Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino

Un fantasma recorre las elecciones brasileñas: el fantasma de Milei. “¿Ya le pediste prestada la motosierra?”, le dijo Lula a Bolsonaro en el debate anterior. Es que para el progresismo, las cifras de desempleo, la pobreza y la economía de la Argentina son un activo de campaña, un argumento de lo que Brasil no tiene que ser. La estrategia de campaña de Flávio Bolsonaro, por su parte, se inspira en Milei, con una tijera gigante para simbolizar el ajuste fiscal. El candidato del Partido Liberal señaló que durante años en Argentina, las políticas de emisión fiscal y aumento del gasto público generaron un aumento de la inflación.

Se trata de un tema sensible en estas elecciones. La campaña está llegando a un in crescendo de ataques mutuos: en el último debate de este viernes, a horas de las elecciones, Flávio llamó a Lula “nueve dedos” y Lula llamó a Flávio “miliciano”. Esta última aseveración también está en el centro de la disputa electoral.

Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino

Continuismo o no

Sonia tiene 70 años, es jubilada y vive en Del Castilho, un suburbio en la zona norte de Río de Janeiro. Esta región concentra algunas de las mayores cifras de violencia letal de la ciudad: según datos del Instituto Fogo Cruzado, durante el 2025 se registraron 1025 tiroteos y 613 baleados. Es también la zona donde, el año pasado, se produjo una de las masacres más sangrientas de Brasil. Sonia dice que ya sabe quién es Lula y que ahora quiere ver cómo va a ser Flávio Bolsonaro. “Bolsonaro va a actuar contra las facciones. Él hizo un pacto con otros países de derecha para abogar por la seguridad pública, para declarar a las facciones como terroristas”.

En mayo de este año, Estados Unidos clasificó a facciones como el PCC y el Comando Vermelho como organizaciones terroristas. Mientras el gobierno de Lula rechazó esta medida por considerarla una amenaza a la soberanía y una militarización del crimen, el ala de Flávio Bolsonaro apoya esta narrativa del “narcoterrorismo” y lanzó una propuesta legislativa en medio de la campaña para establecer esa denominación.

“Antes yo tenía Claro -continúa Sonia-, ahora tengo que pagarle al tráfico para tener Internet. Y si voto a Lula eso va a continuar así, como hasta ahora”, agrega. Lo que Sonia no sabe —o no dice— es que Flávio Bolsonaro es investigado por la Justicia y por la prensa debido a presuntos vínculos con el crimen organizado. Sin ir más lejos, en septiembre envió una enmienda parlamentaria desde el Senado a un proyecto deportivo en una zona dominada por la milicia, atendiendo a una solicitud de Robson Calixto, conocido como Peixe, uno de los condenados por el asesinato de la concejala Marielle Franco. La investigación fue publicada por la revista Piauí y el diario O Estado de Sao Paulo.

Sonia agrega que durante el gobierno de Bolsonaro “estaba mejor económicamente (…) Por lo menos las cosas en el supermercado estaban más baratas, ahora todo es caro”. No está al tanto de las noticias de Argentina. “No veo tele”.

“Pero veo muchos Argentinos acá de vacaciones. Las personas están viajando para acá. Veo argentinos en el shopping”. A partir de esa percepción cotidiana, la sensación de Sonia es que la economía de Argentina mejoró.

Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino

Por los derechos

Y no es la única. Edimilson tiene 65 años, trabaja como vendedor ambulante hace 12 en el barrio de Catete, en la zona sur de Río de Janeiro, es votante de Bolsonaro y repite la misma conclusión: “Hay más turistas en Brasil, Milei mejoró la economía”.

Continuamos el recorrido entre los puestos ambulantes de Catete. Cada vez que hablamos con alguien que va a votar a Lula, le preguntamos si tiene algún colega bolsonarista. Señalan a alguien. Me acerco. Y enseguida, casi siempre, escuchamos lo mismo: “No, estoy trabajando”. Esto pasa más de cinco veces en una hora. Hasta que damos con dos mujeres que tienen un puesto de comida en la calle. Nos acercamos. Miran y responden, antes de que se termina la pregunta: “Solo si no tenemos que decir a quién votamos”.

