Postrimerías de la dictadura. 1982. Ya habían consumado buena parte de sus atrocidades, bañadas de sangre y tortura. Ya habían mandado al cadalso a los pibes de Malvinas; volvieron a derrumbar, exprofeso, a la industria nacional, al Estado, las libertades individuales, la organización popular. Y tomado deuda suficiente. José Alfredo Martínez de Hoz, ideólogo económico de la calamidad, había dejado sus tentáculos. Pero el ejecutor de la nueva vileza fue quien un año antes había llorado en cámara, acting atroz, insidia redomada, ante la interpelación de la jubilada Norma Plá: un tal Domingo Felipe Cavallo.
Había sido nombrado en el Banco Central por el dictador Reynaldo Bignone. Paso fugaz para prender el fuego. La circular A-251 del 17/11/82 formalizó el saqueo. La firmó otro sicario, Julio González del Solar. Objetivo central: que el Estado absorbiese pasivos de empresas privadas, unos U$S 15.000 millones (según otras cuentas 23.000, más de la mitad de la deuda externa, U$S 45.100 millones). En Argentina vivían 32,55 millones de personas. Los días posteriores a la “plata dulce”, los Falcon de tres colores seguían manchando las calles y los desaparecidos ya eran 30 mil –como ayer, como hoy, como siempre-. Más de 70 empresas licuaron sus deudas: Socma, Sideco Americana, Pluspetrol, Iecsa, Manliba y Sevel -incluida Fiat- (entero el Grupo Socma, liderado por Franco Macri) y también Acindar (Martínez de Hoz), Naviera (Pérez Companc), Loma Negra (Fortabat), Techint, IBM, y los bancos Río, Francés, Citibank y Supervielle, entre otros. Los dueños de la Argentina enajenando deudas a sus lacayos. Transferencia de activos. Reasignación de recursos. Redistribución de las riquezas: aquélla vez y hoy, desde abajo hacia arriba. Otro atraco al pueblo. Uno más.
Deudas. La interna (dato duro del ministerio de Economía, impensable fuente kuka), desde 1955 a hoy, sólo se redujo entre 2003 (U$S 178.821 millones) y 2020 (U$S 92.100 millones). Las fechas relevan todo comentario. El poder real aprendió la lección “populista”: los lustros posteriores dan cuanta palpable de esta historia de deudas, delincuentes, mequetrefes y patrones.
No es Cavallo sino Toto. No es Franco sino Mauricio. Los gerentes ejecutan y manejan a los títeres de la Rosada. Lavados, blanqueos, fugas, préstamos externos, dolarizaciones, bonos (digresión: el Bopreal llevó el patético nombre de «Reconstrucción de la Argentina libre», otro signo de la derrota popular en la batalla cultural), atracos institucionalizados mientras la Justicia siempre se hace la fesa. Y hablando de conchabanza, el FMI.
Desde 1824 con el primer empréstito de la Baring Brothers, saldado en 1903, la deuda externa se multiplicó en cada desembarco neoliberal: la dictadura lo dejó en U$S 45.000 millones. Si entre Alfonsín-Memem la duplicaron, el real latrocinio se dio en el macrismo y se da en el mileísmo: hoy es de U$S 321.782 millones.La real “deuda entre privados”.
No la de quienes no tienen para comer y echaron mano a lo que pudieron. Tampoco la de los pocos que se endeudaron comprando teles: los más canosos recordarán la discriminación en viejas épocas a los habitantes de villas que exhibían antenas sobre techos de ladrillos. Hoy hay más de 20 millones de endeudados en una población de 43,4 millones. La proporción de morosos se triplicó en dos años, con un promedio de $ 643.000: dos veces y media el salario mínimo o la jubilación básica. Mientras, brutal tomada de pelo, sacan una línea de créditos inmobiliarios para robarse la bolsa del Anses, con la excusa de hacer «justicia social». No se puede ser más sátrapa.
Son ellos los que ponen la pistola en la cabeza. Qué saben de no poder llevar un plato digno a la mesa. De la desesperación de no poder comprar los remedios o no tener ni para el bondi. Qué saben de que te corten la luz o, peor, tener que dormir en una vereda. De la angustia, el temor, el desánimo, el pesimismo que a algunos, cada vez a más, lleva al suicidio. No, no hubo ni hay errores, no hubo ni hay excesos. Es un plan minuciosamente planificado. Se aprovechan de varios desquiciados, de tanto inescrupuloso y de mucho traidor suelto. De una oposición que, salvo excepciones, con una exasperante lentitud, deja de estar atónita o de mirarse el ombligo, mientras el modelo de país se consolida.
Es la verdadera deuda. La deuda con el pueblo. Que crece con intereses usurarios. «
Una genealogía de la deuda argentina como mecanismo de despojo y transferencia del pueblo hacia el poder real.
