No tenés que vivir la vida del otro. Buscá en tu interior. Buscá tu propósito, lo que te da sentido, lo que te hace sentir bien. No tenés que vivir la vida del otro. Buscá en tu interior. Buscá tu propósito, lo que te da sentido, lo que te hace sentir bien.
Cuando decimos que a alguien «le va bien en la vida», ¿de qué estamos hablando? De la casa, el auto, las vacaciones. Nunca del tiempo que tiene. Nunca de cómo se siente cuando se despierta.
Algo ahí no cierra.
Cuando tenés sed, tomás agua. ¿Cuánta? La que necesitás. Nadie toma de más. El cuerpo avisa cuándo parar.
Con las cosas, perdimos ese aviso.
Acumulamos sin hambre. Compramos sin sed. Y le llamamos éxito.
Somos una especie social. Durante casi toda nuestra historia, la riqueza era otra cosa: quién estaba cuando la pasabas mal, con quién compartías la mesa, a quién le importabas.
Eso no desapareció. Lo tapamos.
Hoy el verdadero lujo es estar en un lugar sin querer estar en otro. Una charla sin el teléfono en la mano. Saber lo que necesitás y no correr detrás de lo demás.
El pobre tipo no es el que tiene poco.
Es el que tiene todo y sigue sintiendo que le falta.
No tenés que vivir la vida del otro. Buscá en tu interior. Buscá tu propósito, lo que te da sentido, lo que te hace sentir bien.
Viví TU vida.
Pensalo.
El Economista