Para poder entender la política migratoria que lleva adelante el gobierno socialdemócrata de Pedro Sánchez y su devenir contradictorio, ante los sucesos del 30 de julio en Ceuta (el enclave español en continente africano), primero habrá que enmarcar al Estado español en el creciente avance de las consignas nacidas en las fuerzas de la ultraderecha europea y que, en el tiempo, permearon las concepciones de los sectores conservadores y reformistas de la Unión Europea.
Esas que definen la posibilidad de crear hot-post en países terceros. O sea: los migrantes que sean objeto de una decisión de retorno podrán ser transferidos a centros situados fuera de la UE, en estados con los que se haya concluido un acuerdo, como Ruanda, Uganda o Uzbekistán. Países para acoger a las personas expulsadas de la UE (“los indeseables), generar filtros en las entradas de la Europa Fortaleza y acelerar las salidas, incluidas las de los solicitantes de asilo. Europa ya no quiere ser tierra de acogida, especialmente para el universo de oprimidos. Su «solución» es la externalización de fronteras.
Esta cosmovisión se sintetiza en el nuevo Pacto Migratorio decidido por amplia mayoría en el Parlamento Europeo en los últimos meses.
Pasó más de un mes de la entrada de cerca de 80 mil marroquíes junto a desesperados de distintos países del África Subsahariana, que atravesaron la frontera Marroquí-Ceutí con una actitud más que permisiva de la guardia fronteriza Marroquí. Ese episodio mostró la complicidad del gobierno alauita, que fue ignorado por el discurso de Pedro Sánchez cuando atribuyó la culpa a las mafias migratorias en África. Pero a pesar al retorno de la amplia mayoría, los más de 5000 que permanecen en territorio ceutí, son la excusa para una ola de xenofobia y españolismo exacerbado, fogoneado por la extrema derecha peninsular.

De hecho, en los últimos días, se están sucediendo en Ceuta gravísimos episodios de violencia racista en los que personas con las caras tapadas recorren las calles con bates en las manos, golpean a migrantes mientras duermen, destrozan sus tiendas e incluso intentaron impedir el paso de un camión de ayuda de la Cruz Roja, ante la pasividad de las fuerzas de seguridad.
Según la referente de la ONG Caminando Fronteras Helena Maleno Garzón, a un par de meses de las leyes de regularización de migrantes en territorio español, lo ocurrido en Ceuta el 30 de julio, “no es sólo una tragedia humanitaria, es el resultado de décadas de acuerdos bilaterales entre España y Marruecos utilizando a las personas migrantes como moneda de cambio. Millones de euros, cada año, destinados a frenar los flujos migratorios. (…) Europa externaliza sus fronteras y llama ‘gestión migratoria’ a dejar morir personas ahogadas en el mar. Es indignante que el gobierno llame ‘violación de la integridad territorial’, igualando su discurso al de las derechas, que agitan el odio antiinmigración. Las consecuencias siempre son linchamientos y criminalización a nuestras comunidades».
La ONG cifraba «en 141 las personas que habían perdido la vida, sin contar con las decenas de desaparecidas». Los principales responsables de estas muertes son los propios Estados y “la utilización que hacen de las personas migrantes como herramientas para intereses geopolíticos y geoestratégicos”. La paradoja siniestra que se desarrolla en estos días en España es que «la regularización de migrantes contribuye a la prosperidad española, mientras Interior sigue deportando y aplicando las necropolíticas de la UE”, según afirmó Fátima Martín, destacada periodista española especializada en migrantes.
El nivel de confrontación que hoy atraviesa a la sociedad española también se advierte en el Congreso de Diputados. José María Figaredo, diputado de la extrema derecha de Vox, por Asturias, llegó a afirmar que «es la hora de cazar migrantes, de cazarlos uno a uno». Como contrapartida, Aina Vidal, diputada de SUMAR (agrupación de izquierda aliada al PSOE) y portavoz de los Comunes en el Congreso, denunció en la sesión al diputado, señalando que «ha decidido utilizar esta tribuna que le proporciona la democracia para hablar de seres humanos como si fueran animales. Él sabe perfectamente por qué utiliza esas palabras. Lo sabe. Cazar no es una propuesta migratoria, ni tampoco una política de fronteras, ni tampoco una medida de seguridad. Es una manera de deshumanizar. Primero son ilegales, luego invasores, luego enemigos, luego una plaga y ahora piezas que se pueden cazar».
La grieta, que según el devenir de la cuestión migratoria en Europa se va agravando, hoy se ha convertido en marchas de sectores de la derecha extrema en distintas capitales del territorio español en contra del gobierno de Pedro Sánchez, y la respuesta de los sectores democráticos y la izquierda contra las expresiones racistas y la literal caza del migrante, en el territorio ceutí. «
Ciertos estados utilizan a los migrantes como herramientas para intereses geopolíticos .