José Sergio tiene 45 años y es portero. “La economía está más fuerte con Milei. En el gobierno anterior la moneda estaba desvalorizada, no valía nada, nada, nada; ahora al contrario. Bajó los impuestos. Exportan más carne”. Cuando la pregunta es de dónde sacó todas esas informaciones, José Sergio abre su celular para mostrar: enTikTok circulan recortes de Javier Milei traducidos al portugués con fragmentos de sus discursos más radicales. “Eso es tener coraje”, dice José.

Hablan los influencers: el superávit fiscal, la valorización de la moneda, la desregulación y el retraimiento del Estado de la esfera pública de Milei se espejan en la tijera que levanta Flávio Bolsonaro. Se replican las imágenes de los dos, el abrazo de la derecha internacional, un par de aliados al otro lado de la frontera. “Conviene que gane Flávio para fortalecer la relación con Argentina. Con Lula, Milei no puede”, dice José Sergio.

Algunos pronósticos de esa posible alianza ya se pueden hacer, desde que Flávio Bolsonaro señaló, en julio de este año, que Brasil debía “liberarse de las amarras del Mercosur” y negociar por su cuenta acuerdos comerciales con otros países como EE UU.

“Milei abrió las piernas para Trump”, dice Jésica (40), profesora de escuela pública. Hace una enumeración larga: “están cerrando las empresas, entrando en una recesión, las personas se están empobreciendo”. Afirma que “Milei es un argumento más para no votar a Bolsonaro”. Y agrega: «Pero acá es peor”. Finalmente resalta los vínculos de Bolsonaro con las facciones. 

Enfrente hay un local de comida rápida. Sofía tiene 35 años y trabaja ahí hace cuatro. Dice que va a votar a Lula “por los derechos de las mujeres y por las personas racializadas”.  Cuando le preguntamos por Argentina, lo primero que dice es que “las personas están comiendo carne de burro”. Ella también muestra su algoritmo: filas y filas de personas buscando trabajo, enfrentamientos entre policías y manifestantes, jubilados llorando, hablando a cámara.

Para cada cosa, Sofía agrega un comentario: “Hay hasta personas formadas buscando trabajo de cualquier cosa”. Asegura que “casi que hay una guerra civil (NdR: por la represión en la manifestación de las universidades)”. Sofía no tiene miedo de que eso pase en Brasil: “Va a ganar Lula”, dice, confiada. «

Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino
Foto: Xinhua
«La izquierda se despertó para el balotaje»

Playa de Copacabana, Posto 5, Avenida Atlántica, Río de Janeiro. A menos de 20 horas de la apertura de los comicios, el PT, con Lula incluido, realizó un nuevo acto multitudinario. Tiempo Argentino estuvo allí.

Priscila tiene 35 años, vive en la maré, una favela del norte de Río, milita en el PT hace cuatro años y está repartiendo volantes en el acto. “La izquierda se despertó para el balotaje”, dice. “El PT venía siendo muy conservador en la campaña y después de la primera vuelta empezó a haber una masa popular en redes viralizando contenido, generando impacto, cambiando votos”. Expresa: “La derecha está usando a la Argentina como ejemplo y nosotros la usamos para alertar a la población. Viralizaron contenidos y noticias en redes sociales”. Lo que más le preocupa, viendo el espejo de Argentina, es que gane Bolsonaro y “el desempleo suba entre los jóvenes, que disminuya el poder de compra, que el sistema de salud público sea interrumpido y muchas otras cosas”.

Jobelton tiene 58 años y es de seguridad en Río. Está, ahora, con su chaleco amarillo, trabajando en el acto, convencido de un resultado favorable para Lula. “Vamos a ganar”, repite varias veces. Hace cálculos en voz alta. “Ese Milei, por amor de dios, vino a Brasil y llamó de ladrón a nuestro presidente. Nunca pisó Brasil. No sabe nada(…). Lo primero que haría Bolsonaro es disminuir las jubilaciones, como pasa en Argentina”.

 El progresismo teme que si sube la derecha se cercenen los derechos y se venda el país. En la vereda de enfrente elogian economía y seguridad. Los brasileños suelen informarse de Argentina vía redes.  

