Pablo Tettamanti: «Las relaciones entre estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas»

La tarea de la diplomacia es defender los intereses nacionales
respetando al mismo tiempo los intereses de los socios dignos.

Sergei Lavrov

En un escenario internacional marcado por giros diplomáticos y la constante reconfiguración de la política exterior argentina, Pablo Tettamanti, diplomático de carrera, exembajador en Rusia y ex vicecanciller (2019-2022), analiza las alternativas estratégicas del país. Con pragmatismo histórico, aborda la articulación del vínculo con Moscú, la inserción comercial soberana, el debate en torno a la desdolarización y la soberanía tecnológica, nuclear y satelital en el complejo tablero multipolar contemporáneo.

-¿Cómo analiza la transición diplomática desde 2022 cuando se posicionó a la Argentina como puerta de entrada de Rusia a América Latina y el posterior distanciamiento reflejado en la negativa a ingresar a los BRICS y el alineamiento explícito con EE UU e Israel?

-Refleja el cambio de política exterior respecto de las posiciones tradicionales del país. Cuando el expresidente Fernández habló de puerta de entrada, hacía referencia comercial al potencial argentino como centro de distribución en el MERCOSUR. Sin embargo, tras las operaciones militares rusas en Ucrania, esa frase pareció marcar una adhesión bilateral que hoy se contrapone con un alineamiento automático con EE. UU. A mi juicio, la comparación es errónea, ya no vivimos en un mundo bipolar. La posición actual busca contraponerse con la historia diplomática argentina, pero no le doy más importancia que esa. Las relaciones internacionales siempre han sido cambiantes; hay que entenderlas fuera del molde de la Guerra Fría y comprender el multipolarismo real donde los países adaptan sus decisiones a realidades dinámicas.

-¿Qué impacto tuvo en la credibilidad diplomática el contrapunto entre condenar la invasión militar a Ucrania y rechazar sanciones económicas unilaterales apelando a la ONU?

-Argentina tiene una tradición basada en manejar soberanía propia y no involucrarse en conflictos entre países amigos, como Rusia y Ucrania. En 2014, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, votamos por resolver el conflicto pacíficamente. Posteriormente, cuando la Asamblea General buscó asignar responsabilidades unilaterales, Argentina se abstuvo junto con un tercio de la ONU (incluyendo Brasil, Paraguay y Uruguay). La abstención sostuvo la premisa diplomática de que el conflicto no tenía solución armada y requería una negociación pacífica bilateral que respetara la compleja historia europea y la neutralidad requerida post-Unión Soviética.

Pablo Tettamanti: "Las relaciones entre estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas"

-¿Entonces cómo cree que interpreta la diplomacia rusa estos cambios de posición y qué margen deja para la negociación bilateral y el principio de autodeterminación frente al tema Malvinas?

-Las autoridades rusas sostienen la premisa de que la relación bilateral es del pueblo ruso con el pueblo argentino, no de los gobiernos de turno. Rusia mantiene un reconocimiento histórico desde el envío de alimentos en la hambruna bajo el gobierno de Yrigoyen o el rechazo argentino al embargo comercial tras el conflicto en Afganistán (1978). Respecto a Crimea y Malvinas, existió el argumento de la doble vara de potencias occidentales. Sin embargo, la postura argentina es categórica: Crimea y Malvinas no son comparables. Malvinas es un caso especial de descolonización por usurpación territorial violenta en 1833 bajo la Resolución 2065 de la ONU, donde no aplica el principio de autodeterminación.

-En 2022 las exportaciones argentinas a Rusia cayeron más del 50%, de 768 millones de dólares a 449 millones. ¿Por qué Argentina no pudo sostener el flujo comercial como sí lo hizo Brasil?

-Hay que alejarse de visiones ideológicas. La Federación de Rusia opera con reglas de mercado. En Argentina, al no existir empresas estatales de comercio exterior ni flota pública como la antigua ELMA, las decisiones de exportación las toma el sector privado. La caída del volumen exportado respondió a múltiples factores como la pérdida de participación de la soja argentina frente a China; los controles cambiarios y retenciones locales que llevaron a tercerizar operaciones por Bielorrusia, y la política de autosuficiencia e independencia alimentaria impulsada por Rusia para desarrollar su propia producción agrícola.

