Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

En un mundo que tiende hacia la polarización, Brasil, la décima economía global y la mayor de Latinoamérica, no es la excepción. Las elecciones generales de hoy, a pesar de ofrecer al electorado 12 candidaturas presidenciales, se dirimirán entre dos figuras tan centrales como antagónicas de la política de los últimos años. Dos nombres tan significativos que no requieren presentación: Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

En esta jornada no solo se pondrán en juego dos modelos de país en extremo diferentes. También se someterá a juicio la estrategia política con la que el presidente logró construir su regreso al poder en 2022 y que le permitió sostener estos cuatro años de gobierno aplicando algunas medidas centrales con las que sostener su programa y propuesta electoral.

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

El presidente Lula buscará en esta primera vuelta el camino a su reelección y con ello su cuarto mandato no consecutivo. Del otro lado, el senador Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente preso por el intento de golpe de Estado justamente contra el propio Lula en 2022, intentará revalidar el legado de su padre y reponer el apellido en lo más encumbrado del poder político.

Otra vez el Partido de los Trabajadores (PT) versus Partido Liberal (PL). Una nutrida coalición mayormente de centro izquierda pero con componentes de todo el arco ideológico, frente a un armado de derecha y extrema derecha en sintonía con las expresiones regionales y europeas de ese espectro. Se contraponen propuestas que pondrán en valor Estado, soberanía y justicia social frente a libre mercado, discurso represivo, alineamiento incondicional al eje Trump y profundización de la “batalla cultural” antipopular.

Las encuestas publicadas a lo largo de la campaña ratifican esta tendencia. Y si bien, Lula arrancó con una ventaja favorable, su principal rival fue ganando terreno hasta acercársele de forma considerable, lo que hace avizorar la posibilidad muy concreta de un balotaje, previsto para el 25 de octubre. «El comportamiento del voto espontáneo (donde Lula ronda el 31%-41% y Flávio el 27%-39%) ratifica que la mayoría de los votantes ya ha digerido la elección, dejando un margen prácticamente nulo para sorpresas o irrupciones de terceras vías», señaló un análisis publicado en el sitio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

Para intentar un nuevo triunfo, el histórico dirigente octogenario aplicará la misma fórmula con la que venció a Bolsonaro padre en 2022, pero también la que le permitió transitar el rumbo de un gobierno que llega a las elecciones con una imagen relativamente positiva, tras un rumbo que, dicho sea de paso, arroja un balance equilibrado en términos socio económicos. Con respecto a la fórmula, no se trata solo de repetir al actual vicepresidente, el conservador Geraldo Alckmin, como su acompañante en la boleta sino de sostener el mismo esquema de alianzas que le permitió asegurar el triunfo hace cuatro años y además llevar adelante una serie de medidas centrales de gobierno en un escenario legislativo donde no tuvo mayoría plena.

El PT de Lula va a las urnas junto con el PSB, el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Comunista do Brasil (PCdoB), el Partido Verde (PV), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y el partido Rede Sustentabilidad. Los mismos que lo apoyaron en 2022. Entonces se consideró la articulación electoral más amplia de la historia. En esta oportunidad, además, será la única coalición presente en el cuarto oscuro.

Bolsonaro, en cambio, irá abroquelado con su partido, con el sostén programático de diversos espacios de derecha y centro derecha internacionales, pero sin alianzas internas. El campo conservador competirá con otras opciones de centroderecha y liberales como Ronaldo Caiado (PSD) y Romeu Zema (Novo), además de figuras de la Democracia Cristiana. Por el lado de la izquierda radical, candidatos como Samara Martins (Unidad Popular) o Hertz Dias (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado), decidieron también ir por las propias.

