La coreografía del miércoles, ese ritual de insistencia que los jubilados sostienen frente al Palacio Legislativo, fue interrumpida una vez más por un operativo de saturación que transformó el reclamo por haberes dignos en un escenario de detenciones y golpes. Lo que comenzó como la habitual vuelta al Congreso terminó con un cordón policial abalanzándose sobre cuerpos que solo exigían dejar de perder contra la inflación.
El saldo de la jornada: brazos heridos, manifestantes retenidos y una ambulancia trasladando de urgencia al Hospital Ramos Mejía a un hombre con un pico de presión, víctima directa de la hostilidad oficial.

Entre los agredidos se encontraban Carlos Alberto “Chaca” Dawlowski y Delia Luján Montiel. «Chaca», de 76 años, fue liberado con la piel marcada por la fuerza policial, pero con la palabra intacta ante las cámaras: «Ya no podemos ni marchar por la vereda, pero no vamos a bajar los brazos; vamos a dejar la vida, pero no nos van a llevar por delante».
Sus heridas, exhibidas como prueba de una democracia que se vuelve sorda y violenta, resumen el espíritu de una resistencia que, a pesar del bastón y el gas pimienta, jura no aflojar hasta la última gota de sangre.
Bajo el mando de Alejandra Monteoliva, la Policía Federal cercó y golpeó a manifestantes frente al Congreso en una nueva jornada de asfixia al derecho a la protesta.
La coreografía del miércoles, ese ritual de insistencia que los jubilados sostienen frente al Palacio Legislativo, fue interrumpida una vez más por un operativo de saturación que transformó el reclamo por haberes dignos en un escenario de detenciones y golpes. Lo que comenzó como la habitual vuelta al Congreso terminó con un cordón policial abalanzándose sobre cuerpos que solo exigían dejar de perder contra la inflación.
El saldo de la jornada: brazos heridos, manifestantes retenidos y una ambulancia trasladando de urgencia al Hospital Ramos Mejía a un hombre con un pico de presión, víctima directa de la hostilidad oficial.

Foto: NA
Entre los agredidos se encontraban Carlos Alberto “Chaca” Dawlowski y Delia Luján Montiel. «Chaca», de 76 años, fue liberado con la piel marcada por la fuerza policial, pero con la palabra intacta ante las cámaras: «Ya no podemos ni marchar por la vereda, pero no vamos a bajar los brazos; vamos a dejar la vida, pero no nos van a llevar por delante».
Sus heridas, exhibidas como prueba de una democracia que se vuelve sorda y violenta, resumen el espíritu de una resistencia que, a pesar del bastón y el gas pimienta, jura no aflojar hasta la última gota de sangre.
Política – Tiempo Argentino