Todo ocurre de un modo tan acelerado que casi supera la posibilidad de relatar los hechos. El caso es que, cuando se cumplen 25 años de los ataques a las Torres Gemelas, que fueron la justificación para la “guerra contra el terrorismo”, el despliegue militar de Estados Unidos por el Medio Oriente extendido y el unipolarismo planetario post-soviético, Irán y el movimiento de resistencia islámica Ansarallah asestan golpes letales al proyecto imperial. Mientras tanto, Donald Trump pasa de haber mentido con su rol durante aquel 11-S (nunca salvó a nadie, estaba en su oficina, lejos del World Trade Center) a desviar la atención chicaneando al Reino Unido y, en una visita a Irlanda, mete la llaga hablando de su “sueño de unificación” irlandesa y el reclamo argentino por Malvinas (ver recuadro).
El jueves, el secretario de la Marina de EE UU, Hung Cao, tuvo que reconocer que las fuerzas iraníes habían destruido la base Apoyo Naval a la Actividad en Bahréin (NASB, en inglés), sede de las fuerzas navales del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) y de la Quinta Flota. “La destruyeron totalmente”, dijo Cao al sitio The Epoch Times. Caso curioso el de Cao: de familia vietnamita, nació en Saigón en 1971 y sus padres lograron escapar antes de la estrepitosa caída de la que era capital survietnamita, en 30 de abril de 1975. Como oficial de la Marina, cumplió destinos en Irak, Afganistán y Somalia. Retirado en 2021, fue confirmado en abril como titular de la cartera tras la renuncia de Jonh Phelan por desavenencias con el secretario de Guerra. Ahora tuvo que dar la cara por un hecho que era conocido pero prolijamente negado por el Pentágono. Quizás otra huida estrepitosa como la de hace 51 años en Saigón o la de Kabul, en agosto de 2021.
Sucede que lo peor todavía estaba por conocerse. El viernes podría decirse que colapsó el régimen saudita y entre sus consecuencias previsibles, nadie sabe a cuánto se puede disparar el precio del petróleo, que superaba los 100 dólares el barril ese día. Por un lado, los hutíes lanzaron una ofensiva furiosa en la costa occidental del estrecho de Bab el Mandeb (término árabe que suele traducirse como “puerta de las lágrimas”) y tomaron desde las ciudades de Al-Khokha al puerto de Al-Moka y la estratégica isla de Mayun (también llamada Perim). No solo eso, causaron tal estrago en el oleoducto Este-Oeste, de Abqaiq a Yanbu, que el ministerio de Energía saudita anunció su cierre preventivo. Se trata de una cañería de 1200 km de extensión que permite el transporte de petróleo al Mar Rojo evitando los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, los dos puntos de estrangulamiento más importantes del mundo en estos días.
La información disponible indica que ambos ataques fueron posibles mediante misiles hipersónicos fabricados en Yemen con tecnología iraní, según confirmó el vocero de las fuerzas yemenitas Yahya Sarea. Riad, sin embargo, atribuyó la operación contra la tubería a fuerzas no identificadas desde Irak. Una forma de esquivar la realidad de una derrota estratégica no solo para el reino saudita sino para occidente. Así se percibe con mayor certeza la magnitud del desastre para la coalición EE UU- Israel luego de la aventura del 28 de febrero pasado.
Es que las bases militares estadounidenses en esa parte del mundo fueron prácticamente destruidas y, lo más importante, la capacidad no solo de mantener sus tropas sino de controlar el espacio aéreo, ya que fueron eliminados todos los radares de última generación desplegados. En pocas palabras, si Estados Unidos era el garante de la seguridad para sus aliados árabes, ya nada queda de ese supuesto escudo protector. No es que no lo supieran. De hecho el 7 de agosto Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron el Acuerdo de La Meca, que se propone como una suerte de OTAN musulmana para defender a cualquier miembro de un ataque. Islamabad, que oficia de mediador entre Irán y EE UU, ya avisó que considera no aplicable en este caso porque lo enmarcan en la guerra contra los hutíes que viene desde 2015.
