“Yo estaba en un edificio que colapsó. Quedé bajo los escombros y pensaron que estaba muerta cuando me sacaron. Solo recuerdo que estaba corriendo y caímos fuerte, en el abismo” relata Elvira, de 76 años, sentada en el consultorio donde recibe atención psicológica con Médicos Sin Fronteras (MSF). “Aquí llegué con mucha crisis. No es fácil lo que yo viví. Todo me asustaba, lloraba mucho, no dormía. La psicóloga me sacó los nervios. Quiero salir de lo que estoy pasando. Quiero volver a ser la que era.”
Cien días después del doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio, lo que comenzó como una respuesta centrada en salvar vidas y atender traumatismos físicos se transformó en una crisis marcada por las consecuencias prolongadas de la incertidumbre, el desplazamiento y el impacto emocional acumulado sobre las personas y las comunidades, resalta un informe de MSF.
Los equipos de la organización atendieron desde el primer momento las necesidades médicas urgentes y distribuyeron 8,5 toneladas de suministros médicos y de emergencia, destacan. “Sin embargo, cien días después, las necesidades más apremiantes ya no son únicamente las derivadas de las lesiones físicas causadas por los terremotos”, puntualizan.
📸 Inside displacement camps in Venezuela.
100 days ago, two earthquakes struck La Guaira and Caracas. Today, prolonged emotional distress from loss and instability is leading to various health issues.
Our teams are providing people with mental health care through mobile clinics.— MSF International (@MSF) October 3, 2026
Así, MSF señala que en las comunidades de La Guaira y Caracas, las más afectadas, “muchas personas continúan viviendo con el temor constante de nuevos movimientos sísmicos, la incertidumbre sobre el acceso a una vivienda segura y la dificultad para recuperar sus rutinas y medios de vida”.
«Lo que observamos hoy no es únicamente el efecto de un evento traumático aislado, sino el impacto acumulado de vivir durante meses en condiciones de incertidumbre. Muchas personas llegan a consulta con dolores musculares, cefaleas recurrentes, problemas gastrointestinales o insomnio, síntomas que con frecuencia reflejan un importante sufrimiento emocional y psicológico», señala Milagritos Valderrama, coordinadora médica de MSF para la respuesta a la emergencia.
Las dolencias más frecuentes que se observan son dolores musculares y de huesos, que representan el 21,7 % de las consultas, infecciones respiratorias con un 21,4 % y las afecciones de piel, 12,4 %.
“Esto me ha desmoralizado. Fue un desastre natural, pero ha acabado con todo, mi corazón, mente y alma. Sufro del corazón y de la tensión, y no duermo,” explica Ashley Mayora, de 43 años, en Mare Abajo, un complejo de viviendas que colapsó parcialmente tras el doble terremoto. “Yo vivía con mi hija y mi nieto recién nacido en mi casa, ellos son mi vida. Cuando esto pasó yo estaba en una carpa en la que solo cabía yo, tuvimos que separarnos. Yo siento que me moría de la tristeza por no estar con mi nieto. El 29 de julio tuve un preinfarto. Yo estoy viva solo por ellos”.
«Mi esperanza era encontrar vida y lo que encontré fue cuerpos», agrega Israel Lanza, de 36 años, rescatista de Protección Civil. «Lo que más me marcó fue que encontramos el cuerpo de un canino, y lo tenían abrazado una señora y su hijo. Sus brazos estaban alrededor de él, y todos fallecieron. Hasta la persona más valiente llora ante esto. Llegó un momento en que mi propio nombre se me olvidaba. No reconocía cuando me llamaban. Estuve 15 días continuos sin pisar mi casa «.
“El día 6 recuerdo que me sentía agotado completamente. Tuve que parar. Pensaba en renunciar, solo me decía a mí mismo que ya no podía más. Parte de mi familia vive aquí en La Guaira, y pasé 12 días sin saber nada de ellos” relata Elvis Díaz, 28 años, también rescatista.
Los equipos de salud mental de MSF atendieron desde aquel día a 8.147 personas en La Guaira y Caracas y los equipos de agua, saneamiento e higiene distribuyeron unos 860.000 litros de agua potable e instalaron 5 sistemas de potabilización y 127 filtros.
Cien días después de la catástrofe, afirma MSF, “el principal desafío ya no es únicamente responder a la emergencia, sino acompañar a las personas y comunidades en su proceso de recuperación”.
