Durante la semana, recrudecieron las tensiones en la relación entre Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, y Javier Milei, presidente de Argentina. Tras el pedido de explicaciones diplomáticas por la intervención del mandatario argentino en la convención del Partido Liberal (PL) —que proclamó a Flavio Bolsonaro (hijo del expresidente Jair Bolsonaro, detenido en carácter domiciliario), como candidato a la presidencia— y ante la postura del gobernante argentino, desde el Palácio do Planalto, decidieron reducir la relación bilateral a un nivel estrictamente comercial. Por su parte, la gestión de Milei acusó a la administración de Lula de actuar por «cuestiones puramente ideológicas».
Si bien el gobierno argentino no responderá en términos diplomáticos, Milei busca posicionarse como referente regional y propone organizar una cumbre de líderes de derecha en Buenos Aires. Su objetivo es confrontar a los gobiernos e identidades de izquierda en la región y el mundo, impulsando un bloque alternativo frente a los organismos multilaterales surgidos de Bretton Woods, con un objetivo paralelo y concreto que es alentar el crecimiento de la derecha para conseguir la derrota del actual presidente brasileño que buscar su cuarto período de gobierno. Sin embargo, el efecto político interno tiende a ser precisamente el contrario: mientras Lula da Silva suma aliados, Flávio Bolsonaro sólo parece contar con el apoyo de Milei.
Esto generó un hecho histórico: tras diez elecciones presidenciales, es la primera vez desde el retorno de la elección directa que un candidato se presenta con un esquema de coalición tan amplio. Lula, va a las elecciones como candidato del Partido de los Trabajadores (PT), pero además logró el respaldo de otros seis partidos con fuerte peso en Brasil: el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Verde (PV), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y Red de Sustentabilidad (Rede). Estas fuerzas están aportando recursos concretos, con un gran despliegue territorial y fiscalización local en todo el país.
En tanto, Flávio Bolsonaro quedó aislado con el ultraderechista PL, dado que los principales partidos de centroizquierda y centroderecha (el denominado Centrão), tras los exabruptos del mandatario argentino, decidieron alejarse para no perder peso territorial y optar por la neutralidad.
El primer partido en hacer mutis por el foro fue el Partido Progresista (PP), que se declaró neutral y liberó las alianzas regionales. De este modo, se cerró la posibilidad de que la senadora Tereza Cristina Corrêa, referente del agronegocio y exministra de Agricultura de Jair Bolsonaro, lo acompañe en la fórmula vicepresidencial. El mismo camino siguieron Unión Brasil y Republicanos, dos fuerzas que articulan un importante bloque parlamentario junto al PP y resultan determinantes para la gobernabilidad. En definitiva, el establishment político parece que le suelta la mano a Flávio.
Ni lento ni perezoso, Lula sostiene su histórica estrategia de diálogo y concertación, buscando acuerdos con sectores moderados y conservadores para garantizar gobernabilidad en un Congreso altamente fragmentado. En esa línea, mantiene conversaciones con referentes de Unión Brasil y Republicanos para sumar apoyos regionales.
Este esquema favorece al mandatario brasileño no solamente en el territorio, sino también en los medios: sumará la mayor cuota de tiempo en radio y televisión otorgada por el Tribunal Superior Electoral. Mientras Lula concentrará el 44,2% del tiempo asignado a los bloques, Flavio tendrá el 34,7%, Ronaldo Caiado (PSD) el 16,3% y Augusto Cury (Avante) el 4,8%. Una cuestión que, también, puede colaborar al triunfo en las elecciones de octubre (el 4, la primera vuelta y el 25, el balotaje).
Otro dato histórico es que, por primera vez desde el regreso a la democracia, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) —del expresidente Fernando Henrique Cardoso— no presentará candidato propio. En su lugar, dos de sus antiguos referentes acompañan a Lula: Geraldo Alckmin en la vicepresidencia y Simone Tebet, su última candidata presidencial, quien buscará una banca en el Senado por el PSB para reforzar el apoyo parlamentario.
Así, el próximo domingo, desde São Bernardo do Campo —en el conurbano de San Pablo, donde inició su militancia sindical y política en los años ochenta—, Lula presentará su programa de gobierno en busca de la reelección.
El aislamiento diplomático y político de Flávio Bolsonaro tras la intervención de Javier Milei terminó catapultando un hecho histórico en Brasil: la conformación de la coalición electoral más amplia de la democracia para respaldar la reelección del líder del PT.