Israel, mientras tanto, el otro protagonista de estos estropicios, prosigue su demolición de Gaza, Cisjordania y el sur de Líbano, incluso ante las denuncias de genocidio que cada vez se hacen oír mas fuerte. Esta semana, el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Ed Miliband, anunció sanciones a la importación de productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania y reiteró el compromiso de Londres para la creación del Estado Palestino. Ese mismo día se conformó una coalición de 12 países -además del Reino Unido, están Francia, España, Canadá, Suecia, Irlanda, Polonia, Portugal, Finlandia, Dinamarca, Islandia y Noruega- para imponer restricciones comerciales y sanciones contra los colonos ilegales. Benjamin Netanyahu está en la mira de muchos dirigentes occidentales ante lo que es una evidente decadencia moral de su gobierno, que parece no tener freno en sus políticas de exterminio. Uno de sus más extremistas es el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, quien ahora tiene un plan para solucionar “el problema en Gaza”: dice que si cada país europeo recibiera a 20 mil o 30mil gazatíes “esta situación hubiera terminado”. De las colonias ilegales no dijo nada, será porque él mismo es nacido en una de ellas.
En India, a todo esto, se realizó la 18ª Cumbre de los BRICS, grupo del que forma parte Irán, coquetean sin decidirse Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos y se negó a integrar Javier Milei ni bien asumió, en diciembre de 2023, a pesar de que Argentina ya tenía tarjeta de ingreso. En la Declaración de Nueva Delhi, un documento final firmado de manera unánime, el bloque manifestó su “profunda preocupación” por la escalada bélica en Asia Occidental, (Medio Oriente), pidieron moderación, diálogo multilateral y una resolución pacifica. Por otro lado, los BRICS condenan el uso de medidas arancelarias y no arancelarias unilaterales en el comercio internacional (llamada para Trump) y definen al Sur Global como un “actor determinante para impulsar transformaciones positivas frente a los desafíos geopolíticos y económicos actuales”. Estamparon su rúbrica Narendra Modi, Xi Jinping, Vladimir Putin y Masud Pezeshkian. «
Malvinas con Irlanda
Si algo sabe hacer Donald Trump es patear hormigueros. Este sábado, sin ir más lejos, pasó por Dublín en su gira para ver el Irish Open de golf, se sentó junto al primer ministro Micheál Martin, y declaró muy suelto de cuerpo: «me encantaría la unificación de Irlanda”. Y aclaró: «No quiero causar ningún problema, pero te diré que me encantaría verla unificada. Tengo amigos en ambos lados, gente estupenda. Son irlandeses. Me encantaría verla unificada”, aunque dijo saber que Londres iba a tener algo que decir al respecto.
No es que ignoraba el alcance de esas palabras en una isla donde hasta 1997 los ingleses intentaban por todos los medios -que ya se sabe cuáles son- impedir que el Norte protestante (Belfast) formara parte de la república, instaurada luego de una cruenta guerra contra la corona, en 1922. Ya que estaba en ese territorio poco amigable con la Rubia Albión, y ante la pregunta de una periodista, dijo estar seguro de que lo llamarán para “intervenir en un posible desastre” en Malvinas entre Argentina y el Reino Unido.
Lo que sugieren las palabras de Trump es que no sabe mucho sobre el conflicto que Javier Milei pretende reflotar en su aspiración reelecionista. “Recuerdo que, cuando era joven, bastante joven, de todos modos, pero las Islas Malvinas… creo que en ese entonces el Reino Unido era un país un poco diferente, pero entraron y se apoderaron de ellas”, balbuceó, como si creyera que los ingleses hubieran invadido recién en 1982 o desconociendo los 149 años previos de usurpación. Todo puede ser. “Ahora están con otros problemas y no sé si van a estar tan dispuestos a viajar tan lejos”, concluyó.
Los hutíes tomaron puntos clave para controlar el estrecho de Bab el Mandeb y golpearon el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que cerró el transporte de petróleo. Los BRICS, mientras tanto, se consolidan y reclaman desde India mantener la cordura en la región.
