El nuevo presidente de Colombia es Abelardo de la Espriella, investido el viernes último en una ceremonia atípica, fuera de la capital, Bogotá, lo que ya fue una ruptura de la tradición histórica del país.
De la Espriella, el “Tigre”, lo hizo sosteniendo sus pilares discursivos y políticos. Su amistad con los Estados Unidos, país del que es ciudadano, ya rindió sus frutos, con el anuncio del departamento de Estado del gobierno de Donald Trump de enviar 1000 millones de dólares para seguridad. Su promesa de “recuperar el orden” frente al crimen organizado asumiendo como bandera las políticas del expresidente Álvaro Uribe, en cuyo gobierno proliferaron los grupos paramilitares y los falsos positivos; y sus ansias de recortar el Estado en “un 40%” y ampliar la “libertad” del sector económico, lo muestran aferrado al consignismo típico de la nueva extrema derecha que se establece en países de la región, entre ellos Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Perú y Panamá.

Para no dejar dudas, la foto que eligió para popularizar su asunción lo mostraba haciendo una venia, saludo militar por antonomasia. “Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad», proclamó en el acto del viernes en la Arena de la Universidad Santiago de Cali (USC), en lugar del Capitolio Nacional, sede del Congreso.
Un acto que tuvo una estética que recuerda a los mitines políticos de partidos estadounidendes, y que incluyó, además de los discursos oficiales de funcionarios y representantes del Parlamento, una pátina litúrgica coronada con la imagen de la Virgen y las intervenciones de religiosos, curas y pastores, dando la bendición al nuevo gobierno. Al acto asistieron el rey de España, Felipe VI y una decena de jefes de Estado y de gobierno, además de dos vicepresidentes, 15 cancilleres y otras autoridades internacionales.
Entre los presidentes se encontraban Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; Laura Fernández, de Costa Rica; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; José Antonio Kast, de Chile, y Nasry Asfura, de Honduras. El fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, encabezó la delegación oficial enviada por el presidente Donald Trump a la investidura de De la Espriella. En tanto, los exmandatarios colombianos que asistieron fueron César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque. También estuvo el titular de la FIFA, Gianni Infantino.

A De la Espriella, que para no desentonar con sus colegas regionales, anunció el comienzo de la “era dorada de las relaciones entre Colombia e Israel”, al estrechar la mano de su “amigo” Gideon Sa’ar, ministro de Relaciones Exteriores israelí, le toca ahora demostrar cómo pasa de la puesta en escena a lo concreto. Si será un presidente democrático que respete la división de poderes y represente a todo el pueblo colombiano, como prometió en el acto, o si seguirá a pie juntillas los lineamientos impartidos por su segunda patria y los poderes económicos, como caracteriza a otros gobiernos de su signo.
Lo que sí viene demostrando es que el “Tigre” repite los esquemas gestuales con los que se han popularizado los líderes principales de la extrema derecha, sostenida fundamentalmente en tres pilares: redes sociales, Inteligencia Artificial y discurso místico. En sus cuentas, De la Espriella ha viralizado imágenes familiares, estampas, con su esposa y sus cuatro hijos, de una familia “perfecta” según los comentarios de sus seguidores, o videos de situaciones personales, como el que lo muestra entrando a su lujosa vivienda y siendo recibido por su pequeña hija a quien obsequia un tigrecito de peluche, en una cuidada producción de aparente espontaneidad, que aprovecha el máximo el lenguaje de ese formato comunicacional.
A lo largo de estas semanas, el presidente fue presentando a todas las figuras que integran su Gabinete. En ese sentido, no se le puede atribuir pérdida de tiempo: llegó a la asunción con todos sus ministros y funcionarios principales elegidos. A cada nombramiento, el equipo del presidente presentó a los nuevos miembros con videos generados con IA, mostrando a ministros y ministras en situaciones ficticias, recreaciones de momentos que nunca ocurrieron ni, en muchos casos ocurrirán. En la mayoría de los casos, los videos culminan con el funcionario caminando al lado de un tigre -misma estética de los mileístas en Argentina- en referencia al apodo del presidente, aunque se trate de un tigre africano, nada más lejos de la fauna colombiana.
La liturgia vista el viernes en el acto de asunción no es casual ni fue introducida por presión de los sectores eclesiásticos. De la Espriella exhibió manifiestamente su vocación religiosa y acompañó toda su campaña con un discurso misticista que se expresa en la consigna de la “Patria Milagro”, como llama a la gestión que acaba de comenzar.
Días antes de asumir, el presidente lideró un encuentro con todo su equipo de gobierno anunciado como “un espacio de reflexión, unidad y preparación espiritual antes de asumir la responsabilidad histórica de gobernar Colombia”. Ese retiro espiritual, había dicho un comunicado oficial, era la expresión “más clara de los valores que orientarán su gobierno”. Decía que la “Patria Milagro” se construye “con fe” y con “la guía de Dios”. Las semejanzas con las “fuerzas del cielo” son manifiestas. «

