El poder naval chino

Muchas veces leemos que en la actual crisis mundial la República Popular China ha tomado distancia de los acontecimientos. Claro, no faltan las declaraciones oficiales de Beijing acerca de las violaciones a los Derechos Humanos, los crímenes cometidos por occidente contra las leyes internacionales, los pedidos para resolver los problemas en el marco institucional de las Naciones Unidas. Pero eso no significa que China esté inactiva. Por el contrario, está bien presente, siempre de manera tan discreta como efectiva. Es tiempo de hablar del poder naval chino.

Recordemos que China fue saqueada por occidente durante el siglo XIX y gran parte del XX. En la arrogancia colonial, valga la redundancia, los imperialistas aducían la escasa capacidad y pericia marítima del pueblo chino como excusa para justificar la sumisión. Lo leímos en Mahan, hace poco. Lo leemos hoy en Karp, hay civilizaciones retrasadas. Pero ese esencialismo que es la fuente de todas las ignorancias, los errores y las matanzas no resiste el análisis histórico. Un siglo antes que comenzase el genocidio de América a partir de 1492, las flotas chinas surcaban mares y océanos, en naves sorprendentes por tamaño y eficiencia. Tanto que descubrieron África a principios del siglo XV… para establecer relaciones, intercambiar regalos, fomentar el comercio, dejar embajadores chinos en el lugar y llevar embajadores al Imperio del Medio. Era el resultado del desarrollo naval chino a través de tres dinastías distintas en más de cuatro siglos. Mandaron plantar infinitos bosques para construir barcos de alta mar, cuya manga y eslora aun sorprenden a los estudiosos. También se crearon astilleros, donde se desarrolló la primera línea de montaje, mientras los europeos apenas superaban las balandras, galeras a remo y presumían de galeones.

Esa tradición marítima decayó con el tiempo. Ya no había poder naval chino significativo cuando Mao proclama la República Popular en 1949. Los Estados Unidos decidieron establecer un “cordón sanitario” de bases militares que cerquen China, dispersas en una multitud de islas. Hubo que esperar a 1982 para que surgiese una doctrina china acerca del dominio del mar, lo que significa que ya estaba pensada desde bastante antes. En efecto, según Le Grand Continent (sitio web bilingüe en español), es el comisario político  llamado Liu Huaqing (1916-2011), sobreviviente de la Larga Marcha (1934-1935), que deberá pensar la presencia nacional en los mares y no sólo en la franja costera. A tal efecto, Liu es enviado a Rusia de 1954 a 1958. Allí se encontrará con el Almirante Sergei Gorshkov (1910-1988), dos veces héroe de la Unión Soviética, de reconocida competencia militar y además teórico del poder naval. Al regreso, Huaquing planifica submarinos, naves y portaaviones… ¡que en 1960 sólo existían en el papel! Se debe desarrollar a gran escala tanto la industria naval civil como la militar. Hay que pasar de la protección cercana de las costas a la defensa activa de los mares, primero, y a la presencia oceánica global después. Con las particularidades chinas, por supuesto, ya que no se trata de copiar lo de un tiempo y un lugar sino de adoptar y adaptar acorde a los objetivos políticos. Comienzan los tiempos de la “defensa activa”. De hecho, “para la marina china lo que cuenta no es sólo el blindaje que protege el casco del buque, sino lo que lleva embarcado en materia de sistemas de armas modernas”. Significa la incorporación de tecnología avanzada como drones, inteligencia artificial y misiles hipersónicos.

La prensa occidental toma buena nota que el número total de naves operativas es mayor que el de Estados Unidos, aunque argumentan que la Armada china carece de las capacidades y de la experiencia de los estadounidenses. Es cuando empiezan las críticas. Si la productividad industrial de los astilleros chinos es superior, entonces significa que las naves son deficientes. El armamento chino no ha sido probado en batalla. La estructura burocrática típica del comunismo impedirá respuestas a en tiempo real durante situaciones concretas.

Los informes militares que llegan al Congreso de Estados Unidos son un poco más serios. Actan los avances realizados por China, así como señalan que los márgenes de superioridad norteamericana ya no son tan amplios como antes. También es una buena ocasión para solicitar más presupuesto. Y eso, en parte, es un error. No sólo es la cantidad de “plataformas” -que así les dicen a los barcos- que pueden ser desplegadas, sino la calidad que transportan en medios de combate. Pero también es esencial la doctrina naval que se aplica, o mejor aún, la filosofía que permite alcanzar los objetivos nacionales. Es así que la potencia naval china existe para ser una fuerza de disuasión en tiempos de crisis, también es capaz de responder frente a amenazas existenciales. Hace pocos días dos petroleros chinos pasaron sin problemas el bloqueo norteamericano del bloque de Ormuz, quizás gracias a la presencia de tres naves de la armada china en las proximidades. Apa. Sin tirar un tiro, en discreto silencio. ¿No será entonces que lograr la victoria sin pelear es la cima de la estrategia? Gracias a Liu Huaqing –y tantos otros más- es posible aplicar a Sun Tsu en alta mar, a 25 siglos del “Arte de la Guerra”. Las ventajas de ser una civilización milenaria en un tiempo confuso.

 Del desprecio colonial a la supremacía en alta mar: China reconstruye su orgullo naval y pone en jaque el histórico «cordón sanitario» de los Estados Unidos.  

