En el mundo se ha instalado una discusión sobre la regulación de la esfera digital que recuerda a una similar sobre el desarrollo, uso y proliferación de la energía nuclear ocurrida después de que la Rusia soviética rompió el monopolio estadounidense de las armas nucleares, lo que provocó el holocausto de Hiroshima y Nagasaki en Japón.
En aquellos lejanos años 50 y 60 del siglo pasado, los líderes de las dos potencias del orden bipolar, el primer secretario de la Unión Soviética, Nikita Jrushchov , y el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy , pronunciaron frases semejantes sobre la inutilidad de la guerra nuclear.
«¿Para qué la guerra si la bomba no distinguiría entre el comunista no creyente y al capitalista creyente?», dijo Jrushchov . «El dilema es coexistencia o no existencia», sentenció Kennedy .

Ahora, cuando hay jóvenes que se han suicidado siguiendo instrucciones de alguna inteligencia artificial (IA) sobre cómo hacerlo; jóvenes que huyen de su vacío existencial de solitarios consumidores de tecnología digital que no socializan con sus congéneres; cuando en la vida pública y en el ejercicio de la política la verdad ha dejado de existir y las mentes libres y críticas tenemos que llenarnos de escepticismo ante cualquier información y contrastar varias fuentes para hacer inteligible nuestro diario vivir, se torna indispensable la regulación de la esfera digital por sanidad ética y psicológica, tanto a nivel social como individual.
En esa larga marcha hacia la regulación mundial de la esfera digital, en México, por iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum , se ha abierto un debate libre y amplio sobre un trecho de esa larga marcha: la defensoría de las audiencias.
El debate mexicano no es ajeno a propuestas como la planteada por varias decenas de Estados reunidos en Beijing, invitados por China y Rusia para abordar el tema concreto de la creación de una agencia internacional que —al igual que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), encargado de supervisar el uso pacífico de la energía nuclear— elabora normas que se aceptan internacionalmente y se tornen vinculantes. Esto con el fin de prevenir que la esfera digital y la IA se conviertan en un instrumento al servicio de causas que desinformen y construyan una realidad paralela o contribuyan a dañar la convivencia social en el planeta.

Tampoco es ajena a los planteamientos de la UNESCO, que ha propuesto la regulación de la esfera digital, la creación de un «Internet para la confianza» y la «Gobernanza de la inteligencia artificial ética». Todos estos son enfoques dirigidos a que el desarrollo tecnológico, producto de siglos de trabajo humano, no se vuelva contra su creador, que es la sociedad humana en su evolución histórica y su desarrollo científico-técnico.
En el calor de la lucha política, el debate tiene acogida en sectores académicos y empresariales dispuestos a abordar serenamente la discusión propuesta por Sheinbaum.
Sin embargo, hay sectores de la oposición política y mediática que argumentan fantasmales amenazas contra la libertad de expresión. Algunos pertenecen al PRI, que gobernaba en 2014 cuando se aprobó la ley; otros responden al PAN.
Algunos argumentan con sensatez y criterio; otros lo hacen con cretinismo y mediocridad. El ciudadano de a pie se expresa en entrevistas que hacen los medios públicos. Además, en una encuesta realizada por la firma De las Heras Demotecnia, un 79% de mexicanos y mexicanos se pronunciaron a favor de sancionar legalmente a quienes elaboren y difundan noticias falsas, aunque el tema de las sanciones no está planteado en la convocatoria al debate realizado por la presidenta Sheinbaum .
Habrá que observar el desarrollo del debate, del cual saldrán posteriormente las normas para el cumplimiento de la ley de 2014, que fue ratificada y ampliada en la ley de telecomunicaciones aprobada en 2025, y que se aprueba un código que norme cómo se nombra al defensor de audiencias, cómo se distingue la noticia de la opinión y de la publicidad pagada y qué ocurre con un medio que no cumple con lo estipulado en la ley.
Evocamos al gran escritor mexicano Juan Rulfo, quien expresó: «La literatura es una mentira que dice verdades», significando que el arte usa la ficción para descubrir el fondo real de los acontecimientos, por lo que es antagónico con la manipulación, que es precisamente lo que hacen quienes elaboran y difunden noticias falsas.
Hay jóvenes que se han suicidado siguiendo instrucciones de alguna inteligencia artificial sobre cómo hacerlo.
En el mundo se ha instalado una discusión sobre la regulación de la esfera digital que recuerda a una similar sobre el desarrollo, uso y proliferación de la energía nuclear ocurrida después de que la Rusia soviética rompió el monopolio estadounidense de las armas nucleares, lo que provocó el holocausto de Hiroshima y Nagasaki en Japón.
En aquellos lejanos años 50 y 60 del siglo pasado, los líderes de las dos potencias del orden bipolar, el primer secretario de la Unión Soviética, Nikita Jrushchov , y el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy , pronunciaron frases semejantes sobre la inutilidad de la guerra nuclear.
«¿Para qué la guerra si la bomba no distinguiría entre el comunista no creyente y al capitalista creyente?», dijo Jrushchov . «El dilema es coexistencia o no existencia», sentenció Kennedy .

