Los recientes triunfos electorales de unos 250 de miembros de los Democratic Socialists of America, incluyendo a Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York y a la diputada por Detroit, Rashida Tlaib, han desatado un fenómeno similar al macartismo y la Guerra Fría en Estados Unidos. Trump ha denunciado la presencia comunista y el Departamento de Estado ha acusado, abiertamente, a Cuba de ser responsable de esta situación. Al mismo tiempo, los medios de comunicación vienen alentando la posible campaña presidencial de la diputada Alexandria Ocasio-Cortez, también integrante de los DSA.
Todos insisten que los jóvenes yanquis se han “volcado al socialismo” por primera vez en la historia. Algunos hasta han remarcado, con preocupación, la elección de dos concejales comunistas en Bangor, Maine, e Ithaca, Nueva York. Lo significativo es que serían los primeros abiertamente PC electos desde 1947.
¿Qué esta pasando? Primero relativicemos un poco la cuestión. En 1949, 538 municipalidades tenían alcaldes socialistas, el Partido Socialista tenía decenas de legisladores estaduales y nacionales, el Partido Comunista había electo como diputados, a través del American Labor Party, a Vito Marcantonio, Hugh DeLacy y Leo Isaacson. Nueva York, California, Minnesota, Wisconsin, Dakota del Sur todos eran estados con fuertes contingentes socialistas y comunistas. Si bien el actual crecimiento electoral del socialismo es importante, aún no ha llegado al desarrollo que tuvo en 1950. Fue el macartismo el que eliminó este desarrollo. De hecho, hoy en día sobre 435 diputados nacionales, sólo seis se consideran genéricamente socialistas.
En segundo lugar, la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016 y 2020, politizó una cantidad importante de jóvenes universitarios. Pero también, las campañas de Donald Trump tuvieron fuerte eco entre los jóvenes de las docenas de universidades evangélicas. Lo cierto es que la politización juvenil ha aumentado mucho en la última década.
Por otro lado, el “fenómeno” de Ocasio-Cortez (AOC) es de compleja interpretación. Las encuestas insisten que AOC es la política más confiable y es considerada como la más honesta. Al mismo tiempo, sólo 8% de los encuestados, con opinión favorable, consideran que la podrían votar. Si bien concita mucho apoyo entre estudiantes de las universidades de elite, tiene bastante menos entre trabajadores y obreros del que obtuvo Bernie Sanders hace una década. Esto a pesar de que AOC tiene un pasado como trabajadora de restaurante. Quizás se debe a que su discurso es más progresista que socialista; en realidad, la palabra socialismo (o clase obrera) brilla por su ausencia en sus discursos.
La historia de los DSA reviste interés. Se originó en un sector del trotskismo vinculado con Max Schachtman, que primero se planteó un frente con el PS dirigido por el pacifista Norman Thomas, para luego practicar el entrismo en el Partido Demócrata. Durante varias décadas tuvieron escaso éxito, hasta hace unos 15 años cuando gracias a haber apoyado a Sanders, comenzaron a crecer. Al mismo tiempo, adoptó una estructura de tendencias internas donde coexisten desde trotskistas y maoístas, hasta viejos comunistas, anarquistas y una amplia mayoría socialdemócrata. De cualquier manera, los DSA contaban con 5000 afiliados en 2016, pero diez años más tarde habían crecido a 120 mil. Teniendo en cuenta una cantidad importante de matices.es indudable que hay un crecimiento “socialista” y de izquierda no visto desde los años inmediatos de la posguerra.
Pero, más allá de que Trump despotrique sobre el peligro comunista, ¿cuán socialistas son los DSA o si es por eso su portaestandarte AOC? En realidad, el apoyo de los DSA reside principalmente en sectores medios progresistas, con escasa incidencia entre obreros si bien tienen buena relación con las direcciones de los gremios automotrices y los mecánicos (cuya base ha votado mayoritariamente por Trump). De hecho, las propuestas de los DSA son muy poco socialistas en el sentido de Marx y Engels. En realidad, están más cercanos al liberalismo de Roosevelt y el New Deal que al viejo Partido Socialista norteamericano.
