La idea principal de estas líneas no es la de abordar un análisis de aquellos años, sino la de llegar con el debate a importantes sectores de una juventud que nacida, en su mayoría, en democracia, no entiende o no termina de entender cómo fueron posibles aquellos hechos, los que vistos desde un presente totalmente diferente aparecen, a veces, ante sus ojos como extravagantes , irracionales o absurdos.La idea es tratar de plantear cuales fueron, desde nuestro punto de vista, las coordenadas generales de ese proceso complejísimo y finalmente trágico de la historia de nuestro país. Por lo que queda claro que no aludiremos a hechos que fueron, en aquellos años, trascendentales y de gran impacto político, ni al análisis de fenómenos histórico políticos importantísimos de la política argentina, limitándonos a la precisión de, lo que pensamos, son algunas ideas que deben ser debatidas y entendidas de alguna manera como explicación de lo sucedido en aquellos años
En primer lugar una reflexión para no quedar fuera de contexto. En la arena internacional hacía relativamente poco que había terminado el más grave y luctuoso conflicto bélico mundial de toda la historia de la humanidad, que culminó con sesenta millones de muertos y las guerras de Corea y de Vietnam con millones de muertos. En la Argentina se habían sucedido los bombardeos a Plaza de Mayo con cientos de civiles muertos en 1955, los fusilamientos de civiles y aun de militares de alto rango en el levantamiento peronista de 1956, la muerte de decenas de personas, entre ellas de conscriptos y civiles, en el enfrentamiento entre las fracciones de azules y colorados, del ejército, en 1962 y varios muertos en distintas manifestaciones sociales y atentados. Es decir la muerte estaba en el aire del clima político.

En los principios de los años 70 y con un proceso que se venía gestando desde la resistencia peronista a los gobiernos posteriores a 1955 (con algunas excepciones) y que se profundizó con el triunfo de la revolución cubana en 1959/60, el clima que se vivía en amplias masas juveniles, algunas (la mayoría) autoproclamadas peronistas (de izquierda) y el resto con visiones marxistas, era el de que la revolución nacional que iba a implantar el socialismo ya fuera socialismo nacional o socialismo a secas (aunque no claramente definido en sus detalles pero con una intencionalidad final de estatización de los grandes medios de producción y una redistribución radical de la riqueza) en el país, no solo era posible sino que ya se estaba, en términos históricos, prácticamente a sus puertas. Así se hablaba de tomar el cielo por asalto.
Este porvenir socialista era el convencimiento casi absoluto en un muy numeroso espectro joven de la población integrado por amplios sectores de los hijos de la clase media y no pocos jóvenes provenientes de familias obreras y obreros ellos mismos.
Nuevamente, el debate entre estos jóvenes no era la posibilidad o no del socialismo en la Argentina, sino principalmente cuál era la vía o la estrategia correcta para alcanzarlo. Tal era la mística imperante en ellos y de allí la entrega a una lucha que sabían riesgosa pero que valía la pena, ya que lo contrario era quedar fuera de la historia y vivir prácticamente sin sentido.
La oposición de grandes masas a la dictadura (en gran medida por razones económicas) a fines de los 60 y principios de los 70 fue, tal vez, lo que hizo pensar a los sectores juveniles peronistas y no peronistas revolucionarios, principalmente, pero también a los partidos de izquierda (que imaginaban el “giro a la izquierda de las masas peronistas”) que esos sectores estaban dispuestos a acompañarlos en algún momento en su camino a la revolución socialista
Las estrategias que se planteaban para logar la toma del poder y la instauración del socialismo en el país eran básicamente dos.

Una encarnada principalmente por los Montoneros .que querían la “patria socialista” (pero se autodenominaban peronistas, en la creencia de que estando dentro del movimiento estaban mucho más cerca, de alguna manera, de una mayoría obrera del país que era históricamente peronista) y el llamado Ejército Revolucionario del Pueblo, autodenominado marxista guevarista. Esa estrategia era la lucha armada.
A los partidarios de esta estrategia les parecía absurdo pensar que se pudiera llegar a la meta socialista sin que las grandes masas pudieran movilizarse a partir de una vanguardia armada que las liderase y consideraban, en términos generales, a las Fuerzas Armadas como brazo armado de la oligarquía y del imperialismo, que había que vencer y romper en la creencia de que el avance en este sentido haría que la mayoría del pueblo empezaría a seguirlos y a apoyarlos combativamente.
La otra estrategia en pos de la instauración del socialismo fue la del Partido Comunista, que venía sosteniendo, desde hacía un tiempo, que la forma de llegar al socialismo era, en principio, o aceptar la contienda electoral o generar una insurrección de masas (inspirado precisamente en las grandes movilizaciones como el Cordobazo), pero todo ello liderado por un gran frente democrático agrario y antiimperialista “con miras al socialismo”, en el que se debían integrar los sectores representantes de la burguesía nacional (entonces todavía realmente existente) particularmente la pequeña y mediana burguesía y por supuesto las grandes masas obreras y populares. Particularmente cuando las circunstancias se pusieron más complicadas para las ambiciones socialistas de este partido, se planteó la tarea de sumar a ese gran frente progresista a un sector de las fuerzas armadas que coincidiera con estos objetivos.

