Para aquellos de nosotros que tratamos de seguir (y a veces entender) lo que pasa en Estados Unidos, esta ha sido una semana abrumadora. Es como si Trump hubiera recibido una inyección de adrenalina, entre anuncios, declaraciones, y múltiples barbaridades.
Lo primero fue su declaración de que habían firmado un acuerdo con Dinamarca que “cede a Estados Unidos todo lo que deseábamos”. En realidad, más o menos. Los daneses acordaron que ninguna otra potencia que no sea Estados Unidos podrá establecer una base militar en Groenlandia. Dado que los norteamericanos ya tenían una base allí, que ni chinos ni rusos han expresado un solo deseo de hacer lo mismo, y que los amigos de Trump ya estaban explotando los minerales de la isla, esto dista mucho de un gran triunfo diplomático. En realidad, lo que se logró fue ratificar el status quo que mantiene a Groenlandia como nación autónoma bajo la soberanía de Dinamarca. Por supuesto en este mundo de tratados con clausulas secretas (como las que llevaron a la Primera Guerra Mundial) nunca sabemos si los daneses no entregaron a su abuela a cambio de un poco de tranquilidad en Washington.
Luego, vino la Asamblea General de la ONU. Trump se reunió con Andrew Burnham, nuevo primer ministro británico. Burnham le decía “señor presidente”, y Donald respondía “Andy”. Por un lado, Trump lo tildó de un “empresario natural” (¿eso es algo bueno en un político que dirige una potencia?), para luego regañarlo por haber devuelto la isla de Chagos a Mauritius. Obvio de las Malvinas ni mu, sobre todo porque parece que la base militar norteamericana en Ushuaia ya está en camino con el envío de tropas a Tierra del Fuego. Amén de que Burnham se comportó como un perrito faldero, mientras Canadá sigue chocando frontalmente con Trump.
Trump dio un discurso de 40 minutos en la Asamblea de la ONU. Sin desperdicio. No solo admitió que “al vencedor le pertenecen los despojos”, en referencia al saqueo del petróleo venezolano. Luego, por si quedara alguna duda del mensaje dijo que Estados Unidos todavía está preparado para usar su poder militar donde Trump crea que pueda ser necesario para proteger sus intereses nacionales. Interesante, porque ha subsumido la nación en su persona, digamos como un monarca. Luego amenazó a Cuba, tildándola de “Estado fracasado” como si el bloqueo norteamericano no tuviera nada que ver. Aclaró que Marco Rubio está llevando a cabo “negociaciones”, donde también especificó que sigue existiendo la posibilidad de una invasión. Respecto de Irán reiteró que si no negocian los va a “borrar de la faz de la tierra”. Dado que esto es lo que viene tratando de hacer hace ya meses, no sabemos qué ha cambiado. Mientras tanto los iraníes confirmaron que tuvieron tres horas de reuniones, pero dejaron en claro que no habían abandonado ninguna de sus precondiciones para sentarse a negociar. Igualmente, Trump dijo que todo había sido muy productivo. Esto mientras los hutíes (milicias alineadas con Irán en Yemen) había establecido su control sobre el estrecho de Bab el Mandeb recortando aún más el flujo petrolero mundial. A su vez Zelensky atacó con cientos de drones, por primera vez, Moscú con el evidente visto bueno de la OTAN y de Washington. Esto último es interesante porque los europeos de la OTAN insisten en el peligro de una inminente invasión rusa, mientras apoyan con armas, dinero y mercenarios a los neonazis ucranianos.
Luego, se reunió con su par chino Xi Jinping para discutir, entre otras cosas, el tema de la Inteligencia Artificial. Ahí acordaron que en este tema no están de acuerdo. Esto porque, para China, desacelerar el desarrollo de la IA implica aceptar la supremacía norteamericana.
Por debajo de esto ya se están jugando las elecciones parciales de noviembre en Estados Unidos. Trump se paró y ofreció 5000 dólares a cada norteamericano si los republicanos las ganaban. Dejando de lado el tema legal (en el resto del mundo esto se llama comprar votos), ¿de dónde piensa sacar la plata? La deuda norteamericana es cada vez más grande, sobre todo ahora que han aprobado 500 mil millones de dólares de aumento del presupuesto militar, cosa que generará más inflación porque la única manera de pagarlo es imprimiendo dólares. Lo llamativo es que los mismos diputados que protestaron por el “bono electoral” levantaron la mano sin asco al aumento de presupuesto militar.
Difícil explicar la gran masa de cosas ocurridas. Por un lado, queda en claro que el novísimo orden mundial impulsado por Trump implica varias cosas. Primero, un sometimiento de diversos países (sobre todo los de América Latina) por la fuerza. Luego, un mantenimiento de los conflictos de Medio Oriente (pensemos que el aumento del precio del petróleo afecta al ciudadano común y las potencias importadoras de petróleo como Japón y Alemania, pero también implica ganancias astronómicas para las petroleras). Y tercero, un esfuerzo por volcar a Europa Occidental aún más contra Rusia y China.
De la ratificación del statu quo en Groenlandia a discursos de tinte monárquico en la ONU y la compra abierta de votos en la antesala legislativa, el mandatario despliega una agenda geopolítica que combina voracidad imperial, extorsión militar y un descontrol financiero cada vez más difícil de disimular.
