El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta

Hay combustibles que encienden una pradera seca. Otros prenden un bosque de pinos. Pero también existen combustibles emocionales. Son situaciones que se repiten y se vuelven inflamables para el estado de ánimo. Y en esa repetición se generalizan hasta que detonan lo que se venía incubando: un clima social que se instala y se vuelve difícil de revertir. Esta descripción viene a cuento de la actualidad del país: analistas de opinión pública, cronistas de ojo agudo y personalidades de la cultura advierten una profundización de un sentimiento de rechazo total al gobierno. Es una suerte de «antimileísmo social» que se une por el espanto, pero que no tiene una traducción política lineal, mucho menos partidaria. Esa corriente de malhumor tiene múltiples nombres, como “hartazgo”, “enojo”, “demanda de cambio”, “desilusión” y también “cuestionamiento a la dirigencia”..

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Foto: Damián Dopacio / NA

Este inventario de palabras resume los conceptos que eligieron el encuestador Hugo Haime, la socióloga María Pía López, el escritor Pablo Avelluto y la actriz Valentina Bassi -referencia pública en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad- para describir lo que ven en el país, desde el metro cuadrado que los rodea hasta el contexto más general. ¿Se está gestando un proceso que empieza a convertir el malhumor y hasta la angustia por la mera posibilidad de que Javier Milei continúe como presidente más allá de 2027 en una nueva articulación política? ¿Existe conexión entre las demandas de los argentinos que no quieren a Milei con las iniciativas institucionales de la dirigencia opositora? ¿O lo que predomina, más bien, es la distancia entre el palacio y la calle?

Tres escenas de la última semana condensaron las encrucijadas que observan franjas mayoritarias de la sociedad (aquellas que, incluso con matices, quieren un cambio del modelo económico). El jueves, el primer mandatario dio una conferencia sobre “Ética como política de Estado” en el colegio ORT del barrio porteño de Almagro. Allí, ante un auditorio poblado de adolescentes, habló de Karl Marx como un representante del satanismo y exhortó a los alumnos a abuchear a los periodistas que critican su gestión. La segunda escena ocurrió el miércoles, en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso. La captaron las cámaras que transmitían en vivo: fue el anuncio de bloques diversos, que supieron estar enfrentados, de que habían convocado a una sesión especial para el 9 de septiembre.

La voluntad de la oposición parlamentaria es que ese día se discutan proyectos para mitigar el sobreendeudamiento de las familias y se apruebe la prórroga de la ley de emergencia en discapacidad. En la cobertura de los medios se pudo ver, agrupados como equipo de fútbol, a legisladores del peronismo, del Frente de Izquierda, Provincias Unidas, Encuentro Federal, Coherencia, Defendamos Córdoba y Coalición Cívica. Algunos de ellos fueron desfilando para quedar frente al micrófono y exponer en primer plano: Germán Martínez (UxP), Myriam Bregman (FIT), Marcela Pagano (Coherencia) y Natalia de la Sota (Defendamos Córdoba).

La tercera postal que completó el panorama también provino del Congreso, pero en este caso del hemiciclo más señorial del Senado. El jueves, en una sesión que disparó interrogantes y reproches en las redes, los senadores -con el voto del peronismo menos el rionegrino Martín Soria- aprobaron 67 pliegos de magistrados. Entre los avalados estaban dos jueces que en su momento fueron muy discutidos por el kirchnerismo: Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola, uno de los participantes del controvertido viaje a Lago Escondido. Se los designó en la sala I de la Cámara Federal porteña, que intervendrá en la causa $Libra.

Por lo que representan, por las contradicciones que exponen, los tres momentos de la semana resumen un presente contradictorio. Esas tres postales, además, están en línea con los estudios que miden opiniones y humores sociales. Consultor político y encuestador, Haime contó que sus últimos sondeos muestran que en la Argentina de finales de agosto existe “una demanda de cambio de modelo económico del 65% de la población”. Un número que, huelga decirlo, supone un porcentaje por demás contundente: casi un ‘techo’ social a Milei. Sin embargo, Haime planteó que esa mayoría, que ansía un giro, “no piensa igual”. En ese 65%, precisó, “hay un sector que te rescata la estabilidad económica y otro que no tanto, no en la misma proporción”. “Eso sí, la demanda común de todos es empleo, salario y poder adquisitivo”, completó. 