Ahora, cuando hay jóvenes que se han suicidado siguiendo instrucciones de alguna inteligencia artificial (IA) sobre cómo hacerlo; jóvenes que huyen de su vacío existencial de solitarios consumidores de tecnología digital que no socializan con sus congéneres; cuando en la vida pública y en el ejercicio de la política la verdad ha dejado de existir y las mentes libres y críticas tenemos que llenarnos de escepticismo ante cualquier información y contrastar varias fuentes para hacer inteligible nuestro diario vivir, se torna indispensable la regulación de la esfera digital por sanidad ética y psicológica, tanto a nivel social como individual.
En esa larga marcha hacia la regulación mundial de la esfera digital, en México, por iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum , se ha abierto un debate libre y amplio sobre un trecho de esa larga marcha: la defensoría de las audiencias.
El debate mexicano no es ajeno a propuestas como la planteada por varias decenas de Estados reunidos en Beijing, invitados por China y Rusia para abordar el tema concreto de la creación de una agencia internacional que —al igual que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), encargado de supervisar el uso pacífico de la energía nuclear— elabora normas que se aceptan internacionalmente y se tornen vinculantes. Esto con el fin de prevenir que la esfera digital y la IA se conviertan en un instrumento al servicio de causas que desinformen y construyan una realidad paralela o contribuyan a dañar la convivencia social en el planeta.

Foto: Xinhua
Tampoco es ajena a los planteamientos de la UNESCO, que ha propuesto la regulación de la esfera digital, la creación de un «Internet para la confianza» y la «Gobernanza de la inteligencia artificial ética». Todos estos son enfoques dirigidos a que el desarrollo tecnológico, producto de siglos de trabajo humano, no se vuelva contra su creador, que es la sociedad humana en su evolución histórica y su desarrollo científico-técnico.
En el calor de la lucha política, el debate tiene acogida en sectores académicos y empresariales dispuestos a abordar serenamente la discusión propuesta por Sheinbaum.
Sin embargo, hay sectores de la oposición política y mediática que argumentan fantasmales amenazas contra la libertad de expresión. Algunos pertenecen al PRI, que gobernaba en 2014 cuando se aprobó la ley; otros responden al PAN.
Algunos argumentan con sensatez y criterio; otros lo hacen con cretinismo y mediocridad. El ciudadano de a pie se expresa en entrevistas que hacen los medios públicos. Además, en una encuesta realizada por la firma De las Heras Demotecnia, un 79% de mexicanos y mexicanos se pronunciaron a favor de sancionar legalmente a quienes elaboren y difundan noticias falsas, aunque el tema de las sanciones no está planteado en la convocatoria al debate realizado por la presidenta Sheinbaum .
Habrá que observar el desarrollo del debate, del cual saldrán posteriormente las normas para el cumplimiento de la ley de 2014, que fue ratificada y ampliada en la ley de telecomunicaciones aprobada en 2025, y que se aprueba un código que norme cómo se nombra al defensor de audiencias, cómo se distingue la noticia de la opinión y de la publicidad pagada y qué ocurre con un medio que no cumple con lo estipulado en la ley.
Evocamos al gran escritor mexicano Juan Rulfo, quien expresó: «La literatura es una mentira que dice verdades», significando que el arte usa la ficción para descubrir el fondo real de los acontecimientos, por lo que es antagónico con la manipulación, que es precisamente lo que hacen quienes elaboran y difunden noticias falsas.
Mundo – Tiempo Argentino