Consejos para jóvenes desocupados

Detengo por un momento la malsana tendencia de pensar la política como funcionarios en las sombras, que nos invade todo el tiempo.

Voy a aportar algunos comentarios para dar una mano a esos jóvenes que buscan trabajo en el país en crisis. La gran mayoría de ellos y ellas buscan a la usanza tradicional: tratan de encontrar capitalistas que ofrecen una relación de dependencia, de cualquier duración y en última instancia para cualquier puesto. Lo esencial es sentirse adentro.

Reflexionemos juntos.

Producir un bien o brindar un servicio necesita una combinación de los cuatro factores de producción: capital, tierra, trabajo y tecnología.

Un joven que busca no dispone de los dos primeros y en cuanto a tecnología, cuenta con sus estudios formales, que solo a veces cuadran con lo que el capitalista busca. Está limitado a su fuerza de trabajo.

¿Y si hacen causa común entre unos cuatro postulantes, en una cooperativa de hecho o de derecho, donde uno tenga vocación por administrar, otro tenga inclinación por difundir y pensar creativamente y los dos restantes se preparen para llevar el peso de la producción?

Ese grupo sería un emprendimiento sin capital, sin tierra y sin producto, que además no buscaría el trabajo que otros ofrecen, sino trataría de definir el propio.

¿Cómo?

Pensando en cubrir una necesidad de quien apele a ellos en el futuro, en lugar de intentar trabajar para alguien que centralmente quiere ganar dinero.

Una aclaración: Esta mirada coincidiría con la lógica de la llamada economía popular sólo en lo que se conoce como economía del cuidado, en que efectivamente se busca atender una necesidad central de la comunidad. En cambio, todas las demás actividades autodefinidas por los compatriotas que se consideraron fuera del sistema en los últimos 25 años buscaron insertarse en una cadena de valor con tareas aparentemente independientes pero en rigor subordinadas a las decisiones de un capitalista. Hablo del cartoneo, de la venta ambulante, de los talleres textiles, de las entregas a domicilio. No es lo que propongo. En verdad: Es lo contrario de lo que propongo.

Además del cuidado, en la comunidad se necesita comer, vestirse, construir o mantener la vivienda, ahorrar energía, encontrar formas de esparcimiento. Este sería un combo básico.

¿Y qué puede hacer al respecto una cooperativa sin capital, ni tierra ni tecnología?

Acumular unas cuantas horas – que siempre serán menos que las que se pierde en decenas de entrevistas frustrantes – en identificar espacios disponibles.

Veamos por caso la alimentación. Son multitud los que ya han recorrido los caminos más elementales, desde vender tortilla o hamburguesas al costado de una ruta, o hechas en casa y vendiendo por whatsapp. O elevando la puntería hacia comidas más elaboradas o a la atención regular de grupos sociales, como fábricas o reuniones diversas.

La gran mayoría ha fracasado. Porque todas las tortillas son iguales y no transmiten confianza sanitaria; porque no hay grupo de whatsapp que no se canse de consumir lo mismo; porque la calidad del producto final es un fuerte desafío mantenerla.

¿Quienes triunfaron en el intento?

Quienes pudieron identificar una necesidad y la atendieron con ese toque sutil que establece un puente de confianza entre proveedor y consumidor. Lo hicieron estudiando previamente. Cómo se hace una carne cocida con personalidad; cómo se llega a un panificado con sabor propio; como se conserva lo elaborado y así siguiendo.

¿Dónde?

En un centro de formación profesional, de los que hay centenares; en una escuela específica del tema; haciendo una pasantía con gente experta. Todo eso, después de entender lo que quieren: resolver un problema difundido de consumo, sin depender de un capitalista.

Hay muchos senderos posibles. Entre ellos, vincularse con productores primarios pequeños, de los que hay miles disponibles y construir acuerdos que permitan tomar lo que entrega la tierra y transformarlo hasta llegar a la mesa, con beneficio compartido.

No es este el lugar en que quepan análisis de casos detallados y su extrapolación al mantenimiento edilicio; la confección y venta de indumentaria; los grupos de instalación y mantenimiento de energía de origen eólico o fotovoltaica y una vuelta de tuerca fuerte para entender cuales son las cooperativas de cuidado que pueden ser exitosas.

Sin embargo, podemos hacer un resumen conceptual de las condiciones de borde que creo necesarias y satisfactorias.

  1. Juntarse y ya desde el vamos, fortalecer funciones separadas.
  2. Admitir que hay una barrera de entrada. Era ilusoria desde el vamos la idea de algunos repartidores a domicilio acerca del beneficio de ser trabajador independiente. Cuando muchos miles descubrieron o imaginaron lo mismo, la dependencia de los administradores de las aplicaciones se hizo penuria.

Es necesario buscar y buscar hasta identificar la necesidad comunitaria a satisfacer y luego capacitarse para llenar ese vacío. Pero el salto no es enorme; solo hay que estar dispuesto a estudiar.

  1. La personalidad de la prestación, combinada con la generosidad en cuanto a las pretensiones retributivas, siempre tiene su recompensa.
  2. La innovación y actualización permanente debe ser una norma.
  3. La alternativa tradicional de ponerse en manos de un capitalista, en un escenario de tanta exclusión, es cada vez más frustrante.
  4. Ante fracasos iniciales, repasar todo lo hecho, buscar los flancos débiles. Confiar en que quien llegue a atender una necesidad habrá encontrado su lugar.

Me encantaría que consideren lo antedicho y quien quiera reflexionar juntos sobre algún proyecto se comunique conmigo a ippenrique@gmail.com.