Para aquellos de nosotros que tratamos de seguir (y a veces entender) lo que pasa en Estados Unidos, esta ha sido una semana abrumadora. Es como si Trump hubiera recibido una inyección de adrenalina, entre anuncios, declaraciones, y múltiples barbaridades.
Lo primero fue su declaración de que habían firmado un acuerdo con Dinamarca que “cede a Estados Unidos todo lo que deseábamos”. En realidad, más o menos. Los daneses acordaron que ninguna otra potencia que no sea Estados Unidos podrá establecer una base militar en Groenlandia. Dado que los norteamericanos ya tenían una base allí, que ni chinos ni rusos han expresado un solo deseo de hacer lo mismo, y que los amigos de Trump ya estaban explotando los minerales de la isla, esto dista mucho de un gran triunfo diplomático. En realidad, lo que se logró fue ratificar el status quo que mantiene a Groenlandia como nación autónoma bajo la soberanía de Dinamarca. Por supuesto en este mundo de tratados con clausulas secretas (como las que llevaron a la Primera Guerra Mundial) nunca sabemos si los daneses no entregaron a su abuela a cambio de un poco de tranquilidad en Washington.
Luego, vino la Asamblea General de la ONU. Trump se reunió con Andrew Burnham, nuevo primer ministro británico. Burnham le decía “señor presidente”, y Donald respondía “Andy”. Por un lado, Trump lo tildó de un “empresario natural” (¿eso es algo bueno en un político que dirige una potencia?), para luego regañarlo por haber devuelto la isla de Chagos a Mauritius. Obvio de las Malvinas ni mu, sobre todo porque parece que la base militar norteamericana en Ushuaia ya está en camino con el envío de tropas a Tierra del Fuego. Amén de que Burnham se comportó como un perrito faldero, mientras Canadá sigue chocando frontalmente con Trump.
Trump dio un discurso de 40 minutos en la Asamblea de la ONU. Sin desperdicio. No solo admitió que “al vencedor le pertenecen los despojos”, en referencia al saqueo del petróleo venezolano. Luego, por si quedara alguna duda del mensaje dijo que Estados Unidos todavía está preparado para usar su poder militar donde Trump crea que pueda ser necesario para proteger sus intereses nacionales. Interesante, porque ha subsumido la nación en su persona, digamos como un monarca. Luego amenazó a Cuba, tildándola de “Estado fracasado” como si el bloqueo norteamericano no tuviera nada que ver. Aclaró que Marco Rubio está llevando a cabo “negociaciones”, donde también especificó que sigue existiendo la posibilidad de una invasión. Respecto de Irán reiteró que si no negocian los va a “borrar de la faz de la tierra”. Dado que esto es lo que viene tratando de hacer hace ya meses, no sabemos qué ha cambiado. Mientras tanto los iraníes confirmaron que tuvieron tres horas de reuniones, pero dejaron en claro que no habían abandonado ninguna de sus precondiciones para sentarse a negociar. Igualmente, Trump dijo que todo había sido muy productivo. Esto mientras los hutíes (milicias alineadas con Irán en Yemen) había establecido su control sobre el estrecho de Bab el Mandeb recortando aún más el flujo petrolero mundial. A su vez Zelensky atacó con cientos de drones, por primera vez, Moscú con el evidente visto bueno de la OTAN y de Washington. Esto último es interesante porque los europeos de la OTAN insisten en el peligro de una inminente invasión rusa, mientras apoyan con armas, dinero y mercenarios a los neonazis ucranianos.
Luego, se reunió con su par chino Xi Jinping para discutir, entre otras cosas, el tema de la Inteligencia Artificial. Ahí acordaron que en este tema no están de acuerdo. Esto porque, para China, desacelerar el desarrollo de la IA implica aceptar la supremacía norteamericana.
Por debajo de esto ya se están jugando las elecciones parciales de noviembre en Estados Unidos. Trump se paró y ofreció 5000 dólares a cada norteamericano si los republicanos las ganaban. Dejando de lado el tema legal (en el resto del mundo esto se llama comprar votos), ¿de dónde piensa sacar la plata? La deuda norteamericana es cada vez más grande, sobre todo ahora que han aprobado 500 mil millones de dólares de aumento del presupuesto militar, cosa que generará más inflación porque la única manera de pagarlo es imprimiendo dólares. Lo llamativo es que los mismos diputados que protestaron por el “bono electoral” levantaron la mano sin asco al aumento de presupuesto militar.
Difícil explicar la gran masa de cosas ocurridas. Por un lado, queda en claro que el novísimo orden mundial impulsado por Trump implica varias cosas. Primero, un sometimiento de diversos países (sobre todo los de América Latina) por la fuerza. Luego, un mantenimiento de los conflictos de Medio Oriente (pensemos que el aumento del precio del petróleo afecta al ciudadano común y las potencias importadoras de petróleo como Japón y Alemania, pero también implica ganancias astronómicas para las petroleras). Y tercero, un esfuerzo por volcar a Europa Occidental aún más contra Rusia y China.
Mundo – Tiempo Argentino