¿Los más racistas?

En realidad, tiendo a ignorar las patéticas tonterías que instalan las redes sociales. Pero llegan momentos donde cuando hasta los amigos me mandan cosas (siempre diciendo “tú no eres así”) y entonces, me pudro y necesito hacer catarsis.

Todo salió a la luz con el amigo Samuel Jackson que declaró (con total desparpajo) que “la Argentina es el país más racista del mundo”. Esto dicho por los muchachos de la sociedad que nos trajo al Klu Klux Klan, las leyes de miscegenación, los linchamientos de negros y el “no se aceptan irlandeses, judíos y perros”. Obvio que pasó desapercibido que una nación no puede ser racista; los racistas son sus ciudadanos. De ahí al españolito Javier Barem que se debe haber olvidado de que su nación inventó la ley de castas, la expulsión de los judíos, y tantas cosas más. Hasta el economista fracasado, arquitecto de la crisis económica de Syriza, el griego Yannis Varoufakis se sumó a los denunciantes. De repente se convirtió en un huracán donde los argentinos somos racistas, arrogantes, pedantes, tramposos, etcétera.

Una de mis favoritas es la escritora mexicana Guadalupe Loaeza que sacó una larga columna en el periódico La Reforma (23 de julio de 2026) donde afirmó, con total desparpajo que “muchos argentinos son arrogantes, muy pagados de sí mismos y muy racistas”. Dado que la mediocre escritora ha sido acusada de racismo en su propio país, y encima tiene la arrogancia de hacer estas afirmaciones, su parecer es por lo menos dudoso. Peor aún, Loaeza hasta tiene el caradurismo de decirnos que “tengo una amiga argentina”; más o menos como cuando decían “no soy racista, tengo un amigo negro”. Todo esto por las declaraciones de Eduardo Feinman, un seudo periodista sionista y de derecha (a menos que la izquierda le pague para deje de serlo, como buen mercenario que es), que odia a los mexicanos. Notable acusar a todo un pueblo por lo que dijo un idiota. Es como suponer que todos los mexicanos son narcos solo porque existe el Chapo Guzmán. Y también por la actitud de la Selección Argentina cuando entregaron la Copa del Mundial. Está claro que eso estuvo mal, así como les pareció bien que no le dieran la mano a Trump. Doble standard es poco.

De igual manera se mezclan cosas increíbles: la arrogancia y la pedantería no son racismo. En eso la Argentina es bastante menos que otros países, como por ejemplo México que ha discriminado a su población indígena y asiática. Pero eso es más clasismo que racismo, ya que es una herencia de la dominación española donde pocos blanquitos querían dominar a muchísima gente de color. Ser blanco, aún hoy en día, en México, es ser parte de la elite. La Argentina tiene un héroe negro de la Independencia (el Sargento Cabral) igual que Cuba con Antonio Maceo. También asesinó buena parte de su población aborigen como Estados Unidos, Australia, o Chile. Tuvo sólo dos pogroms en su historia, y el de 1919 fue realizado por hijos de la oligarquía que equiparaban judío con bolchevique… O sea fue más político que antisemita. Hemos tenido políticos de todo tipo desde presidentes y gobernadores mujeres hasta un presidente corso, intendentes gays, judíos y musulmanes. Pocos países pueden decir lo mismo. Y puedo seguir largo y tendido.

Eso no quiere decir que no haya muchos argentinos racistas, los hay. Pero no se ha traducido en prácticas sociales o legales discriminatorias. Decir que la Argentina es más racista que Israel o el Sudáfrica del apartheid es ridículo. Al mismo tiempo, el racismo viene creciendo debido a la crisis socioeconómica, y la competencia por los pocos trabajos entre nacionales e inmigrantes. Aun así pocos argentinos consideran a los bolivianos como sucios, o a los peruanos como ladrones.

Por otro lado, no hay que confundir características culturales con problemas más profundos. A mi hermana, y a mi primera esposa, les decían “la negra”. Mi amigo del alma, el Lobito Gómez era “el Negro José”. Mi padre era “el gringo”; mi madre, “la gallega”; mi vecino, “el ruso” por ser judío. En realidad, ninguno era un problema de raza y no conllevaba prácticas discriminatorias. O por lo menos, a ninguno de mis “negros” (en realidad eran morochos) les impidieron entrar a ningún restaurant. En cambio, en Italia y en México les costaba creer que mi hermana lo era… por tiene piel de latinoamericana. Y yo ¿qué tengo? Piel de chancho, me dijo mi médica.

¿Sería mejor que nadie notara la piel o el origen nacional? Y sí, pero de ahí a lincharlos hay un largo trecho.

Otra cosa es la arrogancia y pedantería argentina. Se ha hecho mucho de que “somos europeos” (o eso decimos) y que “nos creemos mejores que los latinoamericanos”.

