Un sitio de memoria sobre la complicidad empresarial con el terrorismo de Estado

“Con ustedes no discutimos más. La fábrica pasa a ser prioridad militar. Denle mis saludos al coronel (Ramón) Camps. Ya lo van a conocer”, les espetó el director de Relaciones Industriales de Ford a nueve delegados en una reunión que directivos de la empresa mantuvieron con los representantes de los trabajadores horas más tarde del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Días después, unos 24 gremialistas eran secuestrados y conducidos al quincho, un sector de la automotriz ubicado en la localidad de Pacheco, donde con el aval de los ejecutivos de la multinacional se montó un centro clandestino de detención ilegal.  

Carlos Propato, obrero y delegado de la parte de pintura del sector de montaje de la planta, es una de las víctimas que fueron detenidas y torturadas en el lugar que se convirtió en un emblema de la complicidad empresarial con el plan sistemático de terrorismo de Estado desarrollado por la última dictadura cívico militar.

Medio siglo después de esos hechos, Carlos volvió a revivir los hechos que padeció en una reunión de la Comisión de Tierras de la Legislatura bonaerense, donde se presentó un proyecto para la expropiación del Quincho de Ford con la intención de construir un sitio de memoria para que “las próximas generaciones conozcan esa parte de la historia de los trabajadores en Argentina”.

“A los 78 años es una forma de seguir aportando a la lucha de los trabajadores y difundir el calvario que padecimos por representar a nuestros compañeros y defender sus derechos”, le contó Propato a Tiempo Argentino días después de dar su testimonio en defensa de esta iniciativa, impulsada por el diputado provincial Christian Castillo, del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT).

El proyecto pretende poner esa parcela de las instalaciones de Ford, ubicadas sobre la colectora Panamericana en Pacheco, al servicio de las víctimas y de los organismos de derechos humanos a modo de compensación por los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en esa empresa y que fueron analizados en un juicio que se llevó a cabo entre 2017 y 2018 en los Tribunales Federales de San Martín.

“Tenemos un dictamen favorable en la Comisión de Tierras e intentamos tratarlo sobre tablas en la Cámara de Diputados, pero no logramos reunir los dos tercios necesarios. Ahora tenemos que seguir todo el recorrido por el resto de las comisiones. En 2015 habíamos presentado este proyecto e incluso obtuvimos media sanción, pero su aprobación se trabó en el Senado (provincial). Once años después, volvemos a insistir con este proyecto para construir en ese lugar un sitio de memoria”, explicó Castillo a este diario.

Un sitio de memoria sobre la complicidad empresarial con el terrorismo de Estado
Foto: Télam

La complicidad de Ford con el terrorismo de Estado

Carlos Propato ingresó a trabajar a Ford a principios de los años ’70 y con el tiempo pasó a integrar el cuerpo de delgados de la empresa que empleaba a casi 10 mil trabajadores.

“Estaba en el sector de pintura, éramos los que le dábamos a los autos el último toque antes de que quedaran listos. Los compañeros me eligieron delegado en 1972, conseguimos que nos dieran máscaras para protegernos cuando pintábamos las carrocerías”, señaló Carlos.

Además, recordó que extender de 15 minutos a una hora el tiempo que los empleados tenían para comer constituyó otras de las conquistas del cuerpo de delegados que pertenecía al gremio de SMATA.

“Conseguimos también, en 1972, que se habilitara un espacio destinado al esparcimiento y la recreación, donde se montaron quinchos en los cuales nos reuníamos después de jugar el fútbol”, evocó Propato sobre ese ámbito de la fábrica que la empresa y la dictadura convertirían en un chupadero.

Tras la reunión que los directivos de Ford mantuvieron con los delegados, la planta de Pacheco se militarizó. Las patotas circulaban a sus anchas por las calles internas de la fábrica y levantaban a los trabajadores que eran señalados por la empresa, que les había suministrado camionetas F-100 en las cuales eran trasladadas las víctimas.