Por ejemplo, sus propuestas se centran en una educación superior gratuita, en un seguro nacional de salud, la protección del medio ambiente, un “control democrático de la economía”, y las reivindicaciones que han sido denominadas como “woke”. En cambio, no dicen casi nada sobre salarios, estabilidad laboral, derechos de los trabajadores, sindicalización.
Que la agenda woke ha enajenado a mucha gente trabajadora fue admitido por AOC cuando planteó, el mes pasado, en una entrevista con la cadena ABC, que “la primera etapa woke fue una locura”. Esto podría significar un retorno a un socialismo más clasista, pero para varios analistas lo que parece ocurrir es que hay corrimiento de los DSA y AOC hacia “el centro” para ampliar su base electoral. Esto significa que la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes durante el gobierno de Biden, dijo que “con AOC se puede trabajar”, mientras que el diputado Jamie Raskin planteó la importancia de darle un lugar en el Partido Demócrata.
Lo que parece estar ocurriendo es que los DSA, y AOC en particular, les son útiles al trumpismo para volver a lanzar una especie de macartismo 2.0 que unifique su base electoral y amedrente a la ciudadanía con el peligro del enemigo interno, y quizás hasta logre fracturar a la oposición. A su vez para los demócratas, figuras como AOC les permite plantear que se están renovando luego de numerosos fracasos electorales.
AOC, que apoyó la candidatura de Kamala Harris, es una socialista “potable”. Pero los sectores más tradicionales del PD no concuerdan y, al igual que hicieron con Sanders, no quieren cederle espacios. Esto también ha tensionado a los DSA: varias de sus tendencias internas han planteado resoluciones retirándole el apoyo a AOC. Por debajo la realidad es que la crisis norteamericana continúa y nadie parece ofrecerle respuestas a la ciudadanía.
La reaparición del fantasma comunista en Estados Unidos: ¿avance real del socialismo o un fenómeno progresista funcional a las disputas entre el trumpismo y el Partido Demócrata?
Los recientes triunfos electorales de unos 250 de miembros de los Democratic Socialists of America, incluyendo a Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York y a la diputada por Detroit, Rashida Tlaib, han desatado un fenómeno similar al macartismo y la Guerra Fría en Estados Unidos. Trump ha denunciado la presencia comunista y el Departamento de Estado ha acusado, abiertamente, a Cuba de ser responsable de esta situación. Al mismo tiempo, los medios de comunicación vienen alentando la posible campaña presidencial de la diputada Alexandria Ocasio-Cortez, también integrante de los DSA.
Todos insisten que los jóvenes yanquis se han “volcado al socialismo” por primera vez en la historia. Algunos hasta han remarcado, con preocupación, la elección de dos concejales comunistas en Bangor, Maine, e Ithaca, Nueva York. Lo significativo es que serían los primeros abiertamente PC electos desde 1947.
¿Qué esta pasando? Primero relativicemos un poco la cuestión. En 1949, 538 municipalidades tenían alcaldes socialistas, el Partido Socialista tenía decenas de legisladores estaduales y nacionales, el Partido Comunista había electo como diputados, a través del American Labor Party, a Vito Marcantonio, Hugh DeLacy y Leo Isaacson. Nueva York, California, Minnesota, Wisconsin, Dakota del Sur todos eran estados con fuertes contingentes socialistas y comunistas. Si bien el actual crecimiento electoral del socialismo es importante, aún no ha llegado al desarrollo que tuvo en 1950. Fue el macartismo el que eliminó este desarrollo. De hecho, hoy en día sobre 435 diputados nacionales, sólo seis se consideran genéricamente socialistas.
En segundo lugar, la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016 y 2020, politizó una cantidad importante de jóvenes universitarios. Pero también, las campañas de Donald Trump tuvieron fuerte eco entre los jóvenes de las docenas de universidades evangélicas. Lo cierto es que la politización juvenil ha aumentado mucho en la última década.