Un fantasma recorre las elecciones brasileñas: el fantasma de Milei. “¿Ya le pediste prestada la motosierra?”, le dijo Lula a Bolsonaro en el debate anterior. Es que para el progresismo, las cifras de desempleo, la pobreza y la economía de la Argentina son un activo de campaña, un argumento de lo que Brasil no tiene que ser. La estrategia de campaña de Flávio Bolsonaro, por su parte, se inspira en Milei, con una tijera gigante para simbolizar el ajuste fiscal. El candidato del Partido Liberal señaló que durante años en Argentina, las políticas de emisión fiscal y aumento del gasto público generaron un aumento de la inflación.

Se trata de un tema sensible en estas elecciones. La campaña está llegando a un in crescendo de ataques mutuos: en el último debate de este viernes, a horas de las elecciones, Flávio llamó a Lula “nueve dedos” y Lula llamó a Flávio “miliciano”. Esta última aseveración también está en el centro de la disputa electoral.

Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino

Continuismo o no

Sonia tiene 70 años, es jubilada y vive en Del Castilho, un suburbio en la zona norte de Río de Janeiro. Esta región concentra algunas de las mayores cifras de violencia letal de la ciudad: según datos del Instituto Fogo Cruzado, durante el 2025 se registraron 1025 tiroteos y 613 baleados. Es también la zona donde, el año pasado, se produjo una de las masacres más sangrientas de Brasil. Sonia dice que ya sabe quién es Lula y que ahora quiere ver cómo va a ser Flávio Bolsonaro. “Bolsonaro va a actuar contra las facciones. Él hizo un pacto con otros países de derecha para abogar por la seguridad pública, para declarar a las facciones como terroristas”.

En mayo de este año, Estados Unidos clasificó a facciones como el PCC y el Comando Vermelho como organizaciones terroristas. Mientras el gobierno de Lula rechazó esta medida por considerarla una amenaza a la soberanía y una militarización del crimen, el ala de Flávio Bolsonaro apoya esta narrativa del “narcoterrorismo” y lanzó una propuesta legislativa en medio de la campaña para establecer esa denominación.

“Antes yo tenía Claro -continúa Sonia-, ahora tengo que pagarle al tráfico para tener Internet. Y si voto a Lula eso va a continuar así, como hasta ahora”, agrega. Lo que Sonia no sabe —o no dice— es que Flávio Bolsonaro es investigado por la Justicia y por la prensa debido a presuntos vínculos con el crimen organizado. Sin ir más lejos, en septiembre envió una enmienda parlamentaria desde el Senado a un proyecto deportivo en una zona dominada por la milicia, atendiendo a una solicitud de Robson Calixto, conocido como Peixe, uno de los condenados por el asesinato de la concejala Marielle Franco. La investigación fue publicada por la revista Piauí y el diario O Estado de Sao Paulo.

Sonia agrega que durante el gobierno de Bolsonaro “estaba mejor económicamente (…) Por lo menos las cosas en el supermercado estaban más baratas, ahora todo es caro”. No está al tanto de las noticias de Argentina. “No veo tele”.

“Pero veo muchos Argentinos acá de vacaciones. Las personas están viajando para acá. Veo argentinos en el shopping”. A partir de esa percepción cotidiana, la sensación de Sonia es que la economía de Argentina mejoró.

Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino

Por los derechos

Y no es la única. Edimilson tiene 65 años, trabaja como vendedor ambulante hace 12 en el barrio de Catete, en la zona sur de Río de Janeiro, es votante de Bolsonaro y repite la misma conclusión: “Hay más turistas en Brasil, Milei mejoró la economía”.

Continuamos el recorrido entre los puestos ambulantes de Catete. Cada vez que hablamos con alguien que va a votar a Lula, le preguntamos si tiene algún colega bolsonarista. Señalan a alguien. Me acerco. Y enseguida, casi siempre, escuchamos lo mismo: “No, estoy trabajando”. Esto pasa más de cinco veces en una hora. Hasta que damos con dos mujeres que tienen un puesto de comida en la calle. Nos acercamos. Miran y responden, antes de que se termina la pregunta: “Solo si no tenemos que decir a quién votamos”.