-¿Qué eficacia han tenido los esquemas alternativos para sortear la desconexión bancaria del SWIFT y la volatilidad del rublo?

-Rusia venía contemplando alternativas ante una eventual desconexión del sistema SWIFT desde hace años, impulsando una estrategia deliberada de diversificación de reservas en oro y reducción de activos en dólares. El grupo BRICS no representa una alianza ideológica o militar, sino una plataforma pragmática de desdolarización del comercio exterior mediante swaps de monedas, mecanismos de compensación en monedas nacionales y el Nuevo Banco de Desarrollo. Para Argentina, la invitación al BRICS formalizada a fines de 2023 representaba una oportunidad concreta de financiamiento y comercio que trasciende alineamientos políticos.

Pablo Tettamanti: "Las relaciones entre estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas"

-¿Qué rutas alternativas se pueden instrumentar hoy ante el encarecimiento de fletes y seguros internacionales?

-La solución requiere soberanía logística. En la Guerra de Malvinas en 1982, frente a las sanciones europeas, Argentina sostuvo su comercio exterior gracias a dos herramientas clave: por un lado la flota propia de la empresa estatal ELMA y por otro el esquema del Instituto Nacional de Reaseguros. Al haberse desmantelado ambas instituciones sin reemplazo privado nacional, Argentina hoy depende absolutamente de navieras y reaseguradoras extranjeras, lo que encarece los fletes e imposibilita envíos comerciales directos a regiones en crecimiento como África o el Sudeste Asiático. Recuperar capacidad de transporte marítimo es clave para la competitividad del país.

-¿Qué implicancias geopolíticas y tecnológicas representa la paralización de proyectos de cooperación nuclear con Rosatom de Rusia y el viraje tecnológico?

-Es fundamental remarcar que el programa nuclear argentino no depende ni de Rusia ni de EE UU. Es un programa soberano desarrollado a lo largo de más de 70 años con hitos propios de tecnología, Comisión Nacional de Energía Atómica, reactores modulares CAREM y desarrollos de INVAP. Argentina domina el ciclo del combustible nuclear para uso pacífico y medicina, habiendo exportado reactores a Argelia, Egipto, Australia y Holanda. Asimismo, el sistema de salvaguardias ABACC con Brasil es modelo mundial de transparencia. Esta soberanía tecnológica se extiende a la industria satelital (ARSAT, SAOCOM) y al proyecto de vectores Tronador. Proteger esta capacidad científica es una prioridad nacional indispensable.

-Rusia concentra el 7% del mercado nacional de fertilizantes. Frente a caídas en la importación, ¿cómo afecta esta dependencia al agro argentino?

-Argentina requiere insumos clave como el fosfato para sostener el rendimiento agropecuario, que representa el 75% del comercio exterior, aunque sea el 25% del PBI. Sin embargo, Rusia no es el único proveedor; también se recurre a Marruecos u otros mercados. Lo medular no es la relación exclusiva con Moscú, sino la lección de fondo. Un país con elevada capacidad científica debe aspirar a desarrollar producción nacional de insumos críticos para no quedar expuesto a las fluctuaciones en pasos marítimos estratégicos.

-¿Existe margen para restablecer un diálogo pragmático o la relación bilateral con Rusia ha entrado en un enfriamiento irreversible?

-En relaciones internacionales no hay situaciones irreversibles. Las relaciones entre Estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas; los insultos y la descalificación no generan ningún beneficio diplomático ni ayudan a defender el interés nacional. Como se ha demostrado históricamente en momentos críticos, prevalece la relación pueblo a pueblo y el pragmatismo enfocado en el beneficio mutuo. Argentina debe conducirse con responsabilidad, madurez diplomática y respeto a sus principios históricos para superar las fluctuaciones coyunturales.

 El diplomático, quien también fue embajador en Rusia, analiza las alternativas estratégicas del país, el cambio de políticas respecto de las posiciones tradicionales y el controvertido vínculo con Moscú.  

