Nadie podía predecir en 1945, cuando nació Robert Nesta Marley en la más extrema pobreza jamaiquina, que alguna vez ese mestizo encontraría una guitarra eléctrica donde estaba el reggae. Y entonces Bob Marley unió la excelencia de la música con la memoria marcada en la piel. El mundo sin Bob Marley no valdría la pena de ser vivido, decía Nietzsche, un fan de la primera hora.
Sin afiliación partidaria, Bob Marley supo hacer disfrutar a todo el mundo con sentimientos y convicciones de fondo. “Get up, stand up: Stand up for your rights”, cantaba en 1973. Quizás ese tema haya inspirado a Olivia “Babsy”Grange, que también nació en Jamaica, aunque un año después de Bob. Es la actual ministra de Cultura, Deporte y Género de Jamaica que presentó este 7 de septiembre una petición ante Carlos III, monarca británico. Es que Jamaica es parte del Commonwealth, que se traduce como Mancomunidad de Naciones y en un sentido también significa “riqueza común”.

Debe ser otra fechoría del humor inglés. Como sea, ese sistema reproduce en modo vintage el sistema imperial británico, pues está compuesto de excolonias -no todas- y a veces suele quedarse en lo formal, y a veces no. Es así como si usted quiere adoptar la nacionalidad jamaiquina debe jurar lealtad y fidelidad a Carlos III y a los sucesores de éste. ¿No puedo jurar por Bob Marley?
Ese no es el último detalle. En efecto, en lo jurídico estos estados que componen el remedo vintage del imperialismo dependen en última instancia del Judicial Committee of the Privy Council (JCPC), que desde 1833 ejerce las funciones de corte suprema para las colonias británicas primero, y los países del Commonwealth después. Esta institución será la quien reciba la denuncia de Babsy, ya que Carlos III justo estaba de vacaciones. Hoy se compone de 12 personas, diez hombres y dos mujeres, pero al menos todos bien blanquitos. Y son Ladys y Lores.
Tratan casos sobre “si los derechos recreativos (como jugar al golf, tenis y disfrutar de instalaciones) en Gran Caimán y los acuerdos vinculados son legalmente vinculantes para los propietarios actuales de dichos terrenos” (JCPC/2023/0097). Ah, ¿los paraísos fiscales tienen tribunales? Interesante. Quizás podamos… bueno. Por eso cuando les cae a estos paliduchos un tema en serio como el que plantea la ministra Olivia Grange ya no será un asunto baladí.“Emancipate yourselves from mental slavery / None but ourselves can free our minds”(«Redemption Song»).

La jugada política de Jamaica es perfecta. En lo interno, responde al reclamo republicano jaimaiquino para salir de esa “Mancomunidad”. En lo externo, acorrala a la corona inglesa sobre el tema del que no quieren hablar jamás: el trafico de africanos secuestrados y la consiguiente esclavitud. Ejercida durante siglos, base de la acumulación primaria del capitalismo, fuente de riqueza para la oligarquía británica, el “Privy Council” debe contestar tres simples preguntas: “¿Fue legal el transporte forzado de africanos a Jamaica y su consecuente esclavitud? ¿Constituye este sistema un crimen contra la humanidad? ¿Asume el Reino Unido la obligación de reparación por la esclavitud y las consecuencias que aún perduran”?
Cortitas y al pie, porque a Bob Marley le gustaba mucho jugar al futbol como toda persona de bien. Recién empezó el partido, vamos 1 a 0 arriba.
En el caso que el tribunal responda por la afirmativa, entonces catch yourself Catherine. Inglaterra deberá pagar el precio de los crímenes cometidos. Si niega, entonces Jamaica habrá agotado las instancias judiciales “propias” y podrá llevar el asunto a la Corte Internacional de Justicia, con el apoyo del CARICOM y de la Unión Africana que fueron parte de los 123 votos con los que la Asamblea General de las Naciones Unidas votó la resolución A/RES/80/250 en marzo de este año. Esa resolución establece “la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como ‘el crimen de lesa humanidad más grave’ de la historia”.