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia
Foto: Daniel Ramalho / Xinhua

Un gobierno en marcha

Con ese esquema político y a pesar de haber sido criticado por un corrimiento hacia el centro, Lula pudo imponer medidas clave como la Reforma Tributaria Histórica, una modificación progresiva que unificó y simplificó el sistema de impuestos. También aplicó el Nuevo Marco Fiscal en función de equilibrar las cuentas públicas y restauró Programas Sociales y el Salario Mínimo, con la consolidación del programa social Bolsa Família y promovió normas orientadas a la protección de la mujer. También implementó leyes ambientales y regulatorias de la industria extractivista, en procura de proteger los minerales críticos y las codiciadas tierras raras. En el último tramo de la campaña, el gobierno prohibió las apuestas online, lo que produjo una reducción millonaria del tráfico de dinero diario que se dirigía hacia las plataformas de juego. La medida fue acompañada por otras de apoyo a las familias que habían quedado atrapadas en el círculo vicioso de las apuestas, muchas de ellas acumulando deudas, lo que supone un impacto electoral de cara a la jornada de hoy. De hecho el propio Bolsonaro lo acusó de haber actuado con puro interés electoralista.

Con un PIB de 2,28 billones de dólares, una inflación del 5% anual, el desempleo rondando el 6% y una tasa de crecimiento del 2,3%, según datos del Banco Mundial, Brasil refleja una estabilidad que deberá ser puesta a consideración por el electorado.

Según diversas encuestas, el 40% tiene una visión negativa de su gestión mientras que el 34% la considera excelente o buena y el 24 la califica de regular. Para Datafolha, el 49% desaprueba personalmente al presidente y el 48% lo aprueba, lo que pone en evidencia la mencionada polarización.  «

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia
Foto: Lula / Flicker
Casi 160 millones de habilitados

Llegó el domingo: 158.765.543 ciudadanos brasileños están habilitados para utilizar la urna electrónica y elegir el presidente y vice, quienes conducirán el país más influyente de América del Sur durante el período 2027-2031. La presidencia se definirá con uno más del 50% de los votos. Si ninguna de las fórmulas lo logra, habrá una segunda vuelta el domingo 25.
También se eligen los gobernadores de 26 de Estados que configuran el país junto a un distrito federal, Brasilia. Y se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados (513 bancas) y un tercio del Senado (54 de 81 escaños).
El padrón electoral se conforma con los ciudadanos que cumplieron los 16 años, aunque la obligación va de 18 a 70. Allí se encuentra la primera paradoja: el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien va por su cuarto período presidencial, el próximo 27 de octubre estará cumpliendo sus 81 años. Sus siete anteriores postulaciones: en 1989 perdió ante Fernando Collor de Mello; en 1994 y en 1998 perdió en la primera vuelta frente a Fernando Henrique Cardoso. Pero en 2002 le ganó a José Serra y en 2006 superó Geraldo Alckmin, quien paradójicamente es y será su vice en el período que ahora intenta renovar. En 2018 intentó postularse nuevamente pero su candidatura fue inhabilitada por la Justicia electoral. Y en 2022 venció a Jair Bolsonaro, el padre de su principal adversario de hoy.
Además de las dos fórmulas que concitan los más grandes favoritismos -la de Lula-Alckmin, por la alianza PT/PSB y la de Flávio Bolsonaro-Alfredo Gaspa, por PL- otras diez se presentan en la elección, aunque se sospecha que sumarán un porcentaje muy menor de votos.
Son ellos:
* Ronaldo Caiado y Gilberto Kassab, por el Partido Socialdemócrata (PSD)
* Romeu Zema y Eduardo Girão, por el Partido Novo.
* Augusto Cury y Júlio Delgado, por Avante.
* Renan Santos y Aroldo Medina, por Missão
* Rui Costa Pimenta y Antônio Carlos, por el Partido da Causa Operária (PCO).
Samara Martins y Raquel Brício, por Unidade Popular (UP).
* Edmilson Costa y Cleusa Santos, por el Partido Comunista Brasileiro (PCB).
Hertz Dias y Vanessa Portugal, por el Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado (PSTU).
* Wilson Grassi y Suêd Haidar, por Democrata.
* Clariana Barão y Fabiana Torquato, por Democracia Cristã (DC).
La Corte rechazó la fórmula encabezada por Pablo Marçal, del Partido Renovador Laborista (PRTB), por no cumplir con los requisitos de afiliación.

 Se vuelven a confrontar dos modelos de país en otra elección trascendente para la región y para el mundo. La coalición liderada por el PT repite el esquema del 2022 y expone sus logros de gobierno, ante la derecha representada por Flávio Bolsonaro. Todos los augurios apuntan a que habrá segunda vuelta, con pronóstico incierto.  