A los representantes de esta segunda estrategia les parecía descabellada, e incluso contraproducente para los objetivos socialistas, cualquier forma de lucha armada ya que ello, creían, no solo no destruiría a unas Fuerzas Armadas, evidentemente superiores en el plano militar, sino que haría deslizarse a todo las institución a amplios sectores políticos hacia la derecha, como finalmente ocurrió.
Debe decirse que numéricamente el PC y sus aliados más próximos conformaban un grupo mucho más escueto comparado con el espectro de Montoneros y todo su entorno de la juventud peronista de izquierda organizada en las llamadas “Regionales”. Pero lo cierto es que estas dos estrategias eran prácticamente las dos únicas visibles con claridad más allá de expresiones de otros partidos de izquierda, trotskistas y maoístas muy minoritarios en ese entonces, algunos de los cuales terminaron apoyando la vía armada.
En concreto, ambas estrategias con esta intencionalidad socialista (y comunista) fracasaron. La guerrilla fue exterminada por los militares, sobre todo a partir del golpe de 1976, terminando aislada del pueblo y sin que se lograra ningún apoyo masivo a su accionar. Junto con ello la dictadura arrasó con todo un entorno político de la militancia revolucionaria principalmente comisiones internas de fábricas, organizaciones estudiantiles y sindicatos, con o sin relación con el movimiento guerrillero.
La estrategia comunista y de algunos partidos menores aliados de fracturar a las fuerzas armadas y atraer un sector hacia su carril revolucionario, o al menos “democrático burgués”, chocó contra un monolítica posición de unidad de las fuerzas en la lucha contra la guerrilla que, más allá de la existencia o no de sectores democráticos en su interior (que seguramente existían pero no se expresaron en absoluto), dejó al partido en un diálogo de sordos con un sector de militares integrantes de la dictadura militar, cuando estos estaban también involucrados en la represión feroz a la guerrilla y a todo el movimiento popular. Este error garrafal, a pesar incluso de que más de cien víctimas de esa represión eran del propio Partido Comunista, les valió, posteriormente, el mote (exagerado y muchas veces malintencionado) de colaboracionistas pero lo cierto es que su posición, especialmente a partir de mediados de 1976, resultó, al menos, trágicamente ingenua e imperdonable en un partido que se jactaba de tener los mejores análisis políticos desde su posición marxista leninista y un importante frente de inteligencia e información particularmente dentro de las mismas Fuerzas Armadas.
¿Por qué motivo fracasaron ambas estrategias, en lugar de triunfar alguna de ellas o confluir ambas en algún momento? Desde nuestro punto vista ello estuvo vinculado principalmente al contexto internacional, porque más allá de los acontecimientos que se sucedían en el país, ninguna de estas fuerzas pro socialistas advirtió (tal vez sea mucho pedir en aquel momento) que la situación internacional estaba cambiando radicalmente y no precisamente a favor de la tendencia al socialismo mundial o al fortalecimiento de los países socialistas ya existentes, ni al triunfo socialista de los movimientos de liberación nacional. Por el contrario, lo que empezaba a darse eran procesos más o menos lentos de desgaste, parálisis y aislamiento de todas estas experiencias, que condujeron finalmente a lo que condujeron a finales de la década del 1980.