“Desobediencia civil pacífica”
“Desobediencia civil pacífica”
El excandidato a la presidencia de Colombia, Iván Cepeda, anunció el viernes, mismo día de la asunción de Abelardo de la Espriella, la conformación de un «Gabinete de la Vida» para hacer oposición «desde la razón» a las políticas del presidente de extrema derecha. Cepeda es senador del Pacto Histórico, partido de izquierda con el que gobernó el presidente saliente Gustavo Petro.
Desde la localidad de Barranquilla el político de 63 años, precisó ante centenares de personas que este «Gabinete» tiene por misión «controvertir con sólidos argumentos e información las políticas» del nuevo Ejecutivo.
Asimismo, esta oposición busca «avanzar y profundizar al máximo en las reformas sociales que no permitiremos le sean arrebatadas a la gente».
«No responderemos al odio con odio, ni al autoritarismo con violencia. Responderemos con la fuerza de la razón, con la movilización ciudadana, con la organización popular y con la esperanza», señalado el ahora líder de la oposición en Colombia.
«La desobediencia civil pacífica que hoy comienza a expresarse constituye una respuesta democrática frente a lo que consideramos una grave amenaza para la República. Será una desobediencia inspirada en la Constitución, en los principios de la no violencia y en la defensa inquebrantable de la dignidad humana», declaró acompañado por diputados de su fuerza política.
Cepeda reiteró que no reconoce la legitimidad de De la Espriella para presidir el país, alegando que será «agente al servicio de los intereses de Estados Unidos», lo cual, representa una «incompatibilidad insalvable» con el deber de representar la soberanía y los intereses de Colombia.
117 presos
Entre las primeras medidas, el presidente De la Espriella dio una orden muy en sintonía con su posición diametralmente opuesta al proceso de paz iniciado durante el gobierno de Juan Manuel Santos y sostenido como bandera por el saliente Gustavo Petro. De la Espriella ordenó el inmediato traslado de 117 presos «de alto perfil» vinculados a las negociaciones de paz con los grupos armados con el objetivo de reforzar la seguridad de las prisiones y romper cualquier estructura carcelaria que hayan organizado.
«La medida busca fortalecer el control penitenciario, elevar las condiciones de seguridad y contener cualquier capacidad de las estructuras criminales para mantener, coordinar o fortalecer sus actividades desde las cárceles», indicó una nota de Presidencia. De la Espriella vinculó esta decisión con su promesa de mano dura contra el narco y el crimen organizado en Colombia.
El «Tigre» es ciudadano estadounidense y su asunción como presidente de Colombia tuvo una estética típica del Imperio. Llega con promesas de mano durísima, libertad de mercado, alta religiosidad y acercamiento a Israel. La ultraderecha más rancia se juntó en Cali.
El nuevo presidente de Colombia es Abelardo de la Espriella, investido el viernes último en una ceremonia atípica, fuera de la capital, Bogotá, lo que ya fue una ruptura de la tradición histórica del país.
De la Espriella, el “Tigre”, lo hizo sosteniendo sus pilares discursivos y políticos. Su amistad con los Estados Unidos, país del que es ciudadano, ya rindió sus frutos, con el anuncio del departamento de Estado del gobierno de Donald Trump de enviar 1000 millones de dólares para seguridad. Su promesa de “recuperar el orden” frente al crimen organizado asumiendo como bandera las políticas del expresidente Álvaro Uribe, en cuyo gobierno proliferaron los grupos paramilitares y los falsos positivos; y sus ansias de recortar el Estado en “un 40%” y ampliar la “libertad” del sector económico, lo muestran aferrado al consignismo típico de la nueva extrema derecha que se establece en países de la región, entre ellos Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Perú y Panamá.

Para no dejar dudas, la foto que eligió para popularizar su asunción lo mostraba haciendo una venia, saludo militar por antonomasia. “Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad», proclamó en el acto del viernes en la Arena de la Universidad Santiago de Cali (USC), en lugar del Capitolio Nacional, sede del Congreso.
Un acto que tuvo una estética que recuerda a los mitines políticos de partidos estadounidendes, y que incluyó, además de los discursos oficiales de funcionarios y representantes del Parlamento, una pátina litúrgica coronada con la imagen de la Virgen y las intervenciones de religiosos, curas y pastores, dando la bendición al nuevo gobierno. Al acto asistieron el rey de España, Felipe VI y una decena de jefes de Estado y de gobierno, además de dos vicepresidentes, 15 cancilleres y otras autoridades internacionales.
Entre los presidentes se encontraban Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; Laura Fernández, de Costa Rica; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; José Antonio Kast, de Chile, y Nasry Asfura, de Honduras. El fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, encabezó la delegación oficial enviada por el presidente Donald Trump a la investidura de De la Espriella. En tanto, los exmandatarios colombianos que asistieron fueron César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque. También estuvo el titular de la FIFA, Gianni Infantino.