Entre el 24 de marzo y el 20 de abril de 1976 los represores capturaron, en la mayoría de los casos a la vista del resto de los trabajadores, a los 24 delegados. Los llevaron al quincho, donde los torturaron para luego trasladarlos a otros centros de detención.

“El 13 de abril, a la mañana, me llamaron para que vaya a ver al capataz y al llegar me encontré con ocho efectivos del Ejército. Les dije que esperaran a que me cambiara y llevara los documentos. ‘Donde te llevamos no necesitás documentos’”, narró sobre su detención.

Así, Propato fue secuestrado y llevado al quincho, donde lo sometieron a torturas y golpizas. “Nos pegaron durante horas, nos molieron a patadas. Después, en camionetas de la empresa me llevaron a la Comisaría de Tigre, donde nos torturaron durante días”, aseguró.

A Carlos lo llevaron a las cárceles de Devoto, Azul y Sierra Chica, donde perdió la visión del 40 por ciento de un ojo y le rompieron una vértebra. Lo liberaron en 1977, pero siguió a disposición del PEN. Recién en 2010, en el marco de la instrucción de la causa que se siguió por los delitos de lesa humanidad que se cometieron en la empresa Carlos volvió al quincho de Ford donde estuvo en cautiverio.

En diciembre de 2018, tras un año de audiencias, el Tribunal Oral Número 1 de San Martín condenó por los secuestros y las torturas que sufrieron los trabajadores de Ford al jerarca militar Santiago Omar Riveros y a los exdirectivos de la empresa, Pedro Müller y Héctor Sibila. Galarraga murió un año antes del inicio de este proceso oral y público.

Carlos brindó su testimonio en ese histórico juicio que se siguió a una multinacional por su participación en crímenes de lesa humanidad. “Demostramos que cuando el Poder Obrero se propone algo, lo consigue. Ahora queremos atesorar la memoria para los jóvenes”, puntualizó Propato sobre este proyecto que busca honrar a las víctimas de la complicidad empresarial.  «

 Un proyecto busca recuperar el quincho de Ford, donde funcionó un centro de torturas avalado por la empresa. El exdelegado Carlos Propato pasó por ese lugar y apoya la iniciativa.  

“Con ustedes no discutimos más. La fábrica pasa a ser prioridad militar. Denle mis saludos al coronel (Ramón) Camps. Ya lo van a conocer”, les espetó el director de Relaciones Industriales de Ford a nueve delegados en una reunión que directivos de la empresa mantuvieron con los representantes de los trabajadores horas más tarde del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Días después, unos 24 gremialistas eran secuestrados y conducidos al quincho, un sector de la automotriz ubicado en la localidad de Pacheco, donde con el aval de los ejecutivos de la multinacional se montó un centro clandestino de detención ilegal.  

Carlos Propato, obrero y delegado de la parte de pintura del sector de montaje de la planta, es una de las víctimas que fueron detenidas y torturadas en el lugar que se convirtió en un emblema de la complicidad empresarial con el plan sistemático de terrorismo de Estado desarrollado por la última dictadura cívico militar.

Medio siglo después de esos hechos, Carlos volvió a revivir los hechos que padeció en una reunión de la Comisión de Tierras de la Legislatura bonaerense, donde se presentó un proyecto para la expropiación del Quincho de Ford con la intención de construir un sitio de memoria para que “las próximas generaciones conozcan esa parte de la historia de los trabajadores en Argentina”.

“A los 78 años es una forma de seguir aportando a la lucha de los trabajadores y difundir el calvario que padecimos por representar a nuestros compañeros y defender sus derechos”, le contó Propato a Tiempo Argentino días después de dar su testimonio en defensa de esta iniciativa, impulsada por el diputado provincial Christian Castillo, del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT).

El proyecto pretende poner esa parcela de las instalaciones de Ford, ubicadas sobre la colectora Panamericana en Pacheco, al servicio de las víctimas y de los organismos de derechos humanos a modo de compensación por los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en esa empresa y que fueron analizados en un juicio que se llevó a cabo entre 2017 y 2018 en los Tribunales Federales de San Martín.

