Alegria não tem fim: la leyenda de Lula y un pueblo movilizado

A dos días de cumplir 81 años, la cinematográfica y resiliente vida de Lula tuvo este domingo uno de sus capítulos más conmovedores.

La sensación principal curtiendo suelo brasileño es que las fuerzas populares se activaron como nunca para que la última elección de su líder histórico tuviera el final que merecía. Para regalarle el broche de oro a su colosal biografía pero también para defender la democracia ante el acecho del neofascismo. Un gigantesco movimiento ciudadano, espontáneo, protagonizado sobre todo por jóvenes, mujeres y personas mayores, que desbordó las estructuras partidarias y le puso un freno al bolsonarismo y a la ofensiva colonial de mister Trump.

“Era la última vez que votábamos a Lula y no podíamos fallarle”, me explica lagrimeando una morena setentona en medio del griterío alborotado de los festejos en la Avenida Paulista. A su lado, su nieto adolescente sacude un abanico con los colores de la diversidad y levanta un cartel que sintetiza lo que estaba en juego: “Por nuestros derechos, por nuestro futuro. Dictadura nunca más”.

La inmensa multitud en la calle celebrando cerró una semana de movilizaciones históricas en todo el país, incluso en ciudades de mayoría conservadora. Así lo sintió el propio Lula: “Participé de las marchas por “diretas ja” (contra la dictadura) y, desde 1989, de todas las campañas presidenciales. Tengo 50 años de vida política y nunca vi un nivel de movilización tan grande como para esta segunda vuelta”. Lo viejo funciona…

La batalla digital

Tal vez como nunca antes la disputa en el terreno digital estuvo presente en esta elección. Con la cancha inclinada, la campaña de Lula reaccionó para la segunda vuelta y dio la pelea con creatividad y audacia de la mano de “el general” André Janones, artífice del “Ejército de Lula” en Whatsapp que juntó más de 10 millones de personas en solo tres semanas.

También quedó en el centro de la escena la injerencia de los gigantes monopolios tecnológicos, en este caso de la empresa Meta, que manipuló los algoritmos de sus plataformas Instagram y Facebook para favorecer al candidato de la extrema derecha. La operación quedó completamente al desnudo y Lula prometió seguir dándoles batalla: en su discurso triunfal anunció que va a avanzar en su regulación.

Además de las acciones colectivas analógicas y la militancia del “vira-voto” en las redes, la batería de iniciativas de Lula de cara al balotaje complementa las razones de la remontada. Algunas de tono más electoral, como el aumento del 15% del plan Bolsa Familia después de varios años congelado, y otras más de proyección estratégica como el fin de la escala 6×1, garantizando a las y los trabajadores dos días de descanso sin afectar el salario.

Contra viento, marea y Trump

La izquierda brasileña enfrentó en esta elección a múltiples adversarios: las élites locales; la poderosa Federación de Industrias de San Pablo, que esta vez llamó a votar a Bolsonaro; los grandes medios como O globo que, a diferencia del 2022, volvieron a alinearse con la ultraderecha; la justicia electoral conducida por el bolsonarismo; y el lobby de las empresas de apuestas luego de que Lula las prohibiera.

Pero al ring electoral también se subieron varios actores externos. La injerencia de las ya mencionadas big tech y un peso pesado como Donald Trump, que por momentos delegó la tarea en Javier Milei, su principal peón. El magnate estadounidense sufrió su primera derrota desde que asumió su segundo mandato y empezó a interferir en todos los procesos electorales.

Lo logró el pueblo brasileño movilizado, y el legendario Lula, experto en reponerse a las adversidades. El niño pobre nordestino que probó el pan a los siete años, el tornero mecánico que se forjó a fuerza de trabajo y pérdidas familiares, que sufrió la cárcel en dictadura y en democracia, el sindicalista que devino en el primer presidente obrero y que este domingo se anotó una nueva hazaña: revertir la derrota de la primera vuelta, lo que nunca había sucedido.

El inoxidable líder regional que le puso el primer freno a la ofensiva neocolonial trumpista, dejando un mensaje de alivio y un empujón de esperanza para toda América Latina. Y que volvió ratificar este domingo la lección del pueblo brasileño: “Esta elección es una demostración de que este país no acepta ser patio trasero de nadie”.

