La Argentina elegirá presidente recién el año próximo, pero mientras tanto pone el ojo en la región. Ya hubo elecciones en Chile (fines de 2025), recientemente en Perú y Colombia, se viene el gran duelo en Brasil: la disyuntiva entre Lula o el senador (y portador de apellido, como todo heredero) Flávio Bolsonaro. ¿Qué información aportaron estos procesos electorales, a modo de variable constante, más allá de las particularidades de cada país? Primero, una híper-polarización de mucha conflictividad. Luego, señales reiteradas de que Estados Unidos está decidido a intervenir en el hemisferio tanto o más que en el pasado.
La influencia de Washington tiene la forma de la internacional trumpista, una coordinación de partidos y dirigentes de derecha ‘dura’ avalados por el magnate surgido del negocio inmobiliario. Esa incidencia acaso explique por qué tanto Roberto Sánchez como Iván Cepeda, candidatos de izquierda en Perú y Colombia, advirtieron sobre probables irregularidades en la votación de sus compatriotas residentes en el Exterior (Cepeda, por lo pronto, pidió que se recuente voto a voto lo ocurrido en los consulados de Colombia alrededor del mundo, particularmente en EEUU: el Consejo Nacional Electoral, sin embargo, rechazó la petición).
En América latina existe la convicción de que la elección presidencial de Brasil (4 de octubre, balotaje previsto para el 25 de ese mes) será determinante para el futuro del subcontinente: 158 millones de brasileños habilitados para votar definirán si habrá cuarto mandato lulista, con su giro al “centro” y su gobierno de coalición, o un regreso al bolsonarismo que implicaría, en los hechos, un desagravio al propio Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria por el asalto a los tres poderes del Estado de enero de 2023.

Visto desde Argentina, lo que sucedió y lo que viene se ve atravesado por la doctrina estadounidense hacia sus vecinos del sur: una política de repliegue hemisférico e inocultable endurecimiento. El excanciller Jorge Taiana, por caso, aseguró a Tiempo que la administración republicana de Trump busca ejercer -y lo hace- un mayor control sobre el continente.
“Como EEUU se está replegando en el mundo y se está desplegandoo sobre América latina, naturalmente su peso se hace más fuerte en nuestra región», analizó el hoy diputado nacional. Y agregó: “Está claro que Trump tiene un efecto importante en las elecciones que mencionamos (Chile, Perú y Colombia) y también la de Argentina del año pasado (por las legislativas de medio término). En América latina intentan tener una mano más pesada.”
En el análisis de Taiana, un rasgo común de toda la región es el progresivo “escepticismo” que crece en franjas significativas de la sociedad: cierto “descreimiento” o “falta de confianza” en “la capacidad real de los procesos electorales para producir cambios capaces de modificar cualitativamente la realidad de la gente”. “En general hay un descreimiento. Hay más bajos niveles de participación y se vota más por aquello de impedir que gane el otro que por tener mucha confianza en el candidato propio”, describió.
El legislador, en ese sentido, vaticinó que el “desencanto de la población” persistirá “hasta que aparezcan alternativas claras y renovadas que planteen la justicia social” y, al mismo tiempo, expresen “una relación Estado‑sociedad‑comunidad distinta de la que predominó en el pasado”. Para Taiana, “los conflictos” y “pujas de poder” se incrementarán “en la medida en que se acentúa la declinación norteamericana y en cada uno de los países se vayan formulando más claramente proyectos alternativos”.
De todos modos, el diputado y exministro de Defensa sostuvo que el resultado de las elecciones de medio término en EEUU puede modificar un patrón que se viene repitiendo entre muchos dirigentes sudamericanos -Javier Milei el caso extremo- que buscan alinearse bajo la figura de Trump. Los comicios allí serán el 3 de noviembre. Ese día -un martes laborable, como es tradición- se renuevan 135 bancas de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. “Si en las elecciones de noviembre le va mal a Trump, como hasta ahora se pronostica, su peso y ascendiente en América latina va a declinar porque se va a mostrar que apoyarse en él es piantavotos”, auguró Taiana.
La última elección regional, que fue el duelo colombiano entre Cepeda (Pacto Histórico) y Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria), confirmó por otro lado el involucramiento de Trump y del secretario de Estado Marco Rubio. La periodista y escritora Fabiola Calvo Ocampo, coordinadora de la Red Colombiana de Periodistas, aseguró a este diario que De la Espriella “contó con altas sumas de dinero y apoyo internacional”, sobre todo “por Trump” pero también por la derecha israelí. “Él (por De la Espriella) es un defensor de Netanyahu. Han sido muchos los factores que contribuyeron a que este candidato sumara (apoyos), y a eso le sumó el miedo, las pasiones, la rabia y el descontento de la gente, fundamentalmente de la clase media”, evaluó.
