco, además, está puesto particularmente en los jóvenes. Según el índice de confianza del gobierno que realiza la Universidad Torcuato Di Tella todos los meses, de junio a julio el segmento de votantes de entre 18 y 29 años redujo 23% el nivel de aprobación de la gestión libertaria, siendo éste rango etario el que menor confianza expresa respecto a los demás segmentos. Las alarmas sonaron fuerte en Casa Rosada y por eso el presidente decidió darle un discurso a alumnos de 4° y 5° año de la escuela ORT esta semana. Aunque no fue el único con la misma idea.
Patricia Bullrich visitó este viernes la coqueta escuela Saint Jean de la Ciudad de Buenos Aires, mientras el Colo, Karina y Pilar Ramírez se fotografiaban en el Barrio Chino con comerciantes. La jugada de la senadora lleva su marca registrada. Mientras los padres y miembros de la comunidad de la escuela judía multiplicaban sus quejas por el discurso con tintes adoctrinadores del jefe de Estado, la exministra de Seguridad se despegó de los métodos y las formas. “Nuestro trabajo es darles herramientas, pero también dejarlos ser libres en sus elecciones y en el camino que quieran elegir”, tuiteó. Cada vez que tiene oportunidad, Javier Milei remarca que su reelección dependerá sólo de él mismo, su capacidad de superarse y la óptima ejecución de sus políticas económicas. De no ocurrir, dice sin hiperventilar, volverá a casa con sus perros y se dedicará a dar conferencias multimillonarias por el mundo. Lo que el jefe de Estado pareciera todavía no entender es que ninguno de sus laderos está dispuesto a pasar al ostracismo. Y aunque no se lo digan de frente, harán lo que esté a su alcance para evitarlo. «
Política – Tiempo Argentino