La tarea de la diplomacia es defender los intereses nacionales
respetando al mismo tiempo los intereses de los socios dignos.

Sergei Lavrov

En un escenario internacional marcado por giros diplomáticos y la constante reconfiguración de la política exterior argentina, Pablo Tettamanti, diplomático de carrera, exembajador en Rusia y ex vicecanciller (2019-2022), analiza las alternativas estratégicas del país. Con pragmatismo histórico, aborda la articulación del vínculo con Moscú, la inserción comercial soberana, el debate en torno a la desdolarización y la soberanía tecnológica, nuclear y satelital en el complejo tablero multipolar contemporáneo.

-¿Cómo analiza la transición diplomática desde 2022 cuando se posicionó a la Argentina como puerta de entrada de Rusia a América Latina y el posterior distanciamiento reflejado en la negativa a ingresar a los BRICS y el alineamiento explícito con EE UU e Israel?

-Refleja el cambio de política exterior respecto de las posiciones tradicionales del país. Cuando el expresidente Fernández habló de puerta de entrada, hacía referencia comercial al potencial argentino como centro de distribución en el MERCOSUR. Sin embargo, tras las operaciones militares rusas en Ucrania, esa frase pareció marcar una adhesión bilateral que hoy se contrapone con un alineamiento automático con EE. UU. A mi juicio, la comparación es errónea, ya no vivimos en un mundo bipolar. La posición actual busca contraponerse con la historia diplomática argentina, pero no le doy más importancia que esa. Las relaciones internacionales siempre han sido cambiantes; hay que entenderlas fuera del molde de la Guerra Fría y comprender el multipolarismo real donde los países adaptan sus decisiones a realidades dinámicas.

-¿Qué impacto tuvo en la credibilidad diplomática el contrapunto entre condenar la invasión militar a Ucrania y rechazar sanciones económicas unilaterales apelando a la ONU?

-Argentina tiene una tradición basada en manejar soberanía propia y no involucrarse en conflictos entre países amigos, como Rusia y Ucrania. En 2014, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, votamos por resolver el conflicto pacíficamente. Posteriormente, cuando la Asamblea General buscó asignar responsabilidades unilaterales, Argentina se abstuvo junto con un tercio de la ONU (incluyendo Brasil, Paraguay y Uruguay). La abstención sostuvo la premisa diplomática de que el conflicto no tenía solución armada y requería una negociación pacífica bilateral que respetara la compleja historia europea y la neutralidad requerida post-Unión Soviética.

Pablo Tettamanti: "Las relaciones entre estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas"

-¿Entonces cómo cree que interpreta la diplomacia rusa estos cambios de posición y qué margen deja para la negociación bilateral y el principio de autodeterminación frente al tema Malvinas?

-Las autoridades rusas sostienen la premisa de que la relación bilateral es del pueblo ruso con el pueblo argentino, no de los gobiernos de turno. Rusia mantiene un reconocimiento histórico desde el envío de alimentos en la hambruna bajo el gobierno de Yrigoyen o el rechazo argentino al embargo comercial tras el conflicto en Afganistán (1978). Respecto a Crimea y Malvinas, existió el argumento de la doble vara de potencias occidentales. Sin embargo, la postura argentina es categórica: Crimea y Malvinas no son comparables. Malvinas es un caso especial de descolonización por usurpación territorial violenta en 1833 bajo la Resolución 2065 de la ONU, donde no aplica el principio de autodeterminación.

-En 2022 las exportaciones argentinas a Rusia cayeron más del 50%, de 768 millones de dólares a 449 millones. ¿Por qué Argentina no pudo sostener el flujo comercial como sí lo hizo Brasil?

-Hay que alejarse de visiones ideológicas. La Federación de Rusia opera con reglas de mercado. En Argentina, al no existir empresas estatales de comercio exterior ni flota pública como la antigua ELMA, las decisiones de exportación las toma el sector privado. La caída del volumen exportado respondió a múltiples factores como la pérdida de participación de la soja argentina frente a China; los controles cambiarios y retenciones locales que llevaron a tercerizar operaciones por Bielorrusia, y la política de autosuficiencia e independencia alimentaria impulsada por Rusia para desarrollar su propia producción agrícola.