Doctora en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, autora del libro Colombia EPL, una historia armada: Manuel Pérez un cura español en la guerrilla colombiana, Calvo Ocampo planteó que la asunción del outsider a lo Bukele abre cierta incógnita en materia de convivencia social; en particular, recordó, por la historia violenta y trágica de su tierra, la nación del realismo mágico, de García Márquez y “el Pibe” Valderrama. “No olvidemos que éste es un país con un largo conflicto armado y que tardaremos muchos años, también, en tratar de desarmar el pensamiento, las acciones y la cotidianidad”, asumió.

Y en la misma línea añadió: “Lo que pase en el futuro va a depender de que se respeten las conquistas de los derechos y que, de verdad, se respete la Constitución y que se respete el Estado social de Derecho; que se respeten los tres poderes y que realmente se haga un gobierno en democracia.”
Lula y el futuro
Algunos antecedentes históricos, por otro lado, muestran que la derecha y la ultraderecha latinoamericanas no dudan a la hora de utilizar todo el poder del aparato del Estado para combatir a sus adversarios ideológicos. Pueden hacerlo, incluso, forzando los límites de las instituciones republicanas y pese a que la sociedad esté dividida en polos proporcionalmente equiparables (como expuso el reciente balotaje de Colombia, 50,49% a 49,51 por ciento).
Otro factor a tener en cuenta de las últimas elecciones sudamericanas es la injerencia que adquirió en los últimos años la derecha israelí del Likud y partidos aliados. Si el presidente saliente Gustavo Petro confrontó largamente con Benjamin ‘Bibi’ Netanyahu, el vencedor del domingo fue financiado y asesorado desde Tel Aviv. Uno de los compromisos públicos de De la Espriella fue anunciar que profundizará la alianza de Colombia con Israel hasta hacerla “más fuerte que nunca”.
Israel, está claro, ya es un actor extrarregional que incide en las pujas locales: en las recientes primarias de Nueva York para la Cámara de Representantes uno de los temas de discusión entre el ala progresista y el ala moderada del Partido Demócrata fue justamente el vínculo con Israel y la denuncia (o la pasividad, el silencio) ante el genocidio en Gaza. Uno de los vencedores de la jornada, Brad Lander (ganó la primaria demócrata por el décimo distrito) ensayó una autocrítica colectiva por este tema.
“Nuestro partido necesita admitir que la estrategia de Joe Biden de ‘abrazar a Bibi’ (por Netanyahu) fue un error catastrófico. No podemos seguir pagando las guerras de Netanyahyu con nuestros dólares. Los votantes demócratas lo están diciendo, alto y claro”, sostuvo en su primer discurso tras conocerse el triunfo.
Por último, la cuenta regresiva de la región avanza inexorablemente hacia la competencia de fondo en el gigante sudamericano: Brasil. A la definición de su futuro. Lejos de los flashes, las redes y las declaraciones altisonantes, con discreción y canales permanentes de comunicación, el arco opositor de la Argentina cultiva el vínculo con el PT brasileño. Desde La Plata, por caso, el gobierno de Axel Kicillof sigue en detalle las medidas de gestión y las tácticas electorales que va tomando Lula.
Un ejemplo es el plan de alivio de deudas ‘Desenrola Brasil 2.0’ (significa algo así como “darle aire” a las familias brasileñas), que la administración lulista anunció hace un mes y medio. Según las encuestadoras más serias de Brasil (Datafolha, ligada al diario Folha de San Pablo, e Instituto de Pesquisa Quaest, de Belo Horizonte) el programa de alivio para la morosidad de las familias, junto a una visita muy promocionada de Lula a EEUU para reunirse con Trump, hicieron subir al mandatario brasileño en los sondeos.
El ‘Desenrola Brasil’ está pensado para ayudar a las familias con ingresos mensuales de hasta cinco salarios mínimos (alrededor de 8000 reales) y que registren deudas de entre tres meses y 2 años.
“Cada vez que Lula vuelve a tomar las riendas fuertes de la dirección y el horizonte político del gobierno (de Brasil) repunta mucho en las encuestas”, desentrañó en diálogo con este diario la consultora Julieta Waisgold, especialista en comunicación política y electoral. Desde Argentina, se sobreentiende, siguen estos antecedentes y toman nota.
La información que vienen aportando los procesos electorales de Sudamérica, donde se impusieron los partidos de ultraderecha, refleja una híperpolarización y una intervención cada vez mayor del trumpismo en el hemisferio. Brasil es la próxima y determinante parada en esta escalada.
