Bien se afirma que el aleteo de una mariposa en oriente puede producir una tormenta en occidente. Una metáfora de la interconexión económica del mundo desde hace añares. En la puja geopolítica en un extremo polarizado como el de la era de Donald Trump, cualquier acontecimiento en el subcontinente sudamericano incide en la economía y en el eco-sistema político-institucional de toda la región.
Así como el triunfo de Javier Milei hace tres años se convirtió en una cabeza de playa y el factor contagio logró alterar la realidad política y la relación de fuerzas en otras latitudes del subcontinente que tan solo una década antes, había sido hegemonizado por el progresismo en sus distintas variantes.
El triunfo inesperado del heredero del bolsonarismo, el inexperto hijo de Jair Messías, Flávio, le dejó tres semanas con un dulce sabor en la boca en la primera vuelta electoral. Por su parte, el avezado exlíder metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva, desde su discurso posterior a la derrota inicial, enfatizó que la consigna de la hora era movilizarse y convencer a los abstencionistas, a los desilusionados y hasta los que votaron en blanco.

Para realizar el milagro fueron necesarios cuatro ejes estratégicos. El primero surgió de la espontaneidad popular, que mostró el camino en una marcha espontánea de estudiantes universitarios en la primer semana posterior a la elección. Luego se viabilizó una seguidilla de multitudinarias concentraciones en San Pablo, Río de Janeiro y otras ciudades petistas y opositoras, organizadas por los cuadros territoriales del PT.
La otra jugada estratégica que ayudó al sorpasso de la segunda vuelta fue el innovador trabajo colectivo en las redes. Fue una propuesta de André Janones, el “comandante del Ejército de Lula” que desde el 5 de octubre inició con menos de 50 mil adherentes un vehículo de comunicación que en tan solo 24 horas alcanzó a cerca de 1 millón de personas y a las 48 horas superó los dos millones. Tres semanas más tarde, en los albores del inicio del balotaje, ya tenía mas de 10.800.000 activos verdaderos. Estos “soldados comunicacionales” retuiteaban las consignas y las noticias de cientos de miles de adhesiones de las más diversas. Deportistas, músicos, artistas, profesores, celebridades y millones de demócratas que subrayaban con antecedentes el talante autoritario y antidemocrático de Flávio Bolsonaro, contraponiéndolo a las propuestas de Lula.
James Marlon Görgen, asesor especialista en Políticas Públicas de Gestión del gobierno brasileño destacó: “La campaña que ha permitido la reelección de Lula con el 51,79% de los votos válidos, ha dado lugar a un verdadero ejército de alfabetización algorítmica de masas”.
Pero ¿cómo fue la estrategia que planificó e implementó André Janone? Distribuyó misiones con objetivos y pidió a “sus tropas” que compartieran publicaciones, comentaran videos, buscaran términos en Google y difundieran hashtags en X, todo simultáneamente. Cada miembro tenía que invitar a otras cuatro personas. Millones de votantes aprendieron sobre el terreno a producir las señales que los sistemas de recomendación interpretan como criterios de relevancia. El lenguaje militar y los mensajes de audio urgentes del “general” se han convertido en memes fuera del canal.
La alfabetización digital, un tema que figura en el programa gubernamental de Lula, se implementó en menos de tres semanas y a gran escala, en un área en la que el Partido de los Trabajadores (PT) siempre estuvo estado rezagado.

Más allá de la importancia de esta herramienta que implicó romper con la asimetría desplegada por la comunicación “vía redes” de la ultra-derecha, se complementó en la experiencia de la movilización territorial, que desencadenó las multitudinarias marchas y concentraciones.
También tuvieron su incidencia las medidas económicas anunciadas por Lula, como la actualización en un 15% de la Bolsa Familia, remarcando el carácter redistribucionista de la plataforma Petista. A esto se sumó la reducción a cinco jornadas laborales con un total de 40 horas semanales de lunes a viernes con ocho horas legales de trabajo. Hubo otras reivindicaciones, como el “boleto cero”, marcando la gratuidad en transportes en los fines de semana y feriados para todas las ciudades con transporte público a nivel nacional, propuesta que será aplicada con una enmienda constitucional.
En síntesis lo que se demostró en este 25 de octubre es que la movilización popular y la comunicación en redes de un colectivo de activos ciudadanos pueden ganar la pulseada a la ultra derecha. Esos apóstoles de la desigualdad, la meritocracia y la aporofobia (el rechazo a los pobres) propia de las elites en esta suerte de sueño húmedo del emperador Trump de convertir al subcontinente sudamericano en el patio trasero de su Imperio Impune.
En síntesis el acontecimiento disruptivo de la remontada épica del pueblo brasileño es que “solo el pueblo movilizado salvará al pueblo”, convirtiéndose en un inmenso balón de oxígeno para la resistencia popular contra la desigualdad, la injusticia y la entrega. Así emergió de las entrañas del Brasil democrático un potente dique de contención al neofascismo en ciernes.
La movilización popular y la comunicación en redes pueden ganar la pulseada.
Bien se afirma que el aleteo de una mariposa en oriente puede producir una tormenta en occidente. Una metáfora de la interconexión económica del mundo desde hace añares. En la puja geopolítica en un extremo polarizado como el de la era de Donald Trump, cualquier acontecimiento en el subcontinente sudamericano incide en la economía y en el eco-sistema político-institucional de toda la región.
Así como el triunfo de Javier Milei hace tres años se convirtió en una cabeza de playa y el factor contagio logró alterar la realidad política y la relación de fuerzas en otras latitudes del subcontinente que tan solo una década antes, había sido hegemonizado por el progresismo en sus distintas variantes.
El triunfo inesperado del heredero del bolsonarismo, el inexperto hijo de Jair Messías, Flávio, le dejó tres semanas con un dulce sabor en la boca en la primera vuelta electoral. Por su parte, el avezado exlíder metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva, desde su discurso posterior a la derrota inicial, enfatizó que la consigna de la hora era movilizarse y convencer a los abstencionistas, a los desilusionados y hasta los que votaron en blanco.