Todo ocurre de un modo tan acelerado que casi supera la posibilidad de relatar los hechos. El caso es que, cuando se cumplen 25 años de los ataques a las Torres Gemelas, que fueron la justificación para la “guerra contra el terrorismo”, el despliegue militar de Estados Unidos por el Medio Oriente extendido y el unipolarismo planetario post-soviético, Irán y el movimiento de resistencia islámica Ansarallah asestan golpes letales al proyecto imperial. Mientras tanto, Donald Trump pasa de haber mentido con su rol durante aquel 11-S (nunca salvó a nadie, estaba en su oficina, lejos del World Trade Center) a desviar la atención chicaneando al Reino Unido y, en una visita a Irlanda, mete la llaga hablando de su “sueño de unificación” irlandesa y el reclamo argentino por Malvinas (ver recuadro).
El jueves, el secretario de la Marina de EE UU, Hung Cao, tuvo que reconocer que las fuerzas iraníes habían destruido la base Apoyo Naval a la Actividad en Bahréin (NASB, en inglés), sede de las fuerzas navales del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) y de la Quinta Flota. “La destruyeron totalmente”, dijo Cao al sitio The Epoch Times. Caso curioso el de Cao: de familia vietnamita, nació en Saigón en 1971 y sus padres lograron escapar antes de la estrepitosa caída de la que era capital survietnamita, en 30 de abril de 1975. Como oficial de la Marina, cumplió destinos en Irak, Afganistán y Somalia. Retirado en 2021, fue confirmado en abril como titular de la cartera tras la renuncia de Jonh Phelan por desavenencias con el secretario de Guerra. Ahora tuvo que dar la cara por un hecho que era conocido pero prolijamente negado por el Pentágono. Quizás otra huida estrepitosa como la de hace 51 años en Saigón o la de Kabul, en agosto de 2021.
Sucede que lo peor todavía estaba por conocerse. El viernes podría decirse que colapsó el régimen saudita y entre sus consecuencias previsibles, nadie sabe a cuánto se puede disparar el precio del petróleo, que superaba los 100 dólares el barril ese día. Por un lado, los hutíes lanzaron una ofensiva furiosa en la costa occidental del estrecho de Bab el Mandeb (término árabe que suele traducirse como “puerta de las lágrimas”) y tomaron desde las ciudades de Al-Khokha al puerto de Al-Moka y la estratégica isla de Mayun (también llamada Perim). No solo eso, causaron tal estrago en el oleoducto Este-Oeste, de Abqaiq a Yanbu, que el ministerio de Energía saudita anunció su cierre preventivo. Se trata de una cañería de 1200 km de extensión que permite el transporte de petróleo al Mar Rojo evitando los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, los dos puntos de estrangulamiento más importantes del mundo en estos días.
La información disponible indica que ambos ataques fueron posibles mediante misiles hipersónicos fabricados en Yemen con tecnología iraní, según confirmó el vocero de las fuerzas yemenitas Yahya Sarea. Riad, sin embargo, atribuyó la operación contra la tubería a fuerzas no identificadas desde Irak. Una forma de esquivar la realidad de una derrota estratégica no solo para el reino saudita sino para occidente. Así se percibe con mayor certeza la magnitud del desastre para la coalición EE UU- Israel luego de la aventura del 28 de febrero pasado.
Es que las bases militares estadounidenses en esa parte del mundo fueron prácticamente destruidas y, lo más importante, la capacidad no solo de mantener sus tropas sino de controlar el espacio aéreo, ya que fueron eliminados todos los radares de última generación desplegados. En pocas palabras, si Estados Unidos era el garante de la seguridad para sus aliados árabes, ya nada queda de ese supuesto escudo protector. No es que no lo supieran. De hecho el 7 de agosto Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron el Acuerdo de La Meca, que se propone como una suerte de OTAN musulmana para defender a cualquier miembro de un ataque. Islamabad, que oficia de mediador entre Irán y EE UU, ya avisó que considera no aplicable en este caso porque lo enmarcan en la guerra contra los hutíes que viene desde 2015.
