La investigación por el ataque a balazos contra Nadia Beller, expareja del operador mileista Fernando Cerimedo y embarazada de cuatro meses, escaló a un nivel de alta tensión política tras sus revelaciones desde una clínica en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Beller denunció que el exasesor de Javier Milei es el autor intelectual de la emboscada que sufrió en suelo boliviano, una acusación que se conoce tras la detención de Cerimedo en el aeropuerto de Viru Viru, cuando intentaba abordar un vuelo con destino a Buenos Aires.
Desde su internación, la víctima rompió el silencio y apuntó de manera directa contra la cúpula del Poder Ejecutivo argentino. Según su testimonio, durante los ocho meses de relación, el consultor le detalló la existencia de maniobras espurias dentro de la gestión nacional y atribuyó su alejamiento del oficialismo a «un entorno demasiado podrido». En sus declaraciones, Beller sostuvo que Cerimedo le aseguró que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se encontraba vinculada a esquemas de corrupción.
Las acusaciones de Beller involucraron también el escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y las disputas internas dentro del espacio oficialista. La mujer vinculó al estratega digital con la filtración de los audios del exdirector del organismo, Diego Spagnuolo, en los que se detallaba un presunto cobro de coimas. Beller afirmó que su expareja le admitió la veracidad de las grabaciones y que el episodio fue utilizado para evitar la impunidad de las irregularidades dentro de la estructura estatal.
La causa abierta en la justicia boliviana no solo indaga la tentativa de femicidio, sino también una supuesta red de financiamiento ilícito y lavado de activos. Según Beller, Cerimedo manejaba importantes sumas de dinero provenientes de operaciones irregulares en el país vecino, las cuales habrían sido blanqueadas en Argentina a través de un entramado de sociedades comerciales. Estas afirmaciones añaden sospechas sobre el origen de los fondos utilizados por el entorno libertario.
Mientras Beller continúa su recuperación y sostiene que la relación fue utilizada como una trampa para atentar contra su vida, la Casa Rosada mantiene un hermético silencio sobre la situación de quien fuera uno de sus principales operadores comunicacionales. Las graves denuncias por retornos, carpetazos y violencia de género exponen la trastienda de una gestión que, tras el discurso de la transparencia, vuelve a quedar salpicada en su círculo más íntimo.
Tras sobrevivir a una emboscada a balazos en Santa Cruz de la Sierra, Nadia Beller denunció que el exasesor libertario la mandó a matar para encubrir una red de negocios espurios, lavado de dinero y extorsiones que salpican directo al corazón del Poder Ejecutivo.
La investigación por el ataque a balazos contra Nadia Beller, expareja del operador mileista Fernando Cerimedo y embarazada de cuatro meses, escaló a un nivel de alta tensión política tras sus revelaciones desde una clínica en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Beller denunció que el exasesor de Javier Milei es el autor intelectual de la emboscada que sufrió en suelo boliviano, una acusación que se conoce tras la detención de Cerimedo en el aeropuerto de Viru Viru, cuando intentaba abordar un vuelo con destino a Buenos Aires.
Desde su internación, la víctima rompió el silencio y apuntó de manera directa contra la cúpula del Poder Ejecutivo argentino. Según su testimonio, durante los ocho meses de relación, el consultor le detalló la existencia de maniobras espurias dentro de la gestión nacional y atribuyó su alejamiento del oficialismo a «un entorno demasiado podrido». En sus declaraciones, Beller sostuvo que Cerimedo le aseguró que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se encontraba vinculada a esquemas de corrupción.
Las acusaciones de Beller involucraron también el escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y las disputas internas dentro del espacio oficialista. La mujer vinculó al estratega digital con la filtración de los audios del exdirector del organismo, Diego Spagnuolo, en los que se detallaba un presunto cobro de coimas. Beller afirmó que su expareja le admitió la veracidad de las grabaciones y que el episodio fue utilizado para evitar la impunidad de las irregularidades dentro de la estructura estatal.
La causa abierta en la justicia boliviana no solo indaga la tentativa de femicidio, sino también una supuesta red de financiamiento ilícito y lavado de activos. Según Beller, Cerimedo manejaba importantes sumas de dinero provenientes de operaciones irregulares en el país vecino, las cuales habrían sido blanqueadas en Argentina a través de un entramado de sociedades comerciales. Estas afirmaciones añaden sospechas sobre el origen de los fondos utilizados por el entorno libertario.
Mientras Beller continúa su recuperación y sostiene que la relación fue utilizada como una trampa para atentar contra su vida, la Casa Rosada mantiene un hermético silencio sobre la situación de quien fuera uno de sus principales operadores comunicacionales. Las graves denuncias por retornos, carpetazos y violencia de género exponen la trastienda de una gestión que, tras el discurso de la transparencia, vuelve a quedar salpicada en su círculo más íntimo.
Política – Tiempo Argentino