Muchas veces leemos que en la actual crisis mundial la República Popular China ha tomado distancia de los acontecimientos. Claro, no faltan las declaraciones oficiales de Beijing acerca de las violaciones a los Derechos Humanos, los crímenes cometidos por occidente contra las leyes internacionales, los pedidos para resolver los problemas en el marco institucional de las Naciones Unidas. Pero eso no significa que China esté inactiva. Por el contrario, está bien presente, siempre de manera tan discreta como efectiva. Es tiempo de hablar del poder naval chino.

Recordemos que China fue saqueada por occidente durante el siglo XIX y gran parte del XX. En la arrogancia colonial, valga la redundancia, los imperialistas aducían la escasa capacidad y pericia marítima del pueblo chino como excusa para justificar la sumisión. Lo leímos en Mahan, hace poco. Lo leemos hoy en Karp, hay civilizaciones retrasadas. Pero ese esencialismo que es la fuente de todas las ignorancias, los errores y las matanzas no resiste el análisis histórico. Un siglo antes que comenzase el genocidio de América a partir de 1492, las flotas chinas surcaban mares y océanos, en naves sorprendentes por tamaño y eficiencia. Tanto que descubrieron África a principios del siglo XV… para establecer relaciones, intercambiar regalos, fomentar el comercio, dejar embajadores chinos en el lugar y llevar embajadores al Imperio del Medio. Era el resultado del desarrollo naval chino a través de tres dinastías distintas en más de cuatro siglos. Mandaron plantar infinitos bosques para construir barcos de alta mar, cuya manga y eslora aun sorprenden a los estudiosos. También se crearon astilleros, donde se desarrolló la primera línea de montaje, mientras los europeos apenas superaban las balandras, galeras a remo y presumían de galeones.

Esa tradición marítima decayó con el tiempo. Ya no había poder naval chino significativo cuando Mao proclama la República Popular en 1949. Los Estados Unidos decidieron establecer un “cordón sanitario” de bases militares que cerquen China, dispersas en una multitud de islas. Hubo que esperar a 1982 para que surgiese una doctrina china acerca del dominio del mar, lo que significa que ya estaba pensada desde bastante antes. En efecto, según Le Grand Continent (sitio web bilingüe en español), es el comisario político  llamado Liu Huaqing (1916-2011), sobreviviente de la Larga Marcha (1934-1935), que deberá pensar la presencia nacional en los mares y no sólo en la franja costera. A tal efecto, Liu es enviado a Rusia de 1954 a 1958. Allí se encontrará con el Almirante Sergei Gorshkov (1910-1988), dos veces héroe de la Unión Soviética, de reconocida competencia militar y además teórico del poder naval. Al regreso, Huaquing planifica submarinos, naves y portaaviones… ¡que en 1960 sólo existían en el papel! Se debe desarrollar a gran escala tanto la industria naval civil como la militar. Hay que pasar de la protección cercana de las costas a la defensa activa de los mares, primero, y a la presencia oceánica global después. Con las particularidades chinas, por supuesto, ya que no se trata de copiar lo de un tiempo y un lugar sino de adoptar y adaptar acorde a los objetivos políticos. Comienzan los tiempos de la “defensa activa”. De hecho, “para la marina china lo que cuenta no es sólo el blindaje que protege el casco del buque, sino lo que lleva embarcado en materia de sistemas de armas modernas”. Significa la incorporación de tecnología avanzada como drones, inteligencia artificial y misiles hipersónicos.

La prensa occidental toma buena nota que el número total de naves operativas es mayor que el de Estados Unidos, aunque argumentan que la Armada china carece de las capacidades y de la experiencia de los estadounidenses. Es cuando empiezan las críticas. Si la productividad industrial de los astilleros chinos es superior, entonces significa que las naves son deficientes. El armamento chino no ha sido probado en batalla. La estructura burocrática típica del comunismo impedirá respuestas a en tiempo real durante situaciones concretas.

Los informes militares que llegan al Congreso de Estados Unidos son un poco más serios. Actan los avances realizados por China, así como señalan que los márgenes de superioridad norteamericana ya no son tan amplios como antes. También es una buena ocasión para solicitar más presupuesto. Y eso, en parte, es un error. No sólo es la cantidad de “plataformas” -que así les dicen a los barcos- que pueden ser desplegadas, sino la calidad que transportan en medios de combate. Pero también es esencial la doctrina naval que se aplica, o mejor aún, la filosofía que permite alcanzar los objetivos nacionales. Es así que la potencia naval china existe para ser una fuerza de disuasión en tiempos de crisis, también es capaz de responder frente a amenazas existenciales. Hace pocos días dos petroleros chinos pasaron sin problemas el bloqueo norteamericano del bloque de Ormuz, quizás gracias a la presencia de tres naves de la armada china en las proximidades. Apa. Sin tirar un tiro, en discreto silencio. ¿No será entonces que lograr la victoria sin pelear es la cima de la estrategia? Gracias a Liu Huaqing –y tantos otros más- es posible aplicar a Sun Tsu en alta mar, a 25 siglos del “Arte de la Guerra”. Las ventajas de ser una civilización milenaria en un tiempo confuso.

 Mundo – Tiempo Argentino

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