José Sergio tiene 45 años y es portero. “La economía está más fuerte con Milei. En el gobierno anterior la moneda estaba desvalorizada, no valía nada, nada, nada; ahora al contrario. Bajó los impuestos. Exportan más carne”. Cuando la pregunta es de dónde sacó todas esas informaciones, José Sergio abre su celular para mostrar: enTikTok circulan recortes de Javier Milei traducidos al portugués con fragmentos de sus discursos más radicales. “Eso es tener coraje”, dice José.

Hablan los influencers: el superávit fiscal, la valorización de la moneda, la desregulación y el retraimiento del Estado de la esfera pública de Milei se espejan en la tijera que levanta Flávio Bolsonaro. Se replican las imágenes de los dos, el abrazo de la derecha internacional, un par de aliados al otro lado de la frontera. “Conviene que gane Flávio para fortalecer la relación con Argentina. Con Lula, Milei no puede”, dice José Sergio.

Algunos pronósticos de esa posible alianza ya se pueden hacer, desde que Flávio Bolsonaro señaló, en julio de este año, que Brasil debía “liberarse de las amarras del Mercosur” y negociar por su cuenta acuerdos comerciales con otros países como EE UU.

“Milei abrió las piernas para Trump”, dice Jésica (40), profesora de escuela pública. Hace una enumeración larga: “están cerrando las empresas, entrando en una recesión, las personas se están empobreciendo”. Afirma que “Milei es un argumento más para no votar a Bolsonaro”. Y agrega: «Pero acá es peor”. Finalmente resalta los vínculos de Bolsonaro con las facciones. 

Enfrente hay un local de comida rápida. Sofía tiene 35 años y trabaja ahí hace cuatro. Dice que va a votar a Lula “por los derechos de las mujeres y por las personas racializadas”.  Cuando le preguntamos por Argentina, lo primero que dice es que “las personas están comiendo carne de burro”. Ella también muestra su algoritmo: filas y filas de personas buscando trabajo, enfrentamientos entre policías y manifestantes, jubilados llorando, hablando a cámara.

Para cada cosa, Sofía agrega un comentario: “Hay hasta personas formadas buscando trabajo de cualquier cosa”. Asegura que “casi que hay una guerra civil (NdR: por la represión en la manifestación de las universidades)”. Sofía no tiene miedo de que eso pase en Brasil: “Va a ganar Lula”, dice, confiada. «

Otra disputa que atraviesa las elecciones: mirarse o no en el espejo argentino

Foto: Xinhua

«La izquierda se despertó para el balotaje»

Playa de Copacabana, Posto 5, Avenida Atlántica, Río de Janeiro. A menos de 20 horas de la apertura de los comicios, el PT, con Lula incluido, realizó un nuevo acto multitudinario. Tiempo Argentino estuvo allí.

Priscila tiene 35 años, vive en la maré, una favela del norte de Río, milita en el PT hace cuatro años y está repartiendo volantes en el acto. “La izquierda se despertó para el balotaje”, dice. “El PT venía siendo muy conservador en la campaña y después de la primera vuelta empezó a haber una masa popular en redes viralizando contenido, generando impacto, cambiando votos”. Expresa: “La derecha está usando a la Argentina como ejemplo y nosotros la usamos para alertar a la población. Viralizaron contenidos y noticias en redes sociales”. Lo que más le preocupa, viendo el espejo de Argentina, es que gane Bolsonaro y “el desempleo suba entre los jóvenes, que disminuya el poder de compra, que el sistema de salud público sea interrumpido y muchas otras cosas”.

Jobelton tiene 58 años y es de seguridad en Río. Está, ahora, con su chaleco amarillo, trabajando en el acto, convencido de un resultado favorable para Lula. “Vamos a ganar”, repite varias veces. Hace cálculos en voz alta. “Ese Milei, por amor de dios, vino a Brasil y llamó de ladrón a nuestro presidente. Nunca pisó Brasil. No sabe nada(…). Lo primero que haría Bolsonaro es disminuir las jubilaciones, como pasa en Argentina”.

 Mundo – Tiempo Argentino

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