El Milei malvinero no movió el amperímetro

Más de dos semanas después del lanzamiento del Javier Milei malvinero ya es claro que con esa jugada el presidente buscó impactar en una nueva subjetividad social que lo cuestiona.

La persistencia de la imagen negativa tanto de Milei como de su gestión de gobierno hablan de una grieta consolidada en la que, en un borde, el presidente no logra reunir más de cuatro de cada diez personas, a veces y muy brevemente, casi cinco. En cambio, en el otro borde, hace rato que hay cinco personas fijas enojadas con Milei y a veces son hasta seis.

El enojo responde a que tras 1000 días de gobierno liberticida, esas personas están peor que antes en términos de su vida cotidiana. El caso del empleo es un buen ejemplo: desde fines de 2023, 290 mil personas perdieron su empleo asalariado en el sector privado, 88.400 en el sector público y 21.600 en casas particulares. Es decir, hay 400 mil puestos de trabajo asalariados registrados menos. Este enorme retroceso no llegó a ser compensado con las 169 mil nuevas altas en el monotributo y las 2400 del régimen de autónomos.

En el mismo lapso, los monotributistas sociales cayeron en 407 mil. Cabe preguntarse a dónde fueron todas esas personas dado que el monotributo social aplica a trabajadores independientes o integrantes de cooperativas con ingresos bajos y situación de vulnerabilidad.

La respuesta está en estos números: desde que asumió Milei, la cantidad de cuentapropistas creció en 556 mil. Y el trabajo asalariado no registrado aumentó en casi 100 mil puestos.

En definitiva, crecen el trabajo independiente (las apps para lo cual hay que tener monotributo), el cuentapropismo y la informalidad. El gobierno pretende que ese fenómeno se produce por la voluntad de las personas, que estarían dispuestas a perder derechos e ingresos a cambio de “libertad”.

Esa interpretación ya no engancha en la población en la misma medida que lo hacía antes, ahora con las antenas puestas en problemas agudos. El sobreendeudamiento, el quebranto de la salud mental, el agobio por no encontrar una salida, sobrevuelan de manera ominosa sobre millones de hogares.

Milei, el ministro Federico Sturzenegger y una cantidad de alcahuetes niegan esta realidad, patalean, insultan, pero no conmueven. Otros portavoces del oficialismo sorprenden con definiciones que van a contramano de los dichos del presidente: Agustín Laje con la necesidad de que las mejoras económicas lleguen al “metro cuadrado” de cada persona; Luis Caputo con la justicia social en materia de vivienda o Patricia Bullrich con beneficios económicos para todos.

Está por verse si se trata de un acuerdo interno de división del trabajo o de grietas que surgen al interior del aparato gobernante. Lo cierto es que el Milei malvinero llegó después y no prendió en la población. Según la encuesta de M&F conocida a principios de esta semana, el 65% de los consultados cree que el giro del presidente obedece a cuestiones de oportunismo político y no a una real convicción.

Si esto cristaliza, Milei habrá retrocedido un nuevo casillero en la consideración popular al tiempo que nada hace prever que la economía reactive y mejore el día a día de los argentinos. Se trata, a las claras, de un coctel explosivo.  «  

 Mientras tanto, las deudas y el quebranto de la salud mental sobrevuelan a millones de hogares argentinos.  

Más de dos semanas después del lanzamiento del Javier Milei malvinero ya es claro que con esa jugada el presidente buscó impactar en una nueva subjetividad social que lo cuestiona.

La persistencia de la imagen negativa tanto de Milei como de su gestión de gobierno hablan de una grieta consolidada en la que, en un borde, el presidente no logra reunir más de cuatro de cada diez personas, a veces y muy brevemente, casi cinco. En cambio, en el otro borde, hace rato que hay cinco personas fijas enojadas con Milei y a veces son hasta seis.

El enojo responde a que tras 1000 días de gobierno liberticida, esas personas están peor que antes en términos de su vida cotidiana. El caso del empleo es un buen ejemplo: desde fines de 2023, 290 mil personas perdieron su empleo asalariado en el sector privado, 88.400 en el sector público y 21.600 en casas particulares. Es decir, hay 400 mil puestos de trabajo asalariados registrados menos. Este enorme retroceso no llegó a ser compensado con las 169 mil nuevas altas en el monotributo y las 2400 del régimen de autónomos.

En el mismo lapso, los monotributistas sociales cayeron en 407 mil. Cabe preguntarse a dónde fueron todas esas personas dado que el monotributo social aplica a trabajadores independientes o integrantes de cooperativas con ingresos bajos y situación de vulnerabilidad.

La respuesta está en estos números: desde que asumió Milei, la cantidad de cuentapropistas creció en 556 mil. Y el trabajo asalariado no registrado aumentó en casi 100 mil puestos.

En definitiva, crecen el trabajo independiente (las apps para lo cual hay que tener monotributo), el cuentapropismo y la informalidad. El gobierno pretende que ese fenómeno se produce por la voluntad de las personas, que estarían dispuestas a perder derechos e ingresos a cambio de “libertad”.

Esa interpretación ya no engancha en la población en la misma medida que lo hacía antes, ahora con las antenas puestas en problemas agudos. El sobreendeudamiento, el quebranto de la salud mental, el agobio por no encontrar una salida, sobrevuelan de manera ominosa sobre millones de hogares.

Milei, el ministro Federico Sturzenegger y una cantidad de alcahuetes niegan esta realidad, patalean, insultan, pero no conmueven. Otros portavoces del oficialismo sorprenden con definiciones que van a contramano de los dichos del presidente: Agustín Laje con la necesidad de que las mejoras económicas lleguen al “metro cuadrado” de cada persona; Luis Caputo con la justicia social en materia de vivienda o Patricia Bullrich con beneficios económicos para todos.

Está por verse si se trata de un acuerdo interno de división del trabajo o de grietas que surgen al interior del aparato gobernante. Lo cierto es que el Milei malvinero llegó después y no prendió en la población. Según la encuesta de M&F conocida a principios de esta semana, el 65% de los consultados cree que el giro del presidente obedece a cuestiones de oportunismo político y no a una real convicción.

Si esto cristaliza, Milei habrá retrocedido un nuevo casillero en la consideración popular al tiempo que nada hace prever que la economía reactive y mejore el día a día de los argentinos. Se trata, a las claras, de un coctel explosivo.  «  

 Política – Tiempo Argentino

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