Los viajes del jefe de Gabinete Manuel Adorni junto a su mujer, a Nueva York en el avión presidencial, y a Punta del Este, en un avión privado, con toda su familia y un amigo, pueden tener derivaciones insospechadas. Más allá de las implicancias que tiene el hecho de disponer de un bien público para usufructo privado, como el lugar en el avión y un hotel cinco estrellas de Nueva York, hay otras complicaciones que van más allá de esa irregularidad: está vedado por ley llevar a familiares de funcionarios en aviones oficiales del Estado.
Pero la gravedad de ese hecho parece menor frente a lo que promete ser un escándalo mayor de derivaciones imprevisibles: el viaje de Adorni, su familia y el periodista empresario Marcelo Grandio a Punta del Este en un avión privado.
El punto es que respecto de ese viaje de Adorni a Punta del Este se sabe ahora que Grandio, a través de su productora IMHouse pagó la ida pero aún no se sabe quién pagó la vuelta, aunque hay fuertes sospechas de que podría haber sido abonado por el Estado. Es que Adorni dijo que lo pagó él y Grandio que lo pagó Adorni con plata del Estado, después Grandio dijo que se lo pagó Adorni y después que él se lo pagó y que tenía el recibo del recibo.
Hasta allí un galimatías casi indescifrable, que empezó a develarse con el recibo de IMHouse. La factura del regreso es extraña. Es por 10 pasajes, 42.250 dólares, y la pagó un empresario, Agustín Issin Hansen, con domicilio en Uruguay. Como Grandio, que hoy trabaja en la TV Pública bajo la égida de el mismo Adorni.

El despacho del vuelo del avión desde el aeropuerto de San Fernando el 12 de febrero pasado dice que se trató de un avión Honda Jet matrícula LVHWA 83 operado por la empresa Alphacentauri S.A. en el que viajaron Adorni, su mujer Bettina Angeletti y sus dos hijos y el periodista empresario Grandio. El monto abonado fue 4.830 dólares. Y aquí renace el escándalo.
La empresa Alphacentauri S.A. tiene una cara visible, ahora más conocida: el mismo Grandio. El avión pertenece a Movigrúas S.A. que se lo renta a la compañía de taxis aéreos vinculada nada menos que con Leonardo Scatturice. Este exSide es dueño de la compañía low-cost FlyBondi, de Oca y de decenas de firmas del sector y colaterales, tanto en Argentina como en EEUU, proveedor y el principal lobista del Gobierno con su par norteamericano. Otra de las empresas aéreas del exagente es Royal Class, en la que viajó Hayden Davis (factótum del caso $Libra) para evaluar futuras inversiones en el país.
La compañía tiene otros frondosos antecedentes. Perteneció nada menos que al suicidado empresario telepostal Alfredo Yabrán, íntimo de Carlos