En un mundo que tiende hacia la polarización, Brasil, la décima economía global y la mayor de Latinoamérica, no es la excepción. Las elecciones generales de hoy, a pesar de ofrecer al electorado 12 candidaturas presidenciales, se dirimirán entre dos figuras tan centrales como antagónicas de la política de los últimos años. Dos nombres tan significativos que no requieren presentación: Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

En esta jornada no solo se pondrán en juego dos modelos de país en extremo diferentes. También se someterá a juicio la estrategia política con la que el presidente logró construir su regreso al poder en 2022 y que le permitió sostener estos cuatro años de gobierno aplicando algunas medidas centrales con las que sostener su programa y propuesta electoral.

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

El presidente Lula buscará en esta primera vuelta el camino a su reelección y con ello su cuarto mandato no consecutivo. Del otro lado, el senador Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente preso por el intento de golpe de Estado justamente contra el propio Lula en 2022, intentará revalidar el legado de su padre y reponer el apellido en lo más encumbrado del poder político.

Otra vez el Partido de los Trabajadores (PT) versus Partido Liberal (PL). Una nutrida coalición mayormente de centro izquierda pero con componentes de todo el arco ideológico, frente a un armado de derecha y extrema derecha en sintonía con las expresiones regionales y europeas de ese espectro. Se contraponen propuestas que pondrán en valor Estado, soberanía y justicia social frente a libre mercado, discurso represivo, alineamiento incondicional al eje Trump y profundización de la “batalla cultural” antipopular.

Las encuestas publicadas a lo largo de la campaña ratifican esta tendencia. Y si bien, Lula arrancó con una ventaja favorable, su principal rival fue ganando terreno hasta acercársele de forma considerable, lo que hace avizorar la posibilidad muy concreta de un balotaje, previsto para el 25 de octubre. «El comportamiento del voto espontáneo (donde Lula ronda el 31%-41% y Flávio el 27%-39%) ratifica que la mayoría de los votantes ya ha digerido la elección, dejando un margen prácticamente nulo para sorpresas o irrupciones de terceras vías», señaló un análisis publicado en el sitio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

Para intentar un nuevo triunfo, el histórico dirigente octogenario aplicará la misma fórmula con la que venció a Bolsonaro padre en 2022, pero también la que le permitió transitar el rumbo de un gobierno que llega a las elecciones con una imagen relativamente positiva, tras un rumbo que, dicho sea de paso, arroja un balance equilibrado en términos socio económicos. Con respecto a la fórmula, no se trata solo de repetir al actual vicepresidente, el conservador Geraldo Alckmin, como su acompañante en la boleta sino de sostener el mismo esquema de alianzas que le permitió asegurar el triunfo hace cuatro años y además llevar adelante una serie de medidas centrales de gobierno en un escenario legislativo donde no tuvo mayoría plena.

El PT de Lula va a las urnas junto con el PSB, el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Comunista do Brasil (PCdoB), el Partido Verde (PV), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y el partido Rede Sustentabilidad. Los mismos que lo apoyaron en 2022. Entonces se consideró la articulación electoral más amplia de la historia. En esta oportunidad, además, será la única coalición presente en el cuarto oscuro.

Bolsonaro, en cambio, irá abroquelado con su partido, con el sostén programático de diversos espacios de derecha y centro derecha internacionales, pero sin alianzas internas. El campo conservador competirá con otras opciones de centroderecha y liberales como Ronaldo Caiado (PSD) y Romeu Zema (Novo), además de figuras de la Democracia Cristiana. Por el lado de la izquierda radical, candidatos como Samara Martins (Unidad Popular) o Hertz Dias (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado), decidieron también ir por las propias.