Foto: X
Para realizar el milagro fueron necesarios cuatro ejes estratégicos. El primero surgió de la espontaneidad popular, que mostró el camino en una marcha espontánea de estudiantes universitarios en la primer semana posterior a la elección. Luego se viabilizó una seguidilla de multitudinarias concentraciones en San Pablo, Río de Janeiro y otras ciudades petistas y opositoras, organizadas por los cuadros territoriales del PT.
La otra jugada estratégica que ayudó al sorpasso de la segunda vuelta fue el innovador trabajo colectivo en las redes. Fue una propuesta de André Janones, el “comandante del Ejército de Lula” que desde el 5 de octubre inició con menos de 50 mil adherentes un vehículo de comunicación que en tan solo 24 horas alcanzó a cerca de 1 millón de personas y a las 48 horas superó los dos millones. Tres semanas más tarde, en los albores del inicio del balotaje, ya tenía mas de 10.800.000 activos verdaderos. Estos “soldados comunicacionales” retuiteaban las consignas y las noticias de cientos de miles de adhesiones de las más diversas. Deportistas, músicos, artistas, profesores, celebridades y millones de demócratas que subrayaban con antecedentes el talante autoritario y antidemocrático de Flávio Bolsonaro, contraponiéndolo a las propuestas de Lula.
James Marlon Görgen, asesor especialista en Políticas Públicas de Gestión del gobierno brasileño destacó: “La campaña que ha permitido la reelección de Lula con el 51,79% de los votos válidos, ha dado lugar a un verdadero ejército de alfabetización algorítmica de masas”.
Pero ¿cómo fue la estrategia que planificó e implementó André Janone? Distribuyó misiones con objetivos y pidió a “sus tropas” que compartieran publicaciones, comentaran videos, buscaran términos en Google y difundieran hashtags en X, todo simultáneamente. Cada miembro tenía que invitar a otras cuatro personas. Millones de votantes aprendieron sobre el terreno a producir las señales que los sistemas de recomendación interpretan como criterios de relevancia. El lenguaje militar y los mensajes de audio urgentes del “general” se han convertido en memes fuera del canal.
La alfabetización digital, un tema que figura en el programa gubernamental de Lula, se implementó en menos de tres semanas y a gran escala, en un área en la que el Partido de los Trabajadores (PT) siempre estuvo estado rezagado.

Más allá de la importancia de esta herramienta que implicó romper con la asimetría desplegada por la comunicación “vía redes” de la ultra-derecha, se complementó en la experiencia de la movilización territorial, que desencadenó las multitudinarias marchas y concentraciones.
También tuvieron su incidencia las medidas económicas anunciadas por Lula, como la actualización en un 15% de la Bolsa Familia, remarcando el carácter redistribucionista de la plataforma Petista. A esto se sumó la reducción a cinco jornadas laborales con un total de 40 horas semanales de lunes a viernes con ocho horas legales de trabajo. Hubo otras reivindicaciones, como el “boleto cero”, marcando la gratuidad en transportes en los fines de semana y feriados para todas las ciudades con transporte público a nivel nacional, propuesta que será aplicada con una enmienda constitucional.
En síntesis lo que se demostró en este 25 de octubre es que la movilización popular y la comunicación en redes de un colectivo de activos ciudadanos pueden ganar la pulseada a la ultra derecha. Esos apóstoles de la desigualdad, la meritocracia y la aporofobia (el rechazo a los pobres) propia de las elites en esta suerte de sueño húmedo del emperador Trump de convertir al subcontinente sudamericano en el patio trasero de su Imperio Impune.
En síntesis el acontecimiento disruptivo de la remontada épica del pueblo brasileño es que “solo el pueblo movilizado salvará al pueblo”, convirtiéndose en un inmenso balón de oxígeno para la resistencia popular contra la desigualdad, la injusticia y la entrega. Así emergió de las entrañas del Brasil democrático un potente dique de contención al neofascismo en ciernes.
Mundo – Tiempo Argentino