Para poder entender la política migratoria que lleva adelante el gobierno socialdemócrata de Pedro Sánchez y su devenir contradictorio, ante los sucesos del 30 de julio en Ceuta (el enclave español en continente africano), primero habrá que enmarcar al Estado español en el creciente avance de las consignas nacidas en las fuerzas de la ultraderecha europea y que, en el tiempo, permearon las concepciones de los sectores conservadores y reformistas de la Unión Europea.
Esas que definen la posibilidad de crear hot-post en países terceros. O sea: los migrantes que sean objeto de una decisión de retorno podrán ser transferidos a centros situados fuera de la UE, en estados con los que se haya concluido un acuerdo, como Ruanda, Uganda o Uzbekistán. Países para acoger a las personas expulsadas de la UE (“los indeseables), generar filtros en las entradas de la Europa Fortaleza y acelerar las salidas, incluidas las de los solicitantes de asilo. Europa ya no quiere ser tierra de acogida, especialmente para el universo de oprimidos. Su «solución» es la externalización de fronteras.
Esta cosmovisión se sintetiza en el nuevo Pacto Migratorio decidido por amplia mayoría en el Parlamento Europeo en los últimos meses.
Pasó más de un mes de la entrada de cerca de 80 mil marroquíes junto a desesperados de distintos países del África Subsahariana, que atravesaron la frontera Marroquí-Ceutí con una actitud más que permisiva de la guardia fronteriza Marroquí. Ese episodio mostró la complicidad del gobierno alauita, que fue ignorado por el discurso de Pedro Sánchez cuando atribuyó la culpa a las mafias migratorias en África. Pero a pesar al retorno de la amplia mayoría, los más de 5000 que permanecen en territorio ceutí, son la excusa para una ola de xenofobia y españolismo exacerbado, fogoneado por la extrema derecha peninsular.

De hecho, en los últimos días, se están sucediendo en Ceuta gravísimos episodios de violencia racista en los que personas con las caras tapadas recorren las calles con bates en las manos, golpean a migrantes mientras duermen, destrozan sus tiendas e incluso intentaron impedir el paso de un camión de ayuda de la Cruz Roja, ante la pasividad de las fuerzas de seguridad.
Según la referente de la ONG Caminando Fronteras Helena Maleno Garzón, a un par de meses de las leyes de regularización de migrantes en territorio español, lo ocurrido en Ceuta el 30 de julio, “no es sólo una tragedia humanitaria, es el resultado de décadas de acuerdos bilaterales entre España y Marruecos utilizando a las personas migrantes como moneda de cambio. Millones de euros, cada año, destinados a frenar los flujos migratorios. (…) Europa externaliza sus fronteras y llama ‘gestión migratoria’ a dejar morir personas ahogadas en el mar. Es indignante que el gobierno llame ‘violación de la integridad territorial’, igualando su discurso al de las derechas, que agitan el odio antiinmigración. Las consecuencias siempre son linchamientos y criminalización a nuestras comunidades».
La ONG cifraba «en 141 las personas que habían perdido la vida, sin contar con las decenas de desaparecidas». Los principales responsables de estas muertes son los propios Estados y “la utilización que hacen de las personas migrantes como herramientas para intereses geopolíticos y geoestratégicos”. La paradoja siniestra que se desarrolla en estos días en España es que «la regularización de migrantes contribuye a la prosperidad española, mientras Interior sigue deportando y aplicando las necropolíticas de la UE”, según afirmó Fátima Martín, destacada periodista española especializada en migrantes.
El nivel de confrontación que hoy atraviesa a la sociedad española también se advierte en el Congreso de Diputados. José María Figaredo, diputado de la extrema derecha de Vox, por Asturias, llegó a afirmar que «es la hora de cazar migrantes, de cazarlos uno a uno». Como contrapartida, Aina Vidal, diputada de SUMAR (agrupación de izquierda aliada al PSOE) y portavoz de los Comunes en el Congreso, denunció en la sesión al diputado, señalando que «ha decidido utilizar esta tribuna que le proporciona la democracia para hablar de seres humanos como si fueran animales. Él sabe perfectamente por qué utiliza esas palabras. Lo sabe. Cazar no es una propuesta migratoria, ni tampoco una política de fronteras, ni tampoco una medida de seguridad. Es una manera de deshumanizar. Primero son ilegales, luego invasores, luego enemigos, luego una plaga y ahora piezas que se pueden cazar».
La grieta, que según el devenir de la cuestión migratoria en Europa se va agravando, hoy se ha convertido en marchas de sectores de la derecha extrema en distintas capitales del territorio español en contra del gobierno de Pedro Sánchez, y la respuesta de los sectores democráticos y la izquierda contra las expresiones racistas y la literal caza del migrante, en el territorio ceutí. «
Mundo – Tiempo Argentino