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

Foto: Daniel Ramalho / Xinhua

Con ese esquema político y a pesar de haber sido criticado por un corrimiento hacia el centro, Lula pudo imponer medidas clave como la Reforma Tributaria Histórica, una modificación progresiva que unificó y simplificó el sistema de impuestos. También aplicó el Nuevo Marco Fiscal en función de equilibrar las cuentas públicas y restauró Programas Sociales y el Salario Mínimo, con la consolidación del programa social Bolsa Família y promovió normas orientadas a la protección de la mujer. También implementó leyes ambientales y regulatorias de la industria extractivista, en procura de proteger los minerales críticos y las codiciadas tierras raras. En el último tramo de la campaña, el gobierno prohibió las apuestas online, lo que produjo una reducción millonaria del tráfico de dinero diario que se dirigía hacia las plataformas de juego. La medida fue acompañada por otras de apoyo a las familias que habían quedado atrapadas en el círculo vicioso de las apuestas, muchas de ellas acumulando deudas, lo que supone un impacto electoral de cara a la jornada de hoy. De hecho el propio Bolsonaro lo acusó de haber actuado con puro interés electoralista.

Con un PIB de 2,28 billones de dólares, una inflación del 5% anual, el desempleo rondando el 6% y una tasa de crecimiento del 2,3%, según datos del Banco Mundial, Brasil refleja una estabilidad que deberá ser puesta a consideración por el electorado.

Según diversas encuestas, el 40% tiene una visión negativa de su gestión mientras que el 34% la considera excelente o buena y el 24 la califica de regular. Para Datafolha, el 49% desaprueba personalmente al presidente y el 48% lo aprueba, lo que pone en evidencia la mencionada polarización.  «

Lula no baja sus banderas y, a los 80 años, va por su cuarta presidencia

Foto: Lula / Flicker

Casi 160 millones de habilitados

Llegó el domingo: 158.765.543 ciudadanos brasileños están habilitados para utilizar la urna electrónica y elegir el presidente y vice, quienes conducirán el país más influyente de América del Sur durante el período 2027-2031. La presidencia se definirá con uno más del 50% de los votos. Si ninguna de las fórmulas lo logra, habrá una segunda vuelta el domingo 25.
También se eligen los gobernadores de 26 de Estados que configuran el país junto a un distrito federal, Brasilia. Y se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados (513 bancas) y un tercio del Senado (54 de 81 escaños).
El padrón electoral se conforma con los ciudadanos que cumplieron los 16 años, aunque la obligación va de 18 a 70. Allí se encuentra la primera paradoja: el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien va por su cuarto período presidencial, el próximo 27 de octubre estará cumpliendo sus 81 años. Sus siete anteriores postulaciones: en 1989 perdió ante Fernando Collor de Mello; en 1994 y en 1998 perdió en la primera vuelta frente a Fernando Henrique Cardoso. Pero en 2002 le ganó a José Serra y en 2006 superó Geraldo Alckmin, quien paradójicamente es y será su vice en el período que ahora intenta renovar. En 2018 intentó postularse nuevamente pero su candidatura fue inhabilitada por la Justicia electoral. Y en 2022 venció a Jair Bolsonaro, el padre de su principal adversario de hoy.
Además de las dos fórmulas que concitan los más grandes favoritismos -la de Lula-Alckmin, por la alianza PT/PSB y la de Flávio Bolsonaro-Alfredo Gaspa, por PL- otras diez se presentan en la elección, aunque se sospecha que sumarán un porcentaje muy menor de votos.
Son ellos:
* Ronaldo Caiado y Gilberto Kassab, por el Partido Socialdemócrata (PSD)
* Romeu Zema y Eduardo Girão, por el Partido Novo.
* Augusto Cury y Júlio Delgado, por Avante.
* Renan Santos y Aroldo Medina, por Missão
* Rui Costa Pimenta y Antônio Carlos, por el Partido da Causa Operária (PCO).
Samara Martins y Raquel Brício, por Unidade Popular (UP).
* Edmilson Costa y Cleusa Santos, por el Partido Comunista Brasileiro (PCB).
Hertz Dias y Vanessa Portugal, por el Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado (PSTU).
* Wilson Grassi y Suêd Haidar, por Democrata.
* Clariana Barão y Fabiana Torquato, por Democracia Cristã (DC).
La Corte rechazó la fórmula encabezada por Pablo Marçal, del Partido Renovador Laborista (PRTB), por no cumplir con los requisitos de afiliación.

 Mundo – Tiempo Argentino

Te puede interesar