La derrota de las esperanzas socialistas fue de tal magnitud en todo el mundo, incluida Latinoamérica y particularmente la Argentina, que el nuevo capitalismo emergente capitaneado por los Estados Unidos se dio “el lujo” de ponerse en contra y presionar para remover las propias dictaduras militares que había ayudado a imponer en el continente y reemplazarlas por regímenes electorales, en la seguridad de que cualquiera que fuera el resultado de las elecciones, de ninguna manera serían triunfos de las izquierdas e impulsar una estrategia política internacional de defensa de los derechos humanos en contra de los actores de las dictaduras latinoamericanas que, como se dijo, ellos mismos habían alentado incluso en la represión.
Lo que pasó a partir de allí merece el tratamiento en otro artículo.
El debate sobre lo ocurrido en la Argentina en la década de 1970, con sus antecedentes provenientes por lo menos desde 1955 en adelante, ha sido extenso y complejo. Este es un intento por encararlo.
La idea principal de estas líneas no es la de abordar un análisis de aquellos años, sino la de llegar con el debate a importantes sectores de una juventud que nacida, en su mayoría, en democracia, no entiende o no termina de entender cómo fueron posibles aquellos hechos, los que vistos desde un presente totalmente diferente aparecen, a veces, ante sus ojos como extravagantes , irracionales o absurdos.La idea es tratar de plantear cuales fueron, desde nuestro punto de vista, las coordenadas generales de ese proceso complejísimo y finalmente trágico de la historia de nuestro país. Por lo que queda claro que no aludiremos a hechos que fueron, en aquellos años, trascendentales y de gran impacto político, ni al análisis de fenómenos histórico políticos importantísimos de la política argentina, limitándonos a la precisión de, lo que pensamos, son algunas ideas que deben ser debatidas y entendidas de alguna manera como explicación de lo sucedido en aquellos años
En primer lugar una reflexión para no quedar fuera de contexto. En la arena internacional hacía relativamente poco que había terminado el más grave y luctuoso conflicto bélico mundial de toda la historia de la humanidad, que culminó con sesenta millones de muertos y las guerras de Corea y de Vietnam con millones de muertos. En la Argentina se habían sucedido los bombardeos a Plaza de Mayo con cientos de civiles muertos en 1955, los fusilamientos de civiles y aun de militares de alto rango en el levantamiento peronista de 1956, la muerte de decenas de personas, entre ellas de conscriptos y civiles, en el enfrentamiento entre las fracciones de azules y colorados, del ejército, en 1962 y varios muertos en distintas manifestaciones sociales y atentados. Es decir la muerte estaba en el aire del clima político.

En los principios de los años 70 y con un proceso que se venía gestando desde la resistencia peronista a los gobiernos posteriores a 1955 (con algunas excepciones) y que se profundizó con el triunfo de la revolución cubana en 1959/60, el clima que se vivía en amplias masas juveniles, algunas (la mayoría) autoproclamadas peronistas (de izquierda) y el resto con visiones marxistas, era el de que la revolución nacional que iba a implantar el socialismo ya fuera socialismo nacional o socialismo a secas (aunque no claramente definido en sus detalles pero con una intencionalidad final de estatización de los grandes medios de producción y una redistribución radical de la riqueza) en el país, no solo era posible sino que ya se estaba, en términos históricos, prácticamente a sus puertas. Así se hablaba de tomar el cielo por asalto.
Este porvenir socialista era el convencimiento casi absoluto en un muy numeroso espectro joven de la población integrado por amplios sectores de los hijos de la clase media y no pocos jóvenes provenientes de familias obreras y obreros ellos mismos.
Nuevamente, el debate entre estos jóvenes no era la posibilidad o no del socialismo en la Argentina, sino principalmente cuál era la vía o la estrategia correcta para alcanzarlo. Tal era la mística imperante en ellos y de allí la entrega a una lucha que sabían riesgosa pero que valía la pena, ya que lo contrario era quedar fuera de la historia y vivir prácticamente sin sentido.
La oposición de grandes masas a la dictadura (en gran medida por razones económicas) a fines de los 60 y principios de los 70 fue, tal vez, lo que hizo pensar a los sectores juveniles peronistas y no peronistas revolucionarios, principalmente, pero también a los partidos de izquierda (que imaginaban el “giro a la izquierda de las masas peronistas”) que esos sectores estaban dispuestos a acompañarlos en algún momento en su camino a la revolución socialista
Las estrategias que se planteaban para logar la toma del poder y la instauración del socialismo en el país eran básicamente dos.

Una encarnada principalmente por los Montoneros .que querían la “patria socialista” (pero se autodenominaban peronistas, en la creencia de que estando dentro del movimiento estaban mucho más cerca, de alguna manera, de una mayoría obrera del país que era históricamente peronista) y el llamado Ejército Revolucionario del Pueblo, autodenominado marxista guevarista. Esa estrategia era la lucha armada.
A los partidarios de esta estrategia les parecía absurdo pensar que se pudiera llegar a la meta socialista sin que las grandes masas pudieran movilizarse a partir de una vanguardia armada que las liderase y consideraban, en términos generales, a las Fuerzas Armadas como brazo armado de la oligarquía y del imperialismo, que había que vencer y romper en la creencia de que el avance en este sentido haría que la mayoría del pueblo empezaría a seguirlos y a apoyarlos combativamente.
La otra estrategia en pos de la instauración del socialismo fue la del Partido Comunista, que venía sosteniendo, desde hacía un tiempo, que la forma de llegar al socialismo era, en principio, o aceptar la contienda electoral o generar una insurrección de masas (inspirado precisamente en las grandes movilizaciones como el Cordobazo), pero todo ello liderado por un gran frente democrático agrario y antiimperialista “con miras al socialismo”, en el que se debían integrar los sectores representantes de la burguesía nacional (entonces todavía realmente existente) particularmente la pequeña y mediana burguesía y por supuesto las grandes masas obreras y populares. Particularmente cuando las circunstancias se pusieron más complicadas para las ambiciones socialistas de este partido, se planteó la tarea de sumar a ese gran frente progresista a un sector de las fuerzas armadas que coincidiera con estos objetivos.

A los representantes de esta segunda estrategia les parecía descabellada, e incluso contraproducente para los objetivos socialistas, cualquier forma de lucha armada ya que ello, creían, no solo no destruiría a unas Fuerzas Armadas, evidentemente superiores en el plano militar, sino que haría deslizarse a todo las institución a amplios sectores políticos hacia la derecha, como finalmente ocurrió.
Debe decirse que numéricamente el PC y sus aliados más próximos conformaban un grupo mucho más escueto comparado con el espectro de Montoneros y todo su entorno de la juventud peronista de izquierda organizada en las llamadas “Regionales”. Pero lo cierto es que estas dos estrategias eran prácticamente las dos únicas visibles con claridad más allá de expresiones de otros partidos de izquierda, trotskistas y maoístas muy minoritarios en ese entonces, algunos de los cuales terminaron apoyando la vía armada.
En concreto, ambas estrategias con esta intencionalidad socialista (y comunista) fracasaron. La guerrilla fue exterminada por los militares, sobre todo a partir del golpe de 1976, terminando aislada del pueblo y sin que se lograra ningún apoyo masivo a su accionar. Junto con ello la dictadura arrasó con todo un entorno político de la militancia revolucionaria principalmente comisiones internas de fábricas, organizaciones estudiantiles y sindicatos, con o sin relación con el movimiento guerrillero.
La estrategia comunista y de algunos partidos menores aliados de fracturar a las fuerzas armadas y atraer un sector hacia su carril revolucionario, o al menos “democrático burgués”, chocó contra un monolítica posición de unidad de las fuerzas en la lucha contra la guerrilla que, más allá de la existencia o no de sectores democráticos en su interior (que seguramente existían pero no se expresaron en absoluto), dejó al partido en un diálogo de sordos con un sector de militares integrantes de la dictadura militar, cuando estos estaban también involucrados en la represión feroz a la guerrilla y a todo el movimiento popular. Este error garrafal, a pesar incluso de que más de cien víctimas de esa represión eran del propio Partido Comunista, les valió, posteriormente, el mote (exagerado y muchas veces malintencionado) de colaboracionistas pero lo cierto es que su posición, especialmente a partir de mediados de 1976, resultó, al menos, trágicamente ingenua e imperdonable en un partido que se jactaba de tener los mejores análisis políticos desde su posición marxista leninista y un importante frente de inteligencia e información particularmente dentro de las mismas Fuerzas Armadas.
¿Por qué motivo fracasaron ambas estrategias, en lugar de triunfar alguna de ellas o confluir ambas en algún momento? Desde nuestro punto vista ello estuvo vinculado principalmente al contexto internacional, porque más allá de los acontecimientos que se sucedían en el país, ninguna de estas fuerzas pro socialistas advirtió (tal vez sea mucho pedir en aquel momento) que la situación internacional estaba cambiando radicalmente y no precisamente a favor de la tendencia al socialismo mundial o al fortalecimiento de los países socialistas ya existentes, ni al triunfo socialista de los movimientos de liberación nacional. Por el contrario, lo que empezaba a darse eran procesos más o menos lentos de desgaste, parálisis y aislamiento de todas estas experiencias, que condujeron finalmente a lo que condujeron a finales de la década del 1980.

Foto: Presidencia
La derrota de las esperanzas socialistas fue de tal magnitud en todo el mundo, incluida Latinoamérica y particularmente la Argentina, que el nuevo capitalismo emergente capitaneado por los Estados Unidos se dio “el lujo” de ponerse en contra y presionar para remover las propias dictaduras militares que había ayudado a imponer en el continente y reemplazarlas por regímenes electorales, en la seguridad de que cualquiera que fuera el resultado de las elecciones, de ninguna manera serían triunfos de las izquierdas e impulsar una estrategia política internacional de defensa de los derechos humanos en contra de los actores de las dictaduras latinoamericanas que, como se dijo, ellos mismos habían alentado incluso en la represión.
Lo que pasó a partir de allí merece el tratamiento en otro artículo.
Política – Tiempo Argentino