En un escenario en el que el establishment norteamericano entró en pánico ante la irrupción de sectores contestatarios, progresistas los llaman, que confrontan a las caducas estructuras partidarias, a los representantes del poder económico y a los lobbies que presionan sobre los resortes vitales del país, Estados Unidos se acerca al día de las elecciones de medio término. El 3 de noviembre los norteamericanos deben renovar a la totalidad de la Cámara de Diputados y a un tercio de la de Senadores, ambas sometidas al Partido Republicano y al absolutismo de su líder, Donald Trump. Y ambas ante la posibilidad de pasar a depender de otros caprichos, los del Partido Demócrata, que son los mismos aunque con distinto ropaje.
Esta vez, sin embargo, los demócratas presentan la novedad de unos nuevos jugadores que en la calle, en las organizaciones sindicales y en el rechazo compartido a formas y usos que atentan contra el proclamado american way of life, cuestionan el viejo modelo. En las dos últimas semanas se consolidaron en Michigan y Florida –como antes en otros estados y en múltiples ciudades– figuras que convocan a la sociedad a militar en defensa de un sistema solidario de salud, del derecho a la vivienda y la educación laica, la imposición de mayores impuestos a los más ricos, del fin de la salvaje cacería y deportación de cientos de miles de inmigrantes, el cese del financiamiento militar al gobierno de Israel y del genocidio palestino.
Fue la victoria para la nómina del Senado del médico Abdul el Sayed, en Michigan, uno de los siete distritos electorales claves del país, la que removió las estructuras demócratas, al extremo de que algunas figuras dominantes del establishment partidario llegaron a pensar en promover el voto por el candidato republicano. El problema para la derecha no es que El Sayed se proclame como perteneciente a Socialistas Democráticos de América sino lo que él dice. “En palabras de Mohamed Alí –recordó– nosotros sacudimos al mundo”, dijo a la hora de comentar su triunfo en las primarias. “Nos enfrentamos a una máquina –agregó– y demostramos que el poder popular es más fuerte que el poder del dinero”.
La frase, breve, fue casi como una declaración de principios, y fue la que llevó a los viejos líderes demócratas a declararse en “estado de angustia”, citaron en térmicos casi idénticos el The New York Times y The Washington Post, dos de los diarios más influyentes del espectro periodístico norteamericano. «En mi opinión el triunfo de Abdul es el más extraordinario de lo que pueda recordar en la política moderna de Estados Unidos», dijo el veterano senador Bernie Sanders (85 años), uno de los primeros políticos que militó la candidatura de El Sayed. El neoyorquino Zohran Mamdani (autodefinido como socialista) elogió la performance de su compañero de ruta de Michigan y aseguró que «con Bernie, con él y con tantos compañeros estamos sembrando para cosechar la nueva América».

En más de un año de laboriosa campaña que lo llevó de ser políticamente poco más que de la nada a una de las figuras nacionales que carga con la responsabilidad de arrebatarles a los republicanos una banca clave en el Senado, El Sayed se centró en los temas de “sacar el dinero empresarial” de la política electoral, mejorar la situación económica de las mayorías y establecer un modelo de salud universal. Sin embargo, fue su exigencia de eliminar los comandos caza inmigrantes y garantizar el fin de la asistencia militar al gobierno de Israel y el genocidio en Gaza, lo que asustó a la cúpula demócrata, a las organizaciones del lobby proisraelí y a los defensores desembozados del régimen de Beniamin Netanyahu.
El poderoso Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), el mayor lobby israelí, fue el primero en reaccionar. Mucho más que duplicó su “inversión” –así le llaman, sin pudores, al financiamiento de los candidatos– con respecto a las primarias de cuatro años atrás. Según datos oficiales, de 29,3 millones de dólares en 2022 este año ya sobrepasó los 67 millones. The New York Times dijo que el AIPAC financió 109 avisos de televisión pero sólo seis hacían referencia directa a Israel, una prueba de que la causa proisraelí ya no es tan provechosa como supo serlo. No olvidó que Michigan es un estado con mayor porcentaje de población árabe, y mejor era volcar 30 millones extra a las redes, un terreno en el que prendió fuerte el discurso de El Sayed sobre Netanyahu.
Todo se arregla con plata. “Money, money, money”, cantaba Liza Minnelli en Cabaret. El grupo interno demócrata Third Way “invertirá” 15 millones más para “neutralizar a esos radicales de extrema izquierda”, en clara alusión a Bernie Sanders, Abdul el Sayed, Zohran Mamdadi, Angie Nixon (ver aparte) y los que convocan a construir en las calles, “ladrillo sobre ladrillo, puerta por puerta, y para eso caminan los rincones de todas las ciudades para conocer lo que desean los votantes, cambios reales, no cautelosos”.