La Argentina elegirá presidente recién el año próximo, pero mientras tanto pone el ojo en la región. Ya hubo elecciones en Chile (fines de 2025), recientemente en Perú y Colombia, se viene el gran duelo en Brasil: la disyuntiva entre Lula o el senador (y portador de apellido, como todo heredero) Flávio Bolsonaro. ¿Qué información aportaron estos procesos electorales, a modo de variable constante, más allá de las particularidades de cada país? Primero, una híper-polarización de mucha conflictividad. Luego, señales reiteradas de que Estados Unidos está decidido a intervenir en el hemisferio tanto o más que en el pasado.
La influencia de Washington tiene la forma de la internacional trumpista, una coordinación de partidos y dirigentes de derecha ‘dura’ avalados por el magnate surgido del negocio inmobiliario. Esa incidencia acaso explique por qué tanto Roberto Sánchez como Iván Cepeda, candidatos de izquierda en Perú y Colombia, advirtieron sobre probables irregularidades en la votación de sus compatriotas residentes en el Exterior (Cepeda, por lo pronto, pidió que se recuente voto a voto lo ocurrido en los consulados de Colombia alrededor del mundo, particularmente en EEUU: el Consejo Nacional Electoral, sin embargo, rechazó la petición).
En América latina existe la convicción de que la elección presidencial de Brasil (4 de octubre, balotaje previsto para el 25 de ese mes) será determinante para el futuro del subcontinente: 158 millones de brasileños habilitados para votar definirán si habrá cuarto mandato lulista, con su giro al “centro” y su gobierno de coalición, o un regreso al bolsonarismo que implicaría, en los hechos, un desagravio al propio Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria por el asalto a los tres poderes del Estado de enero de 2023.

Visto desde Argentina, lo que sucedió y lo que viene se ve atravesado por la doctrina estadounidense hacia sus vecinos del sur: una política de repliegue hemisférico e inocultable endurecimiento. El excanciller Jorge Taiana, por caso, aseguró a Tiempo que la administración republicana de Trump busca ejercer -y lo hace- un mayor control sobre el continente.
“Como EEUU se está replegando en el mundo y se está desplegandoo sobre América latina, naturalmente su peso se hace más fuerte en nuestra región», analizó el hoy diputado nacional. Y agregó: “Está claro que Trump tiene un efecto importante en las elecciones que mencionamos (Chile, Perú y Colombia) y también la de Argentina del año pasado (por las legislativas de medio término). En América latina intentan tener una mano más pesada.”
En el análisis de Taiana, un rasgo común de toda la región es el progresivo “escepticismo” que crece en franjas significativas de la sociedad: cierto “descreimiento” o “falta de confianza” en “la capacidad real de los procesos electorales para producir cambios capaces de modificar cualitativamente la realidad de la gente”. “En general hay un descreimiento. Hay más bajos niveles de participación y se vota más por aquello de impedir que gane el otro que por tener mucha confianza en el candidato propio”, describió.
El legislador, en ese sentido, vaticinó que el “desencanto de la población” persistirá “hasta que aparezcan alternativas claras y renovadas que planteen la justicia social” y, al mismo tiempo, expresen “una relación Estado‑sociedad‑comunidad distinta de la que predominó en el pasado”. Para Taiana, “los conflictos” y “pujas de poder” se incrementarán “en la medida en que se acentúa la declinación norteamericana y en cada uno de los países se vayan formulando más claramente proyectos alternativos”.
De todos modos, el diputado y exministro de Defensa sostuvo que el resultado de las elecciones de medio término en EEUU puede modificar un patrón que se viene repitiendo entre muchos dirigentes sudamericanos -Javier Milei el caso extremo- que buscan alinearse bajo la figura de Trump. Los comicios allí serán el 3 de noviembre. Ese día -un martes laborable, como es tradición- se renuevan 135 bancas de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. “Si en las elecciones de noviembre le va mal a Trump, como hasta ahora se pronostica, su peso y ascendiente en América latina va a declinar porque se va a mostrar que apoyarse en él es piantavotos”, auguró Taiana.
La última elección regional, que fue el duelo colombiano entre Cepeda (Pacto Histórico) y Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria), confirmó por otro lado el involucramiento de Trump y del secretario de Estado Marco Rubio. La periodista y escritora Fabiola Calvo Ocampo, coordinadora de la Red Colombiana de Periodistas, aseguró a este diario que De la Espriella “contó con altas sumas de dinero y apoyo internacional”, sobre todo “por Trump” pero también por la derecha israelí. “Él (por De la Espriella) es un defensor de Netanyahu. Han sido muchos los factores que contribuyeron a que este candidato sumara (apoyos), y a eso le sumó el miedo, las pasiones, la rabia y el descontento de la gente, fundamentalmente de la clase media”, evaluó.
