Uno de los primeros en cuestionar la versión oficial de los atentados a las Torres Gemelas fue el francés Thierry Meyssan, autor de La gran impostura, donde plantea no solo que Al Qaeda fue una creación de la CIA, sino que ningún avión de línea comercial se estrelló contra la fachada del Pentágono, sino que se trató de un misil dentro de una disputa interna. Además, recalca que todo el atentado fue una operación de bandera falsa orquestada por sectores del complejo militar-industrial de EE. UU. para justificar las intervenciones militares en Oriente Medio.

El abogado Stanley G. Hilton, de San Francisco, en representación de 400 individuos y 14 familias de víctimas del atentado, reclamó ante los tribunales a la cúpula del gobierno alegando que la administración Bush permitió y hasta alentó los ataques del 11 de septiembre. En 2004 el caso fue desestimado porque “los ciudadanos estadounidenses no tienen ningún derecho a demandar a un presidente en ejercicio”, que por ocupar ese cargo tiene Inmunidad Soberana. El tribunal determinó también que no se había logrado establecer la conexión causal que ligara a los acusados con el hecho. En 2012 a Hilton le quitaron la licencia para ejercer la abogacía en California, donde residía, por inconducta.
El caso más reciente y más impactante es el de Curt Weldon, congresista republicano entre 1987 y 2007 por el 7º Distrito de Pensilvania y en ese carácter, vicepresidente del Comité de Servicios Armados y del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes. En resumen, Weldon arguye que desde que se puso a investigar por su cuenta la versión oficial de los hechos comenzó a ser perseguido y de hecho perdió su banca en manos de un oponente que logró recolectar millones de dólares solo para sacarlo de la cancha. En una entrevista con el periodista conservador Tucker Carlson, quien asegura haber creído la postura oficial sobre los hechos del 11-S, se mantiene este diálogo:
-¿Cree que hubo personas en el gobierno que sabían que iba a ocurrir y permitieron deliberadamente que sucediera?
–El informe del 11 de septiembre carece de credibilidad. No creo nada de lo que dice; es pura basura. Es un montón de papel sin sustancia alguna. Por lo general, prefiero no especular sobre asuntos que no puedo probar al 100 % por mí mismo o sobre los que no estaría dispuesto a someterme a una prueba del polígrafo. Lo que sí puedo afirmar categóricamente es que hubo un encubrimiento. Y quisiera señalar un hecho más. Tony Schaefer obtuvo la autorización de su general al mando para publicar sus memorias, tituladas Operation Dark Heart (Operación Corazón Oscuro). Escribió el libro y contó con una editorial. Siguiendo el protocolo, acudió a su general para que revisara la obra. El general le dijo: «Está bien, Tony; no hay nada ahí que suponga un problema. Publícalo». Tony publicó el libro. Cuando nuestro «Estado profundo» se enteró de la publicación, se emitió una orden de cese y desistimiento contra la editorial, pero ya era demasiado tarde. Nuestro gobierno compró los 10.000 ejemplares de la primera edición con dinero de los contribuyentes y los destruyó”.

¿Qué sería lo grave que decía ese libro? Según detalló el excongresista, allí se decía que el que encabezó la investigación oficial, Philip David Zelikow no había hecho otra cosa que encubrir lo que ocurrió ese día realmente, “nuestras agencias utilizan su posición no para algo relacionado con nuestra seguridad nacional, sino para encubrir la identidad de una persona que fue aprobada públicamente por el Congreso de los Estados Unidos y nombrada por el asesor de seguridad del presidente Bush. Es un encubrimiento masivo”, sostuvo Weldon.
Todo hecho de las características de lo ocurrido con las Torres Gemelas despierta ideas de conspiraciones y elucubraciones varias sobre algo turbio detrás. En este caso lo que fue apareciendo desde el primer momento es un manto de dudas sobre la versión oficial.
Uno de los primeros en cuestionar la versión oficial de los atentados a las Torres Gemelas fue el francés Thierry Meyssan, autor de La gran impostura, donde plantea no solo que Al Qaeda fue una creación de la CIA, sino que ningún avión de línea comercial se estrelló contra la fachada del Pentágono, sino que se trató de un misil dentro de una disputa interna. Además, recalca que todo el atentado fue una operación de bandera falsa orquestada por sectores del complejo militar-industrial de EE. UU. para justificar las intervenciones militares en Oriente Medio.

El abogado Stanley G. Hilton, de San Francisco, en representación de 400 individuos y 14 familias de víctimas del atentado, reclamó ante los tribunales a la cúpula del gobierno alegando que la administración Bush permitió y hasta alentó los ataques del 11 de septiembre. En 2004 el caso fue desestimado porque “los ciudadanos estadounidenses no tienen ningún derecho a demandar a un presidente en ejercicio”, que por ocupar ese cargo tiene Inmunidad Soberana. El tribunal determinó también que no se había logrado establecer la conexión causal que ligara a los acusados con el hecho. En 2012 a Hilton le quitaron la licencia para ejercer la abogacía en California, donde residía, por inconducta.
El caso más reciente y más impactante es el de Curt Weldon, congresista republicano entre 1987 y 2007 por el 7º Distrito de Pensilvania y en ese carácter, vicepresidente del Comité de Servicios Armados y del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes. En resumen, Weldon arguye que desde que se puso a investigar por su cuenta la versión oficial de los hechos comenzó a ser perseguido y de hecho perdió su banca en manos de un oponente que logró recolectar millones de dólares solo para sacarlo de la cancha. En una entrevista con el periodista conservador Tucker Carlson, quien asegura haber creído la postura oficial sobre los hechos del 11-S, se mantiene este diálogo:
-¿Cree que hubo personas en el gobierno que sabían que iba a ocurrir y permitieron deliberadamente que sucediera?
–El informe del 11 de septiembre carece de credibilidad. No creo nada de lo que dice; es pura basura. Es un montón de papel sin sustancia alguna. Por lo general, prefiero no especular sobre asuntos que no puedo probar al 100 % por mí mismo o sobre los que no estaría dispuesto a someterme a una prueba del polígrafo. Lo que sí puedo afirmar categóricamente es que hubo un encubrimiento. Y quisiera señalar un hecho más. Tony Schaefer obtuvo la autorización de su general al mando para publicar sus memorias, tituladas Operation Dark Heart (Operación Corazón Oscuro). Escribió el libro y contó con una editorial. Siguiendo el protocolo, acudió a su general para que revisara la obra. El general le dijo: «Está bien, Tony; no hay nada ahí que suponga un problema. Publícalo». Tony publicó el libro. Cuando nuestro «Estado profundo» se enteró de la publicación, se emitió una orden de cese y desistimiento contra la editorial, pero ya era demasiado tarde. Nuestro gobierno compró los 10.000 ejemplares de la primera edición con dinero de los contribuyentes y los destruyó”.

¿Qué sería lo grave que decía ese libro? Según detalló el excongresista, allí se decía que el que encabezó la investigación oficial, Philip David Zelikow no había hecho otra cosa que encubrir lo que ocurrió ese día realmente, “nuestras agencias utilizan su posición no para algo relacionado con nuestra seguridad nacional, sino para encubrir la identidad de una persona que fue aprobada públicamente por el Congreso de los Estados Unidos y nombrada por el asesor de seguridad del presidente Bush. Es un encubrimiento masivo”, sostuvo Weldon.
Mundo – Tiempo Argentino