Constituye “una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en todo el mundo”. Exhorta “una disculpa plena y formal; medidas de restitución, indemnización, rehabilitación y satisfacción; garantías de no repetición; modificaciones de leyes, programas y servicios para combatir el racismo y la discriminación sistémica”. Hubo 52 abstenciones, la totalidad de occidente más Japón, y tres votos en contra: los malvineros Estados Unidos e Israel así como Argentina. “Every time that I plant a seed / He said: Kill it before it grows / He said: Kill them before they grow” («I shoot the Sheriff»).
Inglaterra y Francia ya pagaron indemnizaciones en el siglo XIX… a los dueños de los esclavos por pérdidas acarreadas por la abolición. Una estimación moderada de la universidad de Cambridge afirma que las reparaciones para el Caribe británico son de 200 mil millones de dólares. El jurista Patrick Robinson, un jamaiquino que integró la Corte de La Haya, estima en 20 trillones de libras las crímenes del Imperio. Inglaterra dirá que la esclavitud era legal en esa época, que fue hace mucho y que no debe nada a nadie. ¿Entonces para qué indemnizar las víctimas del nazismo si la persecución era legal en ese momento? Pero la esclavitud es un crimen contra la humanidad que no prescribe. Dirán entonces que no puede haber leyes penales retroactivas. ¿Entonces cómo juzgaron a los criminales nazis en Nuremberg? Pues usaron normas jurídicas retroactivas para condenar personas que habían cometido atrocidades aún no previstas.
Esa fue la posición defendida por Hans Kelsen: en nombre de los principios del derecho y de la conciencia humana. En situaciones excepcionales, sostenía, el derecho crea la ley. ¿O acaso el fascismo está penado sólo en Europa? Mientras que es la forma habitual que tiene occidente para relacionarse con el sur global. “Let’s get together / To fight this holy Armagideon” («One Love, People get ready»). «
Jamaica acorrala a la corona británica con una demanda histórica ante el Privy Council que exige reparaciones por la esclavitud, abriendo un frente judicial sin precedentes que busca llevar el crimen colonial a la Corte Internacional de Justicia.
Nadie podía predecir en 1945, cuando nació Robert Nesta Marley en la más extrema pobreza jamaiquina, que alguna vez ese mestizo encontraría una guitarra eléctrica donde estaba el reggae. Y entonces Bob Marley unió la excelencia de la música con la memoria marcada en la piel. El mundo sin Bob Marley no valdría la pena de ser vivido, decía Nietzsche, un fan de la primera hora.
Sin afiliación partidaria, Bob Marley supo hacer disfrutar a todo el mundo con sentimientos y convicciones de fondo. “Get up, stand up: Stand up for your rights”, cantaba en 1973. Quizás ese tema haya inspirado a Olivia “Babsy”Grange, que también nació en Jamaica, aunque un año después de Bob. Es la actual ministra de Cultura, Deporte y Género de Jamaica que presentó este 7 de septiembre una petición ante Carlos III, monarca británico. Es que Jamaica es parte del Commonwealth, que se traduce como Mancomunidad de Naciones y en un sentido también significa “riqueza común”.

Debe ser otra fechoría del humor inglés. Como sea, ese sistema reproduce en modo vintage el sistema imperial británico, pues está compuesto de excolonias -no todas- y a veces suele quedarse en lo formal, y a veces no. Es así como si usted quiere adoptar la nacionalidad jamaiquina debe jurar lealtad y fidelidad a Carlos III y a los sucesores de éste. ¿No puedo jurar por Bob Marley?
Ese no es el último detalle. En efecto, en lo jurídico estos estados que componen el remedo vintage del imperialismo dependen en última instancia del Judicial Committee of the Privy Council (JCPC), que desde 1833 ejerce las funciones de corte suprema para las colonias británicas primero, y los países del Commonwealth después. Esta institución será la quien reciba la denuncia de Babsy, ya que Carlos III justo estaba de vacaciones. Hoy se compone de 12 personas, diez hombres y dos mujeres, pero al menos todos bien blanquitos. Y son Ladys y Lores.