Hmmmm… a ver, primero no confundamos características que surgen de la construcción de una identidad nacional con algo más profundo. Los argentinos, sobre todo los de Córdoba, el Litoral y Buenos Aires, somos gritones, volubles, discutidores. Más o menos como los cubanos, o los italianos. ¿Eso es arrogancia? Puede ser, pero es como pensar que los mexicanos son sumisos porque son callados y dicen “mande”. O que los estadounidenses son progres porque se hacen los woke. México es el país del “chinga quedita”; que en estas latitudes se llama “mexicanear”.

En realidad, parte del nacionalismo es construir una identidad donde somos mejores que los otros. “México lindo y querido”, “Brazil, o país mais grande do mundo”; Francia “cuna de la civilización y la cultura”. Pocos han desarrollado un excepcionalismo como los norteamericanos o los israelíes. Los primeros están tan convencidos de su superioridad que pretenden exportar su sistema socioeconómico a todas partes del mundo. Los segundos, son “el pueblo elegido por Dios”. Eso sí es arrogancia. ¿Y pedantería? Se ve que Loaeza nunca habló con un intelectual francés. Lo que pasa es que como buena elite mexicana está convencido que los franceses si son superiores. Quede claro, somos racistas, pedantes, arrogantes y muchas cosas más. ¿Pero más que cualquier otra sociedad? No digamos tonterías.

Lo interesante de esto es porqué y porqué ahora.

No puede ser por una Selección que jugó pobremente, y se comportó como malos deportistas. ¿Merecíamos perder? Sí, pero no sólo con España, también con Egipto y Cabo Verde. Messi fue un gran jugador, pero los que hemos visto a Maradona, Pelé, Garrincha, Cruyff y par de otros sabemos que es uno más de un grupo de grandes jugadores… ¿El mejor? Habría que haberlo visto jugando en el potrero y sin los cuidados del Barcelona para hacer esa afirmación. Siempre lo cuidaron mucho y jamás nadie le pegó como lo hizo Claudio Gentile a Maradona en el Mundial de 1982.

Y de repente somos el país más odiado del mundo… ¿Más que Israel, Estados Unidos, Alemania? Lo dudo. ¿Más que Dinamarca, Uruguay o Colombia? Y sí, esos, me parecen a mí, son buenas gentes. Lo cual sigue sin explicar por qué el furor anti argentino, aun entre amigos cercanos. Me parece que en parte se ha amplificado por las redes, que les dieron voz a tipos como Samuel Jackson o Yannis Varoufakis (que sigue navegando con bandera de zurdo, no sé por qué, y diciendo huevada y media).

Entonces, nos peleamos entre nosotros por nimiedades. Mientras tanto le damos pie a los Milei del mundo para seguir diciendo y haciendo barbaridades.

 De repente somos el país más odiado del mundo… ¿Más que Israel, Estados Unidos, Alemania?  

En realidad, tiendo a ignorar las patéticas tonterías que instalan las redes sociales. Pero llegan momentos donde cuando hasta los amigos me mandan cosas (siempre diciendo “tú no eres así”) y entonces, me pudro y necesito hacer catarsis.

Todo salió a la luz con el amigo Samuel Jackson que declaró (con total desparpajo) que “la Argentina es el país más racista del mundo”. Esto dicho por los muchachos de la sociedad que nos trajo al Klu Klux Klan, las leyes de miscegenación, los linchamientos de negros y el “no se aceptan irlandeses, judíos y perros”. Obvio que pasó desapercibido que una nación no puede ser racista; los racistas son sus ciudadanos. De ahí al españolito Javier Barem que se debe haber olvidado de que su nación inventó la ley de castas, la expulsión de los judíos, y tantas cosas más. Hasta el economista fracasado, arquitecto de la crisis económica de Syriza, el griego Yannis Varoufakis se sumó a los denunciantes. De repente se convirtió en un huracán donde los argentinos somos racistas, arrogantes, pedantes, tramposos, etcétera.

Una de mis favoritas es la escritora mexicana Guadalupe Loaeza que sacó una larga columna en el periódico La Reforma (23 de julio de 2026) donde afirmó, con total desparpajo que “muchos argentinos son arrogantes, muy pagados de sí mismos y muy racistas”. Dado que la mediocre escritora ha sido acusada de racismo en su propio país, y encima tiene la arrogancia de hacer estas afirmaciones, su parecer es por lo menos dudoso. Peor aún, Loaeza hasta tiene el caradurismo de decirnos que “tengo una amiga argentina”; más o menos como cuando decían “no soy racista, tengo un amigo negro”. Todo esto por las declaraciones de Eduardo Feinman, un seudo periodista sionista y de derecha (a menos que la izquierda le pague para deje de serlo, como buen mercenario que es), que odia a los mexicanos. Notable acusar a todo un pueblo por lo que dijo un idiota. Es como suponer que todos los mexicanos son narcos solo porque existe el Chapo Guzmán. Y también por la actitud de la Selección Argentina cuando entregaron la Copa del Mundial. Está claro que eso estuvo mal, así como les pareció bien que no le dieran la mano a Trump. Doble standard es poco.