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Hugo Haime.

A partir de sus estudios, Haime remarcó que el gobierno mileísta “está en crisis” pero aún no derrotado. “En términos de la opinión pública está en crisis y en declive. Pero no creo que esté terminado”, sostuvo en diálogo con Tiempo. En su análisis de la pendiente libertaria mencionó un factor que parece haber desaparecido de la conversación pública. También de la agenda mediática, pero no tanto de la memoria de los argentinos. Al referirse a los focus group, contó que “aparece una gran crítica en términos de corrupción, básicamente disparada por el tema Adorni”. “Para el gobierno fue como la fiestita de Alberto (por el cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos)”, resumió.

Haime planteó que el arco opositor tendrá un gran desafío para moldear una mayoría electoral cuando quiera darle un cauce a ese «antimileísmo social», intuitivo, heterogéneo y con contradicciones. Según sus datos, el electorado opositor nítido que está totalmente en contra del modelo económico suma “un 42%”. “Pero con ese número no ganás una elección. Después hay un 22 o 23% que rescata algunos aspectos de la estabilidad pero que al mismo tiempo piensa que el Estado tiene que intervenir un poquito”, describió. Y sobre la campaña que se viene agregó: “La oposición parte de 40 puntos pero para llegar a 50% tendrá que captar al otro sector”.

Otro de los registros de Haime apunta a que en la sociedad argentina se percibe un malestar con toda la dirigencia, algo así como un descontento ‘flotante’ y que se deja ver solo en ciertas circunstancias. Es una distancia hacia toda la cúpula dirigencial, que involucra a Milei y a su gobierno pero que lo trasciende y que incluso va más allá de los partidos. “En la Argentina hay un proceso de desilusión y un cuestionamiento a la dirigencia política. Hoy entre los argentinos se superponen dos emociones: enojo y desilusión. También hay una fuerte crítica al empresariado”, aseguró el consultor. Es una percepción dual: decadencia de la narrativa mileísta y falta de confianza en las elites.

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
María Pía López.

Esta evaluación parece coincidir con lo que plantean otras voces, provenientes del periodismo, el teatro y la universidad. Autora de numerosos libros, entre ellos el reciente Desandar los días. Correspondencias y conjuros, María Pía López definió al presente como un tiempo atravesado por “una creciente conflictividad social que de momento no tiene traducción política”.  “Aunque eso no significa que ese malestar no tenga efectos sobre el Parlamento porque de hecho los tiene”, afirmó. Y recordó el clima de participación que acompañó e incidió en el debate por la extranjerización de la tierra. “La última movilización fue importante y, respecto a las anteriores, tuvo una nueva característica: el hecho de tener formas de autodefensa callejera sostenidas durante varias horas”, marcó.

En cuanto a la tarea de los legisladores, López valoró la convocatoria a la sesión especial del 9 de septiembre. “La reunión de 133 diputados para impulsar la renovación de emergencia en discapacidad y un programa de alivio de las deudas es fundamental. Toca cuestiones claves para la sensibilidad colectiva. De todos modos, yo creo que tiene que haber un esfuerzo argumentativo, de clarificación e insistencia, para explicar que esos problemas no son individuales. Que son problemas sociales y hay que tratarlos de un modo social”, exhortó. Y concluyó con una propuesta: “El articulador de un frente social y político contra el gobierno no debe ser decir ‘tenés razón en lo del superávit fiscal y vamos a continuarlo haciéndolo mejor’. Ese fue el esquema de la Alianza frente al menemismo. Más bien tenemos que ir por el lado del déficit social: estamos exigidos a construir otro superávit, el superávit del lazo de comunidad», aseveró.

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Valentina Bassi.

Actriz, agitadora teatral y activista por los derechos de las personas con neurodivergencia (se recomienda el documental Presente continuo), Valentina Bassi eligió un lenguaje directo para pintar su panorama: un fresco político y social. “La gente está muy deprimida y muy sola. Está la necesidad de juntarse pero todavía no se arma. Aún no cayó esa gota que rebalsó el vaso, quizá lo sea esto de las deudas (por los proyectos de alivio a la morosidad, NdR). Yo, la verdad, lo que siento es una gran soledad. Los que estamos sufriendo las consecuencias de un gobierno de ultraderecha nos sentimos solos. También porque la oposición que le puede disputar el gobierno a Milei está peleándose por pavadas que no las entiendo ni me interesan”, confió a este diario.