Doctora en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, autora del libro Colombia EPL, una historia armada: Manuel Pérez un cura español en la guerrilla colombiana, Calvo Ocampo planteó que la asunción del outsider a lo Bukele abre cierta incógnita en materia de convivencia social; en particular, recordó, por la historia violenta y trágica de su tierra, la nación del realismo mágico, de García Márquez y “el Pibe” Valderrama. “No olvidemos que éste es un país con un largo conflicto armado y que tardaremos muchos años, también, en tratar de desarmar el pensamiento, las acciones y la cotidianidad”, asumió.

Y en la misma línea añadió: “Lo que pase en el futuro va a depender de que se respeten las conquistas de los derechos y que, de verdad, se respete la Constitución y que se respete el Estado social de Derecho; que se respeten los tres poderes y que realmente se haga un gobierno en democracia.”
Lula y el futuro
Algunos antecedentes históricos, por otro lado, muestran que la derecha y la ultraderecha latinoamericanas no dudan a la hora de utilizar todo el poder del aparato del Estado para combatir a sus adversarios ideológicos. Pueden hacerlo, incluso, forzando los límites de las instituciones republicanas y pese a que la sociedad esté dividida en polos proporcionalmente equiparables (como expuso el reciente balotaje de Colombia, 50,49% a 49,51 por ciento).
Otro factor a tener en cuenta de las últimas elecciones sudamericanas es la injerencia que adquirió en los últimos años la derecha israelí del Likud y partidos aliados. Si el presidente saliente Gustavo Petro confrontó largamente con Benjamin ‘Bibi’ Netanyahu, el vencedor del domingo fue financiado y asesorado desde Tel Aviv. Uno de los compromisos públicos de De la Espriella fue anunciar que profundizará la alianza de Colombia con Israel hasta hacerla “más fuerte que nunca”.
Israel, está claro, ya es un actor extrarregional que incide en las pujas locales: en las recientes primarias de Nueva York para la Cámara de Representantes uno de los temas de discusión entre el ala progresista y el ala moderada del Partido Demócrata fue justamente el vínculo con Israel y la denuncia (o la pasividad, el silencio) ante el genocidio en Gaza. Uno de los vencedores de la jornada, Brad Lander (ganó la primaria demócrata por el décimo distrito) ensayó una autocrítica colectiva por este tema.
“Nuestro partido necesita admitir que la estrategia de Joe Biden de ‘abrazar a Bibi’ (por Netanyahu) fue un error catastrófico. No podemos seguir pagando las guerras de Netanyahyu con nuestros dólares. Los votantes demócratas lo están diciendo, alto y claro”, sostuvo en su primer discurso tras conocerse el triunfo.
Por último, la cuenta regresiva de la región avanza inexorablemente hacia la competencia de fondo en el gigante sudamericano: Brasil. A la definición de su futuro. Lejos de los flashes, las redes y las declaraciones altisonantes, con discreción y canales permanentes de comunicación, el arco opositor de la Argentina cultiva el vínculo con el PT brasileño. Desde La Plata, por caso, el gobierno de Axel Kicillof sigue en detalle las medidas de gestión y las tácticas electorales que va tomando Lula.
Un ejemplo es el plan de alivio de deudas ‘Desenrola Brasil 2.0’ (significa algo así como “darle aire” a las familias brasileñas), que la administración lulista anunció hace un mes y medio. Según las encuestadoras más serias de Brasil (Datafolha, ligada al diario Folha de San Pablo, e Instituto de Pesquisa Quaest, de Belo Horizonte) el programa de alivio para la morosidad de las familias, junto a una visita muy promocionada de Lula a EEUU para reunirse con Trump, hicieron subir al mandatario brasileño en los sondeos.
El ‘Desenrola Brasil’ está pensado para ayudar a las familias con ingresos mensuales de hasta cinco salarios mínimos (alrededor de 8000 reales) y que registren deudas de entre tres meses y 2 años.
“Cada vez que Lula vuelve a tomar las riendas fuertes de la dirección y el horizonte político del gobierno (de Brasil) repunta mucho en las encuestas”, desentrañó en diálogo con este diario la consultora Julieta Waisgold, especialista en comunicación política y electoral. Desde Argentina, se sobreentiende, siguen estos antecedentes y toman nota.
Política – Tiempo Argentino