-¿Qué eficacia han tenido los esquemas alternativos para sortear la desconexión bancaria del SWIFT y la volatilidad del rublo?

-Rusia venía contemplando alternativas ante una eventual desconexión del sistema SWIFT desde hace años, impulsando una estrategia deliberada de diversificación de reservas en oro y reducción de activos en dólares. El grupo BRICS no representa una alianza ideológica o militar, sino una plataforma pragmática de desdolarización del comercio exterior mediante swaps de monedas, mecanismos de compensación en monedas nacionales y el Nuevo Banco de Desarrollo. Para Argentina, la invitación al BRICS formalizada a fines de 2023 representaba una oportunidad concreta de financiamiento y comercio que trasciende alineamientos políticos.

Pablo Tettamanti: "Las relaciones entre estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas"

-¿Qué rutas alternativas se pueden instrumentar hoy ante el encarecimiento de fletes y seguros internacionales?

-La solución requiere soberanía logística. En la Guerra de Malvinas en 1982, frente a las sanciones europeas, Argentina sostuvo su comercio exterior gracias a dos herramientas clave: por un lado la flota propia de la empresa estatal ELMA y por otro el esquema del Instituto Nacional de Reaseguros. Al haberse desmantelado ambas instituciones sin reemplazo privado nacional, Argentina hoy depende absolutamente de navieras y reaseguradoras extranjeras, lo que encarece los fletes e imposibilita envíos comerciales directos a regiones en crecimiento como África o el Sudeste Asiático. Recuperar capacidad de transporte marítimo es clave para la competitividad del país.

-¿Qué implicancias geopolíticas y tecnológicas representa la paralización de proyectos de cooperación nuclear con Rosatom de Rusia y el viraje tecnológico?

-Es fundamental remarcar que el programa nuclear argentino no depende ni de Rusia ni de EE UU. Es un programa soberano desarrollado a lo largo de más de 70 años con hitos propios de tecnología, Comisión Nacional de Energía Atómica, reactores modulares CAREM y desarrollos de INVAP. Argentina domina el ciclo del combustible nuclear para uso pacífico y medicina, habiendo exportado reactores a Argelia, Egipto, Australia y Holanda. Asimismo, el sistema de salvaguardias ABACC con Brasil es modelo mundial de transparencia. Esta soberanía tecnológica se extiende a la industria satelital (ARSAT, SAOCOM) y al proyecto de vectores Tronador. Proteger esta capacidad científica es una prioridad nacional indispensable.

-Rusia concentra el 7% del mercado nacional de fertilizantes. Frente a caídas en la importación, ¿cómo afecta esta dependencia al agro argentino?

-Argentina requiere insumos clave como el fosfato para sostener el rendimiento agropecuario, que representa el 75% del comercio exterior, aunque sea el 25% del PBI. Sin embargo, Rusia no es el único proveedor; también se recurre a Marruecos u otros mercados. Lo medular no es la relación exclusiva con Moscú, sino la lección de fondo. Un país con elevada capacidad científica debe aspirar a desarrollar producción nacional de insumos críticos para no quedar expuesto a las fluctuaciones en pasos marítimos estratégicos.

-¿Existe margen para restablecer un diálogo pragmático o la relación bilateral con Rusia ha entrado en un enfriamiento irreversible?

-En relaciones internacionales no hay situaciones irreversibles. Las relaciones entre Estados no deben basarse en agravios ni pasiones ideológicas; los insultos y la descalificación no generan ningún beneficio diplomático ni ayudan a defender el interés nacional. Como se ha demostrado históricamente en momentos críticos, prevalece la relación pueblo a pueblo y el pragmatismo enfocado en el beneficio mutuo. Argentina debe conducirse con responsabilidad, madurez diplomática y respeto a sus principios históricos para superar las fluctuaciones coyunturales.

 Política – Tiempo Argentino

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