Sobre la emergencia en discapacidad, Bassi transmitió su “expectativa”, aunque agregó: “Siempre con cautela con este nuevo Congreso”. “Sería un gran alivio tratar la renovación de la emergencia en discapacidad el 9 (de septiembre) y lo de las deudas es un tema muy importante. Igual, en el caso de discapacidad, está bueno si se renueva pero hay que aclarar que, si eso no sucede, igual el gobierno va tener que seguir cumpliendo la ley”, remarcó.

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Pablo Avelluto.

Escritor, periodista y editor (se enorgullece de haber participado en la publicación del libro sobre Néstor Kirchner La audacia y el cálculo, de la intelectual Beatriz Sarlo, ya fallecida), Pablo Avelluto formó parte del PRO. Ahora es un exmacrista que se identifica como “liberal demócratico” y que desea ser testigo de una nueva mayoría que deje atrás a Milei, pero también a lo anterior. “El hartazgo con Milei todavía no se conecta con la confluencia puntual y táctica de los representantes políticos”, advirtió, sobre los últimos pasos de los diputados opositores. Y añadió: “La construcción de lo que viene después de Milei requiere de acuerdos tan importantes como el de estar contra Milei. Arranco por uno incómodo: ¿la estabilidad macroeconómica y la caída de la inflación son méritos que se los vamos a dejar a Milei para toda la eternidad? ¿O creemos que eso está bien, más allá de que esté mal el modo en el que fue llevado a cabo?”, se preguntó.

En materia económica, su propuesta es que la confluencia de un eventual frente anti-Milei llegue a “un acuerdo primordial” que sería, en su opinión, “adueñarse de la valoración de la estabilidad”. “La estabilidad es un requisito básico para que la economía funcione, sea en la economía más progre o en la más ultraliberal-libertaria del planeta”, sentenció.

 Tres postales de esta semana muestran un escenario político contradictorio. Una de ellas fue la de un diverso abanico de fuerzas opositoras acordando un plan de acción. Encuestadores, sociólogos y referentes de la cultura analizan los rasgos de un antimileísmo social creciente que empuja a la politica.  

Hay combustibles que encienden una pradera seca. Otros prenden un bosque de pinos. Pero también existen combustibles emocionales. Son situaciones que se repiten y se vuelven inflamables para el estado de ánimo. Y en esa repetición se generalizan hasta que detonan lo que se venía incubando: un clima social que se instala y se vuelve difícil de revertir. Esta descripción viene a cuento de la actualidad del país: analistas de opinión pública, cronistas de ojo agudo y personalidades de la cultura advierten una profundización de un sentimiento de rechazo total al gobierno. Es una suerte de «antimileísmo social» que se une por el espanto, pero que no tiene una traducción política lineal, mucho menos partidaria. Esa corriente de malhumor tiene múltiples nombres, como “hartazgo”, “enojo”, “demanda de cambio”, “desilusión” y también “cuestionamiento a la dirigencia”..

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta

Foto: Damián Dopacio / NA

Este inventario de palabras resume los conceptos que eligieron el encuestador Hugo Haime, la socióloga María Pía López, el escritor Pablo Avelluto y la actriz Valentina Bassi -referencia pública en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad- para describir lo que ven en el país, desde el metro cuadrado que los rodea hasta el contexto más general. ¿Se está gestando un proceso que empieza a convertir el malhumor y hasta la angustia por la mera posibilidad de que Javier Milei continúe como presidente más allá de 2027 en una nueva articulación política? ¿Existe conexión entre las demandas de los argentinos que no quieren a Milei con las iniciativas institucionales de la dirigencia opositora? ¿O lo que predomina, más bien, es la distancia entre el palacio y la calle?

Tres escenas de la última semana condensaron las encrucijadas que observan franjas mayoritarias de la sociedad (aquellas que, incluso con matices, quieren un cambio del modelo económico). El jueves, el primer mandatario dio una conferencia sobre “Ética como política de Estado” en el colegio ORT del barrio porteño de Almagro. Allí, ante un auditorio poblado de adolescentes, habló de Karl Marx como un representante del satanismo y exhortó a los alumnos a abuchear a los periodistas que critican su gestión. La segunda escena ocurrió el miércoles, en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso. La captaron las cámaras que transmitían en vivo: fue el anuncio de bloques diversos, que supieron estar enfrentados, de que habían convocado a una sesión especial para el 9 de septiembre.