 La victoria de Lula fue mucho más que una remontada electoral: una movilización popular histórica que le puso freno al bolsonarismo y a la ofensiva neocolonial de Trump. Las claves de una hazaña que renueva la esperanza en América Latina.  

A dos días de cumplir 81 años, la cinematográfica y resiliente vida de Lula tuvo este domingo uno de sus capítulos más conmovedores.

La sensación principal curtiendo suelo brasileño es que las fuerzas populares se activaron como nunca para que la última elección de su líder histórico tuviera el final que merecía. Para regalarle el broche de oro a su colosal biografía pero también para defender la democracia ante el acecho del neofascismo. Un gigantesco movimiento ciudadano, espontáneo, protagonizado sobre todo por jóvenes, mujeres y personas mayores, que desbordó las estructuras partidarias y le puso un freno al bolsonarismo y a la ofensiva colonial de mister Trump.

“Era la última vez que votábamos a Lula y no podíamos fallarle”, me explica lagrimeando una morena setentona en medio del griterío alborotado de los festejos en la Avenida Paulista. A su lado, su nieto adolescente sacude un abanico con los colores de la diversidad y levanta un cartel que sintetiza lo que estaba en juego: “Por nuestros derechos, por nuestro futuro. Dictadura nunca más”.

La inmensa multitud en la calle celebrando cerró una semana de movilizaciones históricas en todo el país, incluso en ciudades de mayoría conservadora. Así lo sintió el propio Lula: “Participé de las marchas por “diretas ja” (contra la dictadura) y, desde 1989, de todas las campañas presidenciales. Tengo 50 años de vida política y nunca vi un nivel de movilización tan grande como para esta segunda vuelta”. Lo viejo funciona…

La batalla digital

Tal vez como nunca antes la disputa en el terreno digital estuvo presente en esta elección. Con la cancha inclinada, la campaña de Lula reaccionó para la segunda vuelta y dio la pelea con creatividad y audacia de la mano de “el general” André Janones, artífice del “Ejército de Lula” en Whatsapp que juntó más de 10 millones de personas en solo tres semanas.

También quedó en el centro de la escena la injerencia de los gigantes monopolios tecnológicos, en este caso de la empresa Meta, que manipuló los algoritmos de sus plataformas Instagram y Facebook para favorecer al candidato de la extrema derecha. La operación quedó completamente al desnudo y Lula prometió seguir dándoles batalla: en su discurso triunfal anunció que va a avanzar en su regulación.

Además de las acciones colectivas analógicas y la militancia del “vira-voto” en las redes, la batería de iniciativas de Lula de cara al balotaje complementa las razones de la remontada. Algunas de tono más electoral, como el aumento del 15% del plan Bolsa Familia después de varios años congelado, y otras más de proyección estratégica como el fin de la escala 6×1, garantizando a las y los trabajadores dos días de descanso sin afectar el salario.

Contra viento, marea y Trump

La izquierda brasileña enfrentó en esta elección a múltiples adversarios: las élites locales; la poderosa Federación de Industrias de San Pablo, que esta vez llamó a votar a Bolsonaro; los grandes medios como O globo que, a diferencia del 2022, volvieron a alinearse con la ultraderecha; la justicia electoral conducida por el bolsonarismo; y el lobby de las empresas de apuestas luego de que Lula las prohibiera.

Pero al ring electoral también se subieron varios actores externos. La injerencia de las ya mencionadas big tech y un peso pesado como Donald Trump, que por momentos delegó la tarea en Javier Milei, su principal peón. El magnate estadounidense sufrió su primera derrota desde que asumió su segundo mandato y empezó a interferir en todos los procesos electorales.

Lo logró el pueblo brasileño movilizado, y el legendario Lula, experto en reponerse a las adversidades. El niño pobre nordestino que probó el pan a los siete años, el tornero mecánico que se forjó a fuerza de trabajo y pérdidas familiares, que sufrió la cárcel en dictadura y en democracia, el sindicalista que devino en el primer presidente obrero y que este domingo se anotó una nueva hazaña: revertir la derrota de la primera vuelta, lo que nunca había sucedido.

El inoxidable líder regional que le puso el primer freno a la ofensiva neocolonial trumpista, dejando un mensaje de alivio y un empujón de esperanza para toda América Latina. Y que volvió ratificar este domingo la lección del pueblo brasileño: “Esta elección es una demostración de que este país no acepta ser patio trasero de nadie”.

 Mundo – Tiempo Argentino

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