Postrimerías de la dictadura. 1982. Ya habían consumado buena parte de sus atrocidades, bañadas de sangre y tortura. Ya habían mandado al cadalso a los pibes de Malvinas; volvieron a derrumbar, exprofeso, a la industria nacional, al Estado, las libertades individuales, la organización popular. Y tomado deuda suficiente. José Alfredo Martínez de Hoz, ideólogo económico de la calamidad, había dejado sus tentáculos. Pero el ejecutor de la nueva vileza fue quien un año antes había llorado en cámara, acting atroz, insidia redomada, ante la interpelación de la jubilada Norma Plá: un tal Domingo Felipe Cavallo.
Había sido nombrado en el Banco Central por el dictador Reynaldo Bignone. Paso fugaz para prender el fuego. La circular A-251 del 17/11/82 formalizó el saqueo. La firmó otro sicario, Julio González del Solar. Objetivo central: que el Estado absorbiese pasivos de empresas privadas, unos U$S 15.000 millones (según otras cuentas 23.000, más de la mitad de la deuda externa, U$S 45.100 millones). En Argentina vivían 32,55 millones de personas. Los días posteriores a la “plata dulce”, los Falcon de tres colores seguían manchando las calles y los desaparecidos ya eran 30 mil –como ayer, como hoy, como siempre-. Más de 70 empresas licuaron sus deudas: Socma, Sideco Americana, Pluspetrol, Iecsa, Manliba y Sevel -incluida Fiat- (entero el Grupo Socma, liderado por Franco Macri) y también Acindar (Martínez de Hoz), Naviera (Pérez Companc), Loma Negra (Fortabat), Techint, IBM, y los bancos Río, Francés, Citibank y Supervielle, entre otros. Los dueños de la Argentina enajenando deudas a sus lacayos. Transferencia de activos. Reasignación de recursos. Redistribución de las riquezas: aquélla vez y hoy, desde abajo hacia arriba. Otro atraco al pueblo. Uno más.
Deudas. La interna (dato duro del ministerio de Economía, impensable fuente kuka), desde 1955 a hoy, sólo se redujo entre 2003 (U$S 178.821 millones) y 2020 (U$S 92.100 millones). Las fechas relevan todo comentario. El poder real aprendió la lección “populista”: los lustros posteriores dan cuanta palpable de esta historia de deudas, delincuentes, mequetrefes y patrones.
No es Cavallo sino Toto. No es Franco sino Mauricio. Los gerentes ejecutan y manejan a los títeres de la Rosada. Lavados, blanqueos, fugas, préstamos externos, dolarizaciones, bonos (digresión: el Bopreal llevó el patético nombre de «Reconstrucción de la Argentina libre», otro signo de la derrota popular en la batalla cultural), atracos institucionalizados mientras la Justicia siempre se hace la fesa. Y hablando de conchabanza, el FMI.
Desde 1824 con el primer empréstito de la Baring Brothers, saldado en 1903, la deuda externa se multiplicó en cada desembarco neoliberal: la dictadura lo dejó en U$S 45.000 millones. Si entre Alfonsín-Memem la duplicaron, el real latrocinio se dio en el macrismo y se da en el mileísmo: hoy es de U$S 321.782 millones.La real “deuda entre privados”.
No la de quienes no tienen para comer y echaron mano a lo que pudieron. Tampoco la de los pocos que se endeudaron comprando teles: los más canosos recordarán la discriminación en viejas épocas a los habitantes de villas que exhibían antenas sobre techos de ladrillos. Hoy hay más de 20 millones de endeudados en una población de 43,4 millones. La proporción de morosos se triplicó en dos años, con un promedio de $ 643.000: dos veces y media el salario mínimo o la jubilación básica. Mientras, brutal tomada de pelo, sacan una línea de créditos inmobiliarios para robarse la bolsa del Anses, con la excusa de hacer «justicia social». No se puede ser más sátrapa.
Son ellos los que ponen la pistola en la cabeza. Qué saben de no poder llevar un plato digno a la mesa. De la desesperación de no poder comprar los remedios o no tener ni para el bondi. Qué saben de que te corten la luz o, peor, tener que dormir en una vereda. De la angustia, el temor, el desánimo, el pesimismo que a algunos, cada vez a más, lleva al suicidio. No, no hubo ni hay errores, no hubo ni hay excesos. Es un plan minuciosamente planificado. Se aprovechan de varios desquiciados, de tanto inescrupuloso y de mucho traidor suelto. De una oposición que, salvo excepciones, con una exasperante lentitud, deja de estar atónita o de mirarse el ombligo, mientras el modelo de país se consolida.
Es la verdadera deuda. La deuda con el pueblo. Que crece con intereses usurarios. «
Política – Tiempo Argentino