La voluntad de la oposición parlamentaria es que ese día se discutan proyectos para mitigar el sobreendeudamiento de las familias y se apruebe la prórroga de la ley de emergencia en discapacidad. En la cobertura de los medios se pudo ver, agrupados como equipo de fútbol, a legisladores del peronismo, del Frente de Izquierda, Provincias Unidas, Encuentro Federal, Coherencia, Defendamos Córdoba y Coalición Cívica. Algunos de ellos fueron desfilando para quedar frente al micrófono y exponer en primer plano: Germán Martínez (UxP), Myriam Bregman (FIT), Marcela Pagano (Coherencia) y Natalia de la Sota (Defendamos Córdoba).

La tercera postal que completó el panorama también provino del Congreso, pero en este caso del hemiciclo más señorial del Senado. El jueves, en una sesión que disparó interrogantes y reproches en las redes, los senadores -con el voto del peronismo menos el rionegrino Martín Soria- aprobaron 67 pliegos de magistrados. Entre los avalados estaban dos jueces que en su momento fueron muy discutidos por el kirchnerismo: Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola, uno de los participantes del controvertido viaje a Lago Escondido. Se los designó en la sala I de la Cámara Federal porteña, que intervendrá en la causa $Libra.

Por lo que representan, por las contradicciones que exponen, los tres momentos de la semana resumen un presente contradictorio. Esas tres postales, además, están en línea con los estudios que miden opiniones y humores sociales. Consultor político y encuestador, Haime contó que sus últimos sondeos muestran que en la Argentina de finales de agosto existe “una demanda de cambio de modelo económico del 65% de la población”. Un número que, huelga decirlo, supone un porcentaje por demás contundente: casi un ‘techo’ social a Milei. Sin embargo, Haime planteó que esa mayoría, que ansía un giro, “no piensa igual”. En ese 65%, precisó, “hay un sector que te rescata la estabilidad económica y otro que no tanto, no en la misma proporción”. “Eso sí, la demanda común de todos es empleo, salario y poder adquisitivo”, completó. 

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Hugo Haime.

A partir de sus estudios, Haime remarcó que el gobierno mileísta “está en crisis” pero aún no derrotado. “En términos de la opinión pública está en crisis y en declive. Pero no creo que esté terminado”, sostuvo en diálogo con Tiempo. En su análisis de la pendiente libertaria mencionó un factor que parece haber desaparecido de la conversación pública. También de la agenda mediática, pero no tanto de la memoria de los argentinos. Al referirse a los focus group, contó que “aparece una gran crítica en términos de corrupción, básicamente disparada por el tema Adorni”. “Para el gobierno fue como la fiestita de Alberto (por el cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos)”, resumió.

Haime planteó que el arco opositor tendrá un gran desafío para moldear una mayoría electoral cuando quiera darle un cauce a ese «antimileísmo social», intuitivo, heterogéneo y con contradicciones. Según sus datos, el electorado opositor nítido que está totalmente en contra del modelo económico suma “un 42%”. “Pero con ese número no ganás una elección. Después hay un 22 o 23% que rescata algunos aspectos de la estabilidad pero que al mismo tiempo piensa que el Estado tiene que intervenir un poquito”, describió. Y sobre la campaña que se viene agregó: “La oposición parte de 40 puntos pero para llegar a 50% tendrá que captar al otro sector”.

Otro de los registros de Haime apunta a que en la sociedad argentina se percibe un malestar con toda la dirigencia, algo así como un descontento ‘flotante’ y que se deja ver solo en ciertas circunstancias. Es una distancia hacia toda la cúpula dirigencial, que involucra a Milei y a su gobierno pero que lo trasciende y que incluso va más allá de los partidos. “En la Argentina hay un proceso de desilusión y un cuestionamiento a la dirigencia política. Hoy entre los argentinos se superponen dos emociones: enojo y desilusión. También hay una fuerte crítica al empresariado”, aseguró el consultor. Es una percepción dual: decadencia de la narrativa mileísta y falta de confianza en las elites.

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
María Pía López.