Hasta pronto

 Algunas ideas para ayudar a los jóvenes que buscan trabajo en el país en crisis y no lo encuentran. La cooperativa permite hacer causa común para encarar emprendimientos sin subordinarse a un capitalista. Algunos ejemplos.  

Detengo por un momento la malsana tendencia de pensar la política como funcionarios en las sombras, que nos invade todo el tiempo.

Voy a aportar algunos comentarios para dar una mano a esos jóvenes que buscan trabajo en el país en crisis. La gran mayoría de ellos y ellas buscan a la usanza tradicional: tratan de encontrar capitalistas que ofrecen una relación de dependencia, de cualquier duración y en última instancia para cualquier puesto. Lo esencial es sentirse adentro.

Reflexionemos juntos.

Producir un bien o brindar un servicio necesita una combinación de los cuatro factores de producción: capital, tierra, trabajo y tecnología.

Un joven que busca no dispone de los dos primeros y en cuanto a tecnología, cuenta con sus estudios formales, que solo a veces cuadran con lo que el capitalista busca. Está limitado a su fuerza de trabajo.

¿Y si hacen causa común entre unos cuatro postulantes, en una cooperativa de hecho o de derecho, donde uno tenga vocación por administrar, otro tenga inclinación por difundir y pensar creativamente y los dos restantes se preparen para llevar el peso de la producción?

Ese grupo sería un emprendimiento sin capital, sin tierra y sin producto, que además no buscaría el trabajo que otros ofrecen, sino trataría de definir el propio.

¿Cómo?

Pensando en cubrir una necesidad de quien apele a ellos en el futuro, en lugar de intentar trabajar para alguien que centralmente quiere ganar dinero.

Una aclaración: Esta mirada coincidiría con la lógica de la llamada economía popular sólo en lo que se conoce como economía del cuidado, en que efectivamente se busca atender una necesidad central de la comunidad. En cambio, todas las demás actividades autodefinidas por los compatriotas que se consideraron fuera del sistema en los últimos 25 años buscaron insertarse en una cadena de valor con tareas aparentemente independientes pero en rigor subordinadas a las decisiones de un capitalista. Hablo del cartoneo, de la venta ambulante, de los talleres textiles, de las entregas a domicilio. No es lo que propongo. En verdad: Es lo contrario de lo que propongo.

Además del cuidado, en la comunidad se necesita comer, vestirse, construir o mantener la vivienda, ahorrar energía, encontrar formas de esparcimiento. Este sería un combo básico.

¿Y qué puede hacer al respecto una cooperativa sin capital, ni tierra ni tecnología?

Acumular unas cuantas horas – que siempre serán menos que las que se pierde en decenas de entrevistas frustrantes – en identificar espacios disponibles.

Veamos por caso la alimentación. Son multitud los que ya han recorrido los caminos más elementales, desde vender tortilla o hamburguesas al costado de una ruta, o hechas en casa y vendiendo por whatsapp. O elevando la puntería hacia comidas más elaboradas o a la atención regular de grupos sociales, como fábricas o reuniones diversas.

La gran mayoría ha fracasado. Porque todas las tortillas son iguales y no transmiten confianza sanitaria; porque no hay grupo de whatsapp que no se canse de consumir lo mismo; porque la calidad del producto final es un fuerte desafío mantenerla.

¿Quienes triunfaron en el intento?

Quienes pudieron identificar una necesidad y la atendieron con ese toque sutil que establece un puente de confianza entre proveedor y consumidor. Lo hicieron estudiando previamente. Cómo se hace una carne cocida con personalidad; cómo se llega a un panificado con sabor propio; como se conserva lo elaborado y así siguiendo.

¿Dónde?

En un centro de formación profesional, de los que hay centenares; en una escuela específica del tema; haciendo una pasantía con gente experta. Todo eso, después de entender lo que quieren: resolver un problema difundido de consumo, sin depender de un capitalista.

Hay muchos senderos posibles. Entre ellos, vincularse con productores primarios pequeños, de los que hay miles disponibles y construir acuerdos que permitan tomar lo que entrega la tierra y transformarlo hasta llegar a la mesa, con beneficio compartido.

No es este el lugar en que quepan análisis de casos detallados y su extrapolación al mantenimiento edilicio; la confección y venta de indumentaria; los grupos de instalación y mantenimiento de energía de origen eólico o fotovoltaica y una vuelta de tuerca fuerte para entender cuales son las cooperativas de cuidado que pueden ser exitosas.

Sin embargo, podemos hacer un resumen conceptual de las condiciones de borde que creo necesarias y satisfactorias.

  1. Juntarse y ya desde el vamos, fortalecer funciones separadas.
  2. Admitir que hay una barrera de entrada. Era ilusoria desde el vamos la idea de algunos repartidores a domicilio acerca del beneficio de ser trabajador independiente. Cuando muchos miles descubrieron o imaginaron lo mismo, la dependencia de los administradores de las aplicaciones se hizo penuria.

Es necesario buscar y buscar hasta identificar la necesidad comunitaria a satisfacer y luego capacitarse para llenar ese vacío. Pero el salto no es enorme; solo hay que estar dispuesto a estudiar.

  1. La personalidad de la prestación, combinada con la generosidad en cuanto a las pretensiones retributivas, siempre tiene su recompensa.
  2. La innovación y actualización permanente debe ser una norma.
  3. La alternativa tradicional de ponerse en manos de un capitalista, en un escenario de tanta exclusión, es cada vez más frustrante.
  4. Ante fracasos iniciales, repasar todo lo hecho, buscar los flancos débiles. Confiar en que quien llegue a atender una necesidad habrá encontrado su lugar.

Me encantaría que consideren lo antedicho y quien quiera reflexionar juntos sobre algún proyecto se comunique conmigo a [email protected].

Hasta pronto

 Política – Tiempo Argentino

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