Tratan casos sobre “si los derechos recreativos (como jugar al golf, tenis y disfrutar de instalaciones) en Gran Caimán y los acuerdos vinculados son legalmente vinculantes para los propietarios actuales de dichos terrenos” (JCPC/2023/0097). Ah, ¿los paraísos fiscales tienen tribunales? Interesante. Quizás podamos… bueno. Por eso cuando les cae a estos paliduchos un tema en serio como el que plantea la ministra Olivia Grange ya no será un asunto baladí.“Emancipate yourselves from mental slavery / None but ourselves can free our minds”(«Redemption Song»).

La jugada política de Jamaica es perfecta. En lo interno, responde al reclamo republicano jaimaiquino para salir de esa “Mancomunidad”. En lo externo, acorrala a la corona inglesa sobre el tema del que no quieren hablar jamás: el trafico de africanos secuestrados y la consiguiente esclavitud. Ejercida durante siglos, base de la acumulación primaria del capitalismo, fuente de riqueza para la oligarquía británica, el “Privy Council” debe contestar tres simples preguntas: “¿Fue legal el transporte forzado de africanos a Jamaica y su consecuente esclavitud? ¿Constituye este sistema un crimen contra la humanidad? ¿Asume el Reino Unido la obligación de reparación por la esclavitud y las consecuencias que aún perduran”?
Cortitas y al pie, porque a Bob Marley le gustaba mucho jugar al futbol como toda persona de bien. Recién empezó el partido, vamos 1 a 0 arriba.
En el caso que el tribunal responda por la afirmativa, entonces catch yourself Catherine. Inglaterra deberá pagar el precio de los crímenes cometidos. Si niega, entonces Jamaica habrá agotado las instancias judiciales “propias” y podrá llevar el asunto a la Corte Internacional de Justicia, con el apoyo del CARICOM y de la Unión Africana que fueron parte de los 123 votos con los que la Asamblea General de las Naciones Unidas votó la resolución A/RES/80/250 en marzo de este año. Esa resolución establece “la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como ‘el crimen de lesa humanidad más grave’ de la historia”.
Constituye “una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en todo el mundo”. Exhorta “una disculpa plena y formal; medidas de restitución, indemnización, rehabilitación y satisfacción; garantías de no repetición; modificaciones de leyes, programas y servicios para combatir el racismo y la discriminación sistémica”. Hubo 52 abstenciones, la totalidad de occidente más Japón, y tres votos en contra: los malvineros Estados Unidos e Israel así como Argentina. “Every time that I plant a seed / He said: Kill it before it grows / He said: Kill them before they grow” («I shoot the Sheriff»).
Inglaterra y Francia ya pagaron indemnizaciones en el siglo XIX… a los dueños de los esclavos por pérdidas acarreadas por la abolición. Una estimación moderada de la universidad de Cambridge afirma que las reparaciones para el Caribe británico son de 200 mil millones de dólares. El jurista Patrick Robinson, un jamaiquino que integró la Corte de La Haya, estima en 20 trillones de libras las crímenes del Imperio. Inglaterra dirá que la esclavitud era legal en esa época, que fue hace mucho y que no debe nada a nadie. ¿Entonces para qué indemnizar las víctimas del nazismo si la persecución era legal en ese momento? Pero la esclavitud es un crimen contra la humanidad que no prescribe. Dirán entonces que no puede haber leyes penales retroactivas. ¿Entonces cómo juzgaron a los criminales nazis en Nuremberg? Pues usaron normas jurídicas retroactivas para condenar personas que habían cometido atrocidades aún no previstas.
Esa fue la posición defendida por Hans Kelsen: en nombre de los principios del derecho y de la conciencia humana. En situaciones excepcionales, sostenía, el derecho crea la ley. ¿O acaso el fascismo está penado sólo en Europa? Mientras que es la forma habitual que tiene occidente para relacionarse con el sur global. “Let’s get together / To fight this holy Armagideon” («One Love, People get ready»). «
Mundo – Tiempo Argentino