Esta evaluación parece coincidir con lo que plantean otras voces, provenientes del periodismo, el teatro y la universidad. Autora de numerosos libros, entre ellos el reciente Desandar los días. Correspondencias y conjuros, María Pía López definió al presente como un tiempo atravesado por “una creciente conflictividad social que de momento no tiene traducción política”.  “Aunque eso no significa que ese malestar no tenga efectos sobre el Parlamento porque de hecho los tiene”, afirmó. Y recordó el clima de participación que acompañó e incidió en el debate por la extranjerización de la tierra. “La última movilización fue importante y, respecto a las anteriores, tuvo una nueva característica: el hecho de tener formas de autodefensa callejera sostenidas durante varias horas”, marcó.

En cuanto a la tarea de los legisladores, López valoró la convocatoria a la sesión especial del 9 de septiembre. “La reunión de 133 diputados para impulsar la renovación de emergencia en discapacidad y un programa de alivio de las deudas es fundamental. Toca cuestiones claves para la sensibilidad colectiva. De todos modos, yo creo que tiene que haber un esfuerzo argumentativo, de clarificación e insistencia, para explicar que esos problemas no son individuales. Que son problemas sociales y hay que tratarlos de un modo social”, exhortó. Y concluyó con una propuesta: “El articulador de un frente social y político contra el gobierno no debe ser decir ‘tenés razón en lo del superávit fiscal y vamos a continuarlo haciéndolo mejor’. Ese fue el esquema de la Alianza frente al menemismo. Más bien tenemos que ir por el lado del déficit social: estamos exigidos a construir otro superávit, el superávit del lazo de comunidad», aseveró.

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Valentina Bassi.

Actriz, agitadora teatral y activista por los derechos de las personas con neurodivergencia (se recomienda el documental Presente continuo), Valentina Bassi eligió un lenguaje directo para pintar su panorama: un fresco político y social. “La gente está muy deprimida y muy sola. Está la necesidad de juntarse pero todavía no se arma. Aún no cayó esa gota que rebalsó el vaso, quizá lo sea esto de las deudas (por los proyectos de alivio a la morosidad, NdR). Yo, la verdad, lo que siento es una gran soledad. Los que estamos sufriendo las consecuencias de un gobierno de ultraderecha nos sentimos solos. También porque la oposición que le puede disputar el gobierno a Milei está peleándose por pavadas que no las entiendo ni me interesan”, confió a este diario.

Sobre la emergencia en discapacidad, Bassi transmitió su “expectativa”, aunque agregó: “Siempre con cautela con este nuevo Congreso”. “Sería un gran alivio tratar la renovación de la emergencia en discapacidad el 9 (de septiembre) y lo de las deudas es un tema muy importante. Igual, en el caso de discapacidad, está bueno si se renueva pero hay que aclarar que, si eso no sucede, igual el gobierno va tener que seguir cumpliendo la ley”, remarcó.

El hilo conductor que enlaza al incipiente armado antimileísta
Pablo Avelluto.

Escritor, periodista y editor (se enorgullece de haber participado en la publicación del libro sobre Néstor Kirchner La audacia y el cálculo, de la intelectual Beatriz Sarlo, ya fallecida), Pablo Avelluto formó parte del PRO. Ahora es un exmacrista que se identifica como “liberal demócratico” y que desea ser testigo de una nueva mayoría que deje atrás a Milei, pero también a lo anterior. “El hartazgo con Milei todavía no se conecta con la confluencia puntual y táctica de los representantes políticos”, advirtió, sobre los últimos pasos de los diputados opositores. Y añadió: “La construcción de lo que viene después de Milei requiere de acuerdos tan importantes como el de estar contra Milei. Arranco por uno incómodo: ¿la estabilidad macroeconómica y la caída de la inflación son méritos que se los vamos a dejar a Milei para toda la eternidad? ¿O creemos que eso está bien, más allá de que esté mal el modo en el que fue llevado a cabo?”, se preguntó.

En materia económica, su propuesta es que la confluencia de un eventual frente anti-Milei llegue a “un acuerdo primordial” que sería, en su opinión, “adueñarse de la valoración de la estabilidad”. “La estabilidad es un requisito básico para que la economía funcione, sea en la economía más progre o en la más ultraliberal-libertaria del planeta”, sentenció.

 Política – Tiempo Argentino

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