Durante la semana, recrudecieron las tensiones en la relación entre Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, y Javier Milei, presidente de Argentina. Tras el pedido de explicaciones diplomáticas por la intervención del mandatario argentino en la convención del Partido Liberal (PL) —que proclamó a Flavio Bolsonaro (hijo del expresidente Jair Bolsonaro, detenido en carácter domiciliario), como candidato a la presidencia— y ante la postura del gobernante argentino, desde el Palácio do Planalto, decidieron reducir la relación bilateral a un nivel estrictamente comercial. Por su parte, la gestión de Milei acusó a la administración de Lula de actuar por «cuestiones puramente ideológicas».
Si bien el gobierno argentino no responderá en términos diplomáticos, Milei busca posicionarse como referente regional y propone organizar una cumbre de líderes de derecha en Buenos Aires. Su objetivo es confrontar a los gobiernos e identidades de izquierda en la región y el mundo, impulsando un bloque alternativo frente a los organismos multilaterales surgidos de Bretton Woods, con un objetivo paralelo y concreto que es alentar el crecimiento de la derecha para conseguir la derrota del actual presidente brasileño que buscar su cuarto período de gobierno. Sin embargo, el efecto político interno tiende a ser precisamente el contrario: mientras Lula da Silva suma aliados, Flávio Bolsonaro sólo parece contar con el apoyo de Milei.
Esto generó un hecho histórico: tras diez elecciones presidenciales, es la primera vez desde el retorno de la elección directa que un candidato se presenta con un esquema de coalición tan amplio. Lula, va a las elecciones como candidato del Partido de los Trabajadores (PT), pero además logró el respaldo de otros seis partidos con fuerte peso en Brasil: el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Verde (PV), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y Red de Sustentabilidad (Rede). Estas fuerzas están aportando recursos concretos, con un gran despliegue territorial y fiscalización local en todo el país.
En tanto, Flávio Bolsonaro quedó aislado con el ultraderechista PL, dado que los principales partidos de centroizquierda y centroderecha (el denominado Centrão), tras los exabruptos del mandatario argentino, decidieron alejarse para no perder peso territorial y optar por la neutralidad.
El primer partido en hacer mutis por el foro fue el Partido Progresista (PP), que se declaró neutral y liberó las alianzas regionales. De este modo, se cerró la posibilidad de que la senadora Tereza Cristina Corrêa, referente del agronegocio y exministra de Agricultura de Jair Bolsonaro, lo acompañe en la fórmula vicepresidencial. El mismo camino siguieron Unión Brasil y Republicanos, dos fuerzas que articulan un importante bloque parlamentario junto al PP y resultan determinantes para la gobernabilidad. En definitiva, el establishment político parece que le suelta la mano a Flávio.
Ni lento ni perezoso, Lula sostiene su histórica estrategia de diálogo y concertación, buscando acuerdos con sectores moderados y conservadores para garantizar gobernabilidad en un Congreso altamente fragmentado. En esa línea, mantiene conversaciones con referentes de Unión Brasil y Republicanos para sumar apoyos regionales.
Este esquema favorece al mandatario brasileño no solamente en el territorio, sino también en los medios: sumará la mayor cuota de tiempo en radio y televisión otorgada por el Tribunal Superior Electoral. Mientras Lula concentrará el 44,2% del tiempo asignado a los bloques, Flavio tendrá el 34,7%, Ronaldo Caiado (PSD) el 16,3% y Augusto Cury (Avante) el 4,8%. Una cuestión que, también, puede colaborar al triunfo en las elecciones de octubre (el 4, la primera vuelta y el 25, el balotaje).
Otro dato histórico es que, por primera vez desde el regreso a la democracia, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) —del expresidente Fernando Henrique Cardoso— no presentará candidato propio. En su lugar, dos de sus antiguos referentes acompañan a Lula: Geraldo Alckmin en la vicepresidencia y Simone Tebet, su última candidata presidencial, quien buscará una banca en el Senado por el PSB para reforzar el apoyo parlamentario.
Así, el próximo domingo, desde São Bernardo do Campo —en el conurbano de San Pablo, donde inició su militancia sindical y política en los años ochenta—, Lula presentará su programa de gobierno en busca de la reelección.
Mundo – Tiempo Argentino