“Tenemos un dictamen favorable en la Comisión de Tierras e intentamos tratarlo sobre tablas en la Cámara de Diputados, pero no logramos reunir los dos tercios necesarios. Ahora tenemos que seguir todo el recorrido por el resto de las comisiones. En 2015 habíamos presentado este proyecto e incluso obtuvimos media sanción, pero su aprobación se trabó en el Senado (provincial). Once años después, volvemos a insistir con este proyecto para construir en ese lugar un sitio de memoria”, explicó Castillo a este diario.

Un sitio de memoria sobre la complicidad empresarial con el terrorismo de Estado

Foto: Télam

Carlos Propato ingresó a trabajar a Ford a principios de los años ’70 y con el tiempo pasó a integrar el cuerpo de delgados de la empresa que empleaba a casi 10 mil trabajadores.

“Estaba en el sector de pintura, éramos los que le dábamos a los autos el último toque antes de que quedaran listos. Los compañeros me eligieron delegado en 1972, conseguimos que nos dieran máscaras para protegernos cuando pintábamos las carrocerías”, señaló Carlos.

Además, recordó que extender de 15 minutos a una hora el tiempo que los empleados tenían para comer constituyó otras de las conquistas del cuerpo de delegados que pertenecía al gremio de SMATA.

“Conseguimos también, en 1972, que se habilitara un espacio destinado al esparcimiento y la recreación, donde se montaron quinchos en los cuales nos reuníamos después de jugar el fútbol”, evocó Propato sobre ese ámbito de la fábrica que la empresa y la dictadura convertirían en un chupadero.

Tras la reunión que los directivos de Ford mantuvieron con los delegados, la planta de Pacheco se militarizó. Las patotas circulaban a sus anchas por las calles internas de la fábrica y levantaban a los trabajadores que eran señalados por la empresa, que les había suministrado camionetas F-100 en las cuales eran trasladadas las víctimas.

Entre el 24 de marzo y el 20 de abril de 1976 los represores capturaron, en la mayoría de los casos a la vista del resto de los trabajadores, a los 24 delegados. Los llevaron al quincho, donde los torturaron para luego trasladarlos a otros centros de detención.

“El 13 de abril, a la mañana, me llamaron para que vaya a ver al capataz y al llegar me encontré con ocho efectivos del Ejército. Les dije que esperaran a que me cambiara y llevara los documentos. ‘Donde te llevamos no necesitás documentos’”, narró sobre su detención.

Así, Propato fue secuestrado y llevado al quincho, donde lo sometieron a torturas y golpizas. “Nos pegaron durante horas, nos molieron a patadas. Después, en camionetas de la empresa me llevaron a la Comisaría de Tigre, donde nos torturaron durante días”, aseguró.

A Carlos lo llevaron a las cárceles de Devoto, Azul y Sierra Chica, donde perdió la visión del 40 por ciento de un ojo y le rompieron una vértebra. Lo liberaron en 1977, pero siguió a disposición del PEN. Recién en 2010, en el marco de la instrucción de la causa que se siguió por los delitos de lesa humanidad que se cometieron en la empresa Carlos volvió al quincho de Ford donde estuvo en cautiverio.

En diciembre de 2018, tras un año de audiencias, el Tribunal Oral Número 1 de San Martín condenó por los secuestros y las torturas que sufrieron los trabajadores de Ford al jerarca militar Santiago Omar Riveros y a los exdirectivos de la empresa, Pedro Müller y Héctor Sibila. Galarraga murió un año antes del inicio de este proceso oral y público.

Carlos brindó su testimonio en ese histórico juicio que se siguió a una multinacional por su participación en crímenes de lesa humanidad. “Demostramos que cuando el Poder Obrero se propone algo, lo consigue. Ahora queremos atesorar la memoria para los jóvenes”, puntualizó Propato sobre este proyecto que busca honrar a las víctimas de la complicidad empresarial.  «

 Política – Tiempo Argentino

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