La organización Médicos sin Fronteras emitió un comunicado sobre las consecuencias que ahora se deben paliar y el trabajo que hacen en La Guaira y Caracas, las comunidades más afectadas.
“Yo estaba en un edificio que colapsó. Quedé bajo los escombros y pensaron que estaba muerta cuando me sacaron. Solo recuerdo que estaba corriendo y caímos fuerte, en el abismo” relata Elvira, de 76 años, sentada en el consultorio donde recibe atención psicológica con Médicos Sin Fronteras (MSF). “Aquí llegué con mucha crisis. No es fácil lo que yo viví. Todo me asustaba, lloraba mucho, no dormía. La psicóloga me sacó los nervios. Quiero salir de lo que estoy pasando. Quiero volver a ser la que era.”
Cien días después del doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio, lo que comenzó como una respuesta centrada en salvar vidas y atender traumatismos físicos se transformó en una crisis marcada por las consecuencias prolongadas de la incertidumbre, el desplazamiento y el impacto emocional acumulado sobre las personas y las comunidades, resalta un informe de MSF.
Los equipos de la organización atendieron desde el primer momento las necesidades médicas urgentes y distribuyeron 8,5 toneladas de suministros médicos y de emergencia, destacan. “Sin embargo, cien días después, las necesidades más apremiantes ya no son únicamente las derivadas de las lesiones físicas causadas por los terremotos”, puntualizan.
Así, MSF señala que en las comunidades de La Guaira y Caracas, las más afectadas, “muchas personas continúan viviendo con el temor constante de nuevos movimientos sísmicos, la incertidumbre sobre el acceso a una vivienda segura y la dificultad para recuperar sus rutinas y medios de vida”.
«Lo que observamos hoy no es únicamente el efecto de un evento traumático aislado, sino el impacto acumulado de vivir durante meses en condiciones de incertidumbre. Muchas personas llegan a consulta con dolores musculares, cefaleas recurrentes, problemas gastrointestinales o insomnio, síntomas que con frecuencia reflejan un importante sufrimiento emocional y psicológico», señala Milagritos Valderrama, coordinadora médica de MSF para la respuesta a la emergencia.
Las dolencias más frecuentes que se observan son dolores musculares y de huesos, que representan el 21,7 % de las consultas, infecciones respiratorias con un 21,4 % y las afecciones de piel, 12,4 %.
“Esto me ha desmoralizado. Fue un desastre natural, pero ha acabado con todo, mi corazón, mente y alma. Sufro del corazón y de la tensión, y no duermo,” explica Ashley Mayora, de 43 años, en Mare Abajo, un complejo de viviendas que colapsó parcialmente tras el doble terremoto. “Yo vivía con mi hija y mi nieto recién nacido en mi casa, ellos son mi vida. Cuando esto pasó yo estaba en una carpa en la que solo cabía yo, tuvimos que separarnos. Yo siento que me moría de la tristeza por no estar con mi nieto. El 29 de julio tuve un preinfarto. Yo estoy viva solo por ellos”.
«Mi esperanza era encontrar vida y lo que encontré fue cuerpos», agrega Israel Lanza, de 36 años, rescatista de Protección Civil. «Lo que más me marcó fue que encontramos el cuerpo de un canino, y lo tenían abrazado una señora y su hijo. Sus brazos estaban alrededor de él, y todos fallecieron. Hasta la persona más valiente llora ante esto. Llegó un momento en que mi propio nombre se me olvidaba. No reconocía cuando me llamaban. Estuve 15 días continuos sin pisar mi casa «.
“El día 6 recuerdo que me sentía agotado completamente. Tuve que parar. Pensaba en renunciar, solo me decía a mí mismo que ya no podía más. Parte de mi familia vive aquí en La Guaira, y pasé 12 días sin saber nada de ellos” relata Elvis Díaz, 28 años, también rescatista.
Los equipos de salud mental de MSF atendieron desde aquel día a 8.147 personas en La Guaira y Caracas y los equipos de agua, saneamiento e higiene distribuyeron unos 860.000 litros de agua potable e instalaron 5 sistemas de potabilización y 127 filtros.
Cien días después de la catástrofe, afirma MSF, “el principal desafío ya no es únicamente responder a la emergencia, sino acompañar a las personas y comunidades en su proceso de recuperación”.
Mundo – Tiempo Argentino