A De la Espriella, que para no desentonar con sus colegas regionales, anunció el comienzo de la “era dorada de las relaciones entre Colombia e Israel”, al estrechar la mano de su “amigo” Gideon Sa’ar, ministro de Relaciones Exteriores israelí, le toca ahora demostrar cómo pasa de la puesta en escena a lo concreto. Si será un presidente democrático que respete la división de poderes y represente a todo el pueblo colombiano, como prometió en el acto, o si seguirá a pie juntillas los lineamientos impartidos por su segunda patria y los poderes económicos, como caracteriza a otros gobiernos de su signo.
Lo que sí viene demostrando es que el “Tigre” repite los esquemas gestuales con los que se han popularizado los líderes principales de la extrema derecha, sostenida fundamentalmente en tres pilares: redes sociales, Inteligencia Artificial y discurso místico. En sus cuentas, De la Espriella ha viralizado imágenes familiares, estampas, con su esposa y sus cuatro hijos, de una familia “perfecta” según los comentarios de sus seguidores, o videos de situaciones personales, como el que lo muestra entrando a su lujosa vivienda y siendo recibido por su pequeña hija a quien obsequia un tigrecito de peluche, en una cuidada producción de aparente espontaneidad, que aprovecha el máximo el lenguaje de ese formato comunicacional.
A lo largo de estas semanas, el presidente fue presentando a todas las figuras que integran su Gabinete. En ese sentido, no se le puede atribuir pérdida de tiempo: llegó a la asunción con todos sus ministros y funcionarios principales elegidos. A cada nombramiento, el equipo del presidente presentó a los nuevos miembros con videos generados con IA, mostrando a ministros y ministras en situaciones ficticias, recreaciones de momentos que nunca ocurrieron ni, en muchos casos ocurrirán. En la mayoría de los casos, los videos culminan con el funcionario caminando al lado de un tigre -misma estética de los mileístas en Argentina- en referencia al apodo del presidente, aunque se trate de un tigre africano, nada más lejos de la fauna colombiana.
La liturgia vista el viernes en el acto de asunción no es casual ni fue introducida por presión de los sectores eclesiásticos. De la Espriella exhibió manifiestamente su vocación religiosa y acompañó toda su campaña con un discurso misticista que se expresa en la consigna de la “Patria Milagro”, como llama a la gestión que acaba de comenzar.
Días antes de asumir, el presidente lideró un encuentro con todo su equipo de gobierno anunciado como “un espacio de reflexión, unidad y preparación espiritual antes de asumir la responsabilidad histórica de gobernar Colombia”. Ese retiro espiritual, había dicho un comunicado oficial, era la expresión “más clara de los valores que orientarán su gobierno”. Decía que la “Patria Milagro” se construye “con fe” y con “la guía de Dios”. Las semejanzas con las “fuerzas del cielo” son manifiestas. «

“Desobediencia civil pacífica”
“Desobediencia civil pacífica”
El excandidato a la presidencia de Colombia, Iván Cepeda, anunció el viernes, mismo día de la asunción de Abelardo de la Espriella, la conformación de un «Gabinete de la Vida» para hacer oposición «desde la razón» a las políticas del presidente de extrema derecha. Cepeda es senador del Pacto Histórico, partido de izquierda con el que gobernó el presidente saliente Gustavo Petro.
Desde la localidad de Barranquilla el político de 63 años, precisó ante centenares de personas que este «Gabinete» tiene por misión «controvertir con sólidos argumentos e información las políticas» del nuevo Ejecutivo.
Asimismo, esta oposición busca «avanzar y profundizar al máximo en las reformas sociales que no permitiremos le sean arrebatadas a la gente».
«No responderemos al odio con odio, ni al autoritarismo con violencia. Responderemos con la fuerza de la razón, con la movilización ciudadana, con la organización popular y con la esperanza», señalado el ahora líder de la oposición en Colombia.
«La desobediencia civil pacífica que hoy comienza a expresarse constituye una respuesta democrática frente a lo que consideramos una grave amenaza para la República. Será una desobediencia inspirada en la Constitución, en los principios de la no violencia y en la defensa inquebrantable de la dignidad humana», declaró acompañado por diputados de su fuerza política.
Cepeda reiteró que no reconoce la legitimidad de De la Espriella para presidir el país, alegando que será «agente al servicio de los intereses de Estados Unidos», lo cual, representa una «incompatibilidad insalvable» con el deber de representar la soberanía y los intereses de Colombia.
117 presos
Entre las primeras medidas, el presidente De la Espriella dio una orden muy en sintonía con su posición diametralmente opuesta al proceso de paz iniciado durante el gobierno de Juan Manuel Santos y sostenido como bandera por el saliente Gustavo Petro. De la Espriella ordenó el inmediato traslado de 117 presos «de alto perfil» vinculados a las negociaciones de paz con los grupos armados con el objetivo de reforzar la seguridad de las prisiones y romper cualquier estructura carcelaria que hayan organizado.
«La medida busca fortalecer el control penitenciario, elevar las condiciones de seguridad y contener cualquier capacidad de las estructuras criminales para mantener, coordinar o fortalecer sus actividades desde las cárceles», indicó una nota de Presidencia. De la Espriella vinculó esta decisión con su promesa de mano dura contra el narco y el crimen organizado en Colombia.
Mundo – Tiempo Argentino