Por otro lado, el “fenómeno” de Ocasio-Cortez (AOC) es de compleja interpretación. Las encuestas insisten que AOC es la política más confiable y es considerada como la más honesta. Al mismo tiempo, sólo 8% de los encuestados, con opinión favorable, consideran que la podrían votar. Si bien concita mucho apoyo entre estudiantes de las universidades de elite, tiene bastante menos entre trabajadores y obreros del que obtuvo Bernie Sanders hace una década. Esto a pesar de que AOC tiene un pasado como trabajadora de restaurante. Quizás se debe a que su discurso es más progresista que socialista; en realidad, la palabra socialismo (o clase obrera) brilla por su ausencia en sus discursos.
La historia de los DSA reviste interés. Se originó en un sector del trotskismo vinculado con Max Schachtman, que primero se planteó un frente con el PS dirigido por el pacifista Norman Thomas, para luego practicar el entrismo en el Partido Demócrata. Durante varias décadas tuvieron escaso éxito, hasta hace unos 15 años cuando gracias a haber apoyado a Sanders, comenzaron a crecer. Al mismo tiempo, adoptó una estructura de tendencias internas donde coexisten desde trotskistas y maoístas, hasta viejos comunistas, anarquistas y una amplia mayoría socialdemócrata. De cualquier manera, los DSA contaban con 5000 afiliados en 2016, pero diez años más tarde habían crecido a 120 mil. Teniendo en cuenta una cantidad importante de matices.es indudable que hay un crecimiento “socialista” y de izquierda no visto desde los años inmediatos de la posguerra.
Pero, más allá de que Trump despotrique sobre el peligro comunista, ¿cuán socialistas son los DSA o si es por eso su portaestandarte AOC? En realidad, el apoyo de los DSA reside principalmente en sectores medios progresistas, con escasa incidencia entre obreros si bien tienen buena relación con las direcciones de los gremios automotrices y los mecánicos (cuya base ha votado mayoritariamente por Trump). De hecho, las propuestas de los DSA son muy poco socialistas en el sentido de Marx y Engels. En realidad, están más cercanos al liberalismo de Roosevelt y el New Deal que al viejo Partido Socialista norteamericano.
Por ejemplo, sus propuestas se centran en una educación superior gratuita, en un seguro nacional de salud, la protección del medio ambiente, un “control democrático de la economía”, y las reivindicaciones que han sido denominadas como “woke”. En cambio, no dicen casi nada sobre salarios, estabilidad laboral, derechos de los trabajadores, sindicalización.
Que la agenda woke ha enajenado a mucha gente trabajadora fue admitido por AOC cuando planteó, el mes pasado, en una entrevista con la cadena ABC, que “la primera etapa woke fue una locura”. Esto podría significar un retorno a un socialismo más clasista, pero para varios analistas lo que parece ocurrir es que hay corrimiento de los DSA y AOC hacia “el centro” para ampliar su base electoral. Esto significa que la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes durante el gobierno de Biden, dijo que “con AOC se puede trabajar”, mientras que el diputado Jamie Raskin planteó la importancia de darle un lugar en el Partido Demócrata.
Lo que parece estar ocurriendo es que los DSA, y AOC en particular, les son útiles al trumpismo para volver a lanzar una especie de macartismo 2.0 que unifique su base electoral y amedrente a la ciudadanía con el peligro del enemigo interno, y quizás hasta logre fracturar a la oposición. A su vez para los demócratas, figuras como AOC les permite plantear que se están renovando luego de numerosos fracasos electorales.
AOC, que apoyó la candidatura de Kamala Harris, es una socialista “potable”. Pero los sectores más tradicionales del PD no concuerdan y, al igual que hicieron con Sanders, no quieren cederle espacios. Esto también ha tensionado a los DSA: varias de sus tendencias internas han planteado resoluciones retirándole el apoyo a AOC. Por debajo la realidad es que la crisis norteamericana continúa y nadie parece ofrecerle respuestas a la ciudadanía.
Mundo – Tiempo Argentino