Tras agradecer el apoyo recibido de parte de sus pares, del sindicato automotriz nacional (Michigan es el epicentro histórico de la industria), de las asociaciones de docentes, enfermeros, trabajadores públicos y de los servicios y los grandes empleadores (Wallmart y McDonald’s), El Sayed aseguró que “entonces, cuando nos unamos, construiremos al David que derrote a Goliat”.

Doble sopapo a Trump en su propia casa
Los pagos por adopción de Donald Trump, el estado sureño de Florida en el que se refugió, allí donde crece Miami, donde el presidente levantó su ofensivo country y construyó el club de golf que comparte sólo con los elegidos que pusieron millones, muchos, para conformar una selecta membresía, acaban de darle dos sopapos de una vez al hombre que sueña con ahogar al mundo, de este a oeste, y arrasar con sus revoluciones y sus culturas. El doble disgusto llegó con las primarias celebradas por republicanos y demócratas el martes 18, y que habían tenido otra muestra similar en Michigan (el 11/8) y decenas más desde febrero.
En Florida, un estado que se derechizó al extremo con la llegada de la llamada “gusanería cubana”, los prófugos políticos de todas partes y los venezolanos que erizaron su piel ante las proclamas de Hugo Chávez, dos candidatos fogoneados por Trump perdieron sus primarias. No podrán competir en nombre del Partido Republicano en la elección de una banca de la Legislatura estadual. Otros vendrán, trumpistas también, pero no los hombres del presidente. Por otro lado, el ala demócrata a la que generosamente definen como “los progresistas” –los Socialistas Democráticos de América (SDA)– se anotaron una inesperada victoria para competir por el Senado. Angie Nixon fue la elegida: mujer y negra.
Con una financiación 16 veces menor que la de su rival partidario –Alexander Vindman, un ex servicio secreto del ejército– Nixon triunfó por 12 puntos. Durante su campaña recaudó sólo 975 mil dólares que no le alcanzaron ni para pagar un solo spot televisivo, mientras el establishment demócrata le aseguró a Vindman 16,3 millones. Nixon celebró a través de sus redes. “Lo logramos –escribió– caminando, puerta por puerta, sin aceptar ni un centavo del PAC ni cheques corporativos, nada de maquinaria financiada por multimillonarios. Sólo una campaña de base, impulsada por personas como vos, como ustedes, como yo”. El PAC es una organización autorizada para recaudar “donaciones anónimas” que destina a influir en las elecciones.
«Demostramos que el poder popular es más fuerte que el poder del dinero», resume Abdul El Sayed. La victoria en la interna demócrata para el Senado de candidatos más izquierdistas en siete distritos insinúa un cambio de época que irrita a la Casa Blanca y también a los viejos líderes del propio partido.
En un escenario en el que el establishment norteamericano entró en pánico ante la irrupción de sectores contestatarios, progresistas los llaman, que confrontan a las caducas estructuras partidarias, a los representantes del poder económico y a los lobbies que presionan sobre los resortes vitales del país, Estados Unidos se acerca al día de las elecciones de medio término. El 3 de noviembre los norteamericanos deben renovar a la totalidad de la Cámara de Diputados y a un tercio de la de Senadores, ambas sometidas al Partido Republicano y al absolutismo de su líder, Donald Trump. Y ambas ante la posibilidad de pasar a depender de otros caprichos, los del Partido Demócrata, que son los mismos aunque con distinto ropaje.
Esta vez, sin embargo, los demócratas presentan la novedad de unos nuevos jugadores que en la calle, en las organizaciones sindicales y en el rechazo compartido a formas y usos que atentan contra el proclamado american way of life, cuestionan el viejo modelo. En las dos últimas semanas se consolidaron en Michigan y Florida –como antes en otros estados y en múltiples ciudades– figuras que convocan a la sociedad a militar en defensa de un sistema solidario de salud, del derecho a la vivienda y la educación laica, la imposición de mayores impuestos a los más ricos, del fin de la salvaje cacería y deportación de cientos de miles de inmigrantes, el cese del financiamiento militar al gobierno de Israel y del genocidio palestino.
Fue la victoria para la nómina del Senado del médico Abdul el Sayed, en Michigan, uno de los siete distritos electorales claves del país, la que removió las estructuras demócratas, al extremo de que algunas figuras dominantes del establishment partidario llegaron a pensar en promover el voto por el candidato republicano. El problema para la derecha no es que El Sayed se proclame como perteneciente a Socialistas Democráticos de América sino lo que él dice. “En palabras de Mohamed Alí –recordó– nosotros sacudimos al mundo”, dijo a la hora de comentar su triunfo en las primarias. “Nos enfrentamos a una máquina –agregó– y demostramos que el poder popular es más fuerte que el poder del dinero”.