Israel, mientras tanto, el otro protagonista de estos estropicios, prosigue su demolición de Gaza, Cisjordania y el sur de Líbano, incluso ante las denuncias de genocidio que cada vez se hacen oír mas fuerte. Esta semana, el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Ed Miliband, anunció sanciones a la importación de productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania y reiteró el compromiso de Londres para la creación del Estado Palestino. Ese mismo día se conformó una coalición de 12 países -además del Reino Unido, están Francia, España, Canadá, Suecia, Irlanda, Polonia, Portugal, Finlandia, Dinamarca, Islandia y Noruega- para imponer restricciones comerciales y sanciones contra los colonos ilegales. Benjamin Netanyahu está en la mira de muchos dirigentes occidentales ante lo que es una evidente decadencia moral de su gobierno, que parece no tener freno en sus políticas de exterminio. Uno de sus más extremistas es el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, quien ahora tiene un plan para solucionar “el problema en Gaza”: dice que si cada país europeo recibiera a 20 mil o 30mil gazatíes “esta situación hubiera terminado”. De las colonias ilegales no dijo nada, será porque él mismo es nacido en una de ellas.
En India, a todo esto, se realizó la 18ª Cumbre de los BRICS, grupo del que forma parte Irán, coquetean sin decidirse Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos y se negó a integrar Javier Milei ni bien asumió, en diciembre de 2023, a pesar de que Argentina ya tenía tarjeta de ingreso. En la Declaración de Nueva Delhi, un documento final firmado de manera unánime, el bloque manifestó su “profunda preocupación” por la escalada bélica en Asia Occidental, (Medio Oriente), pidieron moderación, diálogo multilateral y una resolución pacifica. Por otro lado, los BRICS condenan el uso de medidas arancelarias y no arancelarias unilaterales en el comercio internacional (llamada para Trump) y definen al Sur Global como un “actor determinante para impulsar transformaciones positivas frente a los desafíos geopolíticos y económicos actuales”. Estamparon su rúbrica Narendra Modi, Xi Jinping, Vladimir Putin y Masud Pezeshkian. «
Malvinas con Irlanda
Si algo sabe hacer Donald Trump es patear hormigueros. Este sábado, sin ir más lejos, pasó por Dublín en su gira para ver el Irish Open de golf, se sentó junto al primer ministro Micheál Martin, y declaró muy suelto de cuerpo: «me encantaría la unificación de Irlanda”. Y aclaró: «No quiero causar ningún problema, pero te diré que me encantaría verla unificada. Tengo amigos en ambos lados, gente estupenda. Son irlandeses. Me encantaría verla unificada”, aunque dijo saber que Londres iba a tener algo que decir al respecto.
No es que ignoraba el alcance de esas palabras en una isla donde hasta 1997 los ingleses intentaban por todos los medios -que ya se sabe cuáles son- impedir que el Norte protestante (Belfast) formara parte de la república, instaurada luego de una cruenta guerra contra la corona, en 1922. Ya que estaba en ese territorio poco amigable con la Rubia Albión, y ante la pregunta de una periodista, dijo estar seguro de que lo llamarán para “intervenir en un posible desastre” en Malvinas entre Argentina y el Reino Unido.
Lo que sugieren las palabras de Trump es que no sabe mucho sobre el conflicto que Javier Milei pretende reflotar en su aspiración reelecionista. “Recuerdo que, cuando era joven, bastante joven, de todos modos, pero las Islas Malvinas… creo que en ese entonces el Reino Unido era un país un poco diferente, pero entraron y se apoderaron de ellas”, balbuceó, como si creyera que los ingleses hubieran invadido recién en 1982 o desconociendo los 149 años previos de usurpación. Todo puede ser. “Ahora están con otros problemas y no sé si van a estar tan dispuestos a viajar tan lejos”, concluyó.
Mundo – Tiempo Argentino