De igual manera se mezclan cosas increíbles: la arrogancia y la pedantería no son racismo. En eso la Argentina es bastante menos que otros países, como por ejemplo México que ha discriminado a su población indígena y asiática. Pero eso es más clasismo que racismo, ya que es una herencia de la dominación española donde pocos blanquitos querían dominar a muchísima gente de color. Ser blanco, aún hoy en día, en México, es ser parte de la elite. La Argentina tiene un héroe negro de la Independencia (el Sargento Cabral) igual que Cuba con Antonio Maceo. También asesinó buena parte de su población aborigen como Estados Unidos, Australia, o Chile. Tuvo sólo dos pogroms en su historia, y el de 1919 fue realizado por hijos de la oligarquía que equiparaban judío con bolchevique… O sea fue más político que antisemita. Hemos tenido políticos de todo tipo desde presidentes y gobernadores mujeres hasta un presidente corso, intendentes gays, judíos y musulmanes. Pocos países pueden decir lo mismo. Y puedo seguir largo y tendido.

Eso no quiere decir que no haya muchos argentinos racistas, los hay. Pero no se ha traducido en prácticas sociales o legales discriminatorias. Decir que la Argentina es más racista que Israel o el Sudáfrica del apartheid es ridículo. Al mismo tiempo, el racismo viene creciendo debido a la crisis socioeconómica, y la competencia por los pocos trabajos entre nacionales e inmigrantes. Aun así pocos argentinos consideran a los bolivianos como sucios, o a los peruanos como ladrones.

Por otro lado, no hay que confundir características culturales con problemas más profundos. A mi hermana, y a mi primera esposa, les decían “la negra”. Mi amigo del alma, el Lobito Gómez era “el Negro José”. Mi padre era “el gringo”; mi madre, “la gallega”; mi vecino, “el ruso” por ser judío. En realidad, ninguno era un problema de raza y no conllevaba prácticas discriminatorias. O por lo menos, a ninguno de mis “negros” (en realidad eran morochos) les impidieron entrar a ningún restaurant. En cambio, en Italia y en México les costaba creer que mi hermana lo era… por tiene piel de latinoamericana. Y yo ¿qué tengo? Piel de chancho, me dijo mi médica.

¿Sería mejor que nadie notara la piel o el origen nacional? Y sí, pero de ahí a lincharlos hay un largo trecho.

Otra cosa es la arrogancia y pedantería argentina. Se ha hecho mucho de que “somos europeos” (o eso decimos) y que “nos creemos mejores que los latinoamericanos”.

Hmmmm… a ver, primero no confundamos características que surgen de la construcción de una identidad nacional con algo más profundo. Los argentinos, sobre todo los de Córdoba, el Litoral y Buenos Aires, somos gritones, volubles, discutidores. Más o menos como los cubanos, o los italianos. ¿Eso es arrogancia? Puede ser, pero es como pensar que los mexicanos son sumisos porque son callados y dicen “mande”. O que los estadounidenses son progres porque se hacen los woke. México es el país del “chinga quedita”; que en estas latitudes se llama “mexicanear”.

En realidad, parte del nacionalismo es construir una identidad donde somos mejores que los otros. “México lindo y querido”, “Brazil, o país mais grande do mundo”; Francia “cuna de la civilización y la cultura”. Pocos han desarrollado un excepcionalismo como los norteamericanos o los israelíes. Los primeros están tan convencidos de su superioridad que pretenden exportar su sistema socioeconómico a todas partes del mundo. Los segundos, son “el pueblo elegido por Dios”. Eso sí es arrogancia. ¿Y pedantería? Se ve que Loaeza nunca habló con un intelectual francés. Lo que pasa es que como buena elite mexicana está convencido que los franceses si son superiores. Quede claro, somos racistas, pedantes, arrogantes y muchas cosas más. ¿Pero más que cualquier otra sociedad? No digamos tonterías.

Lo interesante de esto es porqué y porqué ahora.

No puede ser por una Selección que jugó pobremente, y se comportó como malos deportistas. ¿Merecíamos perder? Sí, pero no sólo con España, también con Egipto y Cabo Verde. Messi fue un gran jugador, pero los que hemos visto a Maradona, Pelé, Garrincha, Cruyff y par de otros sabemos que es uno más de un grupo de grandes jugadores… ¿El mejor? Habría que haberlo visto jugando en el potrero y sin los cuidados del Barcelona para hacer esa afirmación. Siempre lo cuidaron mucho y jamás nadie le pegó como lo hizo Claudio Gentile a Maradona en el Mundial de 1982.

Y de repente somos el país más odiado del mundo… ¿Más que Israel, Estados Unidos, Alemania? Lo dudo. ¿Más que Dinamarca, Uruguay o Colombia? Y sí, esos, me parecen a mí, son buenas gentes. Lo cual sigue sin explicar por qué el furor anti argentino, aun entre amigos cercanos. Me parece que en parte se ha amplificado por las redes, que les dieron voz a tipos como Samuel Jackson o Yannis Varoufakis (que sigue navegando con bandera de zurdo, no sé por qué, y diciendo huevada y media).

Entonces, nos peleamos entre nosotros por nimiedades. Mientras tanto le damos pie a los Milei del mundo para seguir diciendo y haciendo barbaridades.

 Mundo – Tiempo Argentino

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