La frase, breve, fue casi como una declaración de principios, y fue la que llevó a los viejos líderes demócratas a declararse en “estado de angustia”, citaron en térmicos casi idénticos el The New York Times y The Washington Post, dos de los diarios más influyentes del espectro periodístico norteamericano. «En mi opinión el triunfo de Abdul es el más extraordinario de lo que pueda recordar en la política moderna de Estados Unidos», dijo el veterano senador Bernie Sanders (85 años), uno de los primeros políticos que militó la candidatura de El Sayed. El neoyorquino Zohran Mamdani (autodefinido como socialista) elogió la performance de su compañero de ruta de Michigan y aseguró que «con Bernie, con él y con tantos compañeros estamos sembrando para cosechar la nueva América».

En más de un año de laboriosa campaña que lo llevó de ser políticamente poco más que de la nada a una de las figuras nacionales que carga con la responsabilidad de arrebatarles a los republicanos una banca clave en el Senado, El Sayed se centró en los temas de “sacar el dinero empresarial” de la política electoral, mejorar la situación económica de las mayorías y establecer un modelo de salud universal. Sin embargo, fue su exigencia de eliminar los comandos caza inmigrantes y garantizar el fin de la asistencia militar al gobierno de Israel y el genocidio en Gaza, lo que asustó a la cúpula demócrata, a las organizaciones del lobby proisraelí y a los defensores desembozados del régimen de Beniamin Netanyahu.
El poderoso Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), el mayor lobby israelí, fue el primero en reaccionar. Mucho más que duplicó su “inversión” –así le llaman, sin pudores, al financiamiento de los candidatos– con respecto a las primarias de cuatro años atrás. Según datos oficiales, de 29,3 millones de dólares en 2022 este año ya sobrepasó los 67 millones. The New York Times dijo que el AIPAC financió 109 avisos de televisión pero sólo seis hacían referencia directa a Israel, una prueba de que la causa proisraelí ya no es tan provechosa como supo serlo. No olvidó que Michigan es un estado con mayor porcentaje de población árabe, y mejor era volcar 30 millones extra a las redes, un terreno en el que prendió fuerte el discurso de El Sayed sobre Netanyahu.
Todo se arregla con plata. “Money, money, money”, cantaba Liza Minnelli en Cabaret. El grupo interno demócrata Third Way “invertirá” 15 millones más para “neutralizar a esos radicales de extrema izquierda”, en clara alusión a Bernie Sanders, Abdul el Sayed, Zohran Mamdadi, Angie Nixon (ver aparte) y los que convocan a construir en las calles, “ladrillo sobre ladrillo, puerta por puerta, y para eso caminan los rincones de todas las ciudades para conocer lo que desean los votantes, cambios reales, no cautelosos”.
Tras agradecer el apoyo recibido de parte de sus pares, del sindicato automotriz nacional (Michigan es el epicentro histórico de la industria), de las asociaciones de docentes, enfermeros, trabajadores públicos y de los servicios y los grandes empleadores (Wallmart y McDonald’s), El Sayed aseguró que “entonces, cuando nos unamos, construiremos al David que derrote a Goliat”.

Doble sopapo a Trump en su propia casa
Los pagos por adopción de Donald Trump, el estado sureño de Florida en el que se refugió, allí donde crece Miami, donde el presidente levantó su ofensivo country y construyó el club de golf que comparte sólo con los elegidos que pusieron millones, muchos, para conformar una selecta membresía, acaban de darle dos sopapos de una vez al hombre que sueña con ahogar al mundo, de este a oeste, y arrasar con sus revoluciones y sus culturas. El doble disgusto llegó con las primarias celebradas por republicanos y demócratas el martes 18, y que habían tenido otra muestra similar en Michigan (el 11/8) y decenas más desde febrero.
En Florida, un estado que se derechizó al extremo con la llegada de la llamada “gusanería cubana”, los prófugos políticos de todas partes y los venezolanos que erizaron su piel ante las proclamas de Hugo Chávez, dos candidatos fogoneados por Trump perdieron sus primarias. No podrán competir en nombre del Partido Republicano en la elección de una banca de la Legislatura estadual. Otros vendrán, trumpistas también, pero no los hombres del presidente. Por otro lado, el ala demócrata a la que generosamente definen como “los progresistas” –los Socialistas Democráticos de América (SDA)– se anotaron una inesperada victoria para competir por el Senado. Angie Nixon fue la elegida: mujer y negra.
Con una financiación 16 veces menor que la de su rival partidario –Alexander Vindman, un ex servicio secreto del ejército– Nixon triunfó por 12 puntos. Durante su campaña recaudó sólo 975 mil dólares que no le alcanzaron ni para pagar un solo spot televisivo, mientras el establishment demócrata le aseguró a Vindman 16,3 millones. Nixon celebró a través de sus redes. “Lo logramos –escribió– caminando, puerta por puerta, sin aceptar ni un centavo del PAC ni cheques corporativos, nada de maquinaria financiada por multimillonarios. Sólo una campaña de base, impulsada por personas como vos, como ustedes, como yo”. El PAC es una organización autorizada para recaudar “donaciones anónimas” que destina a influir en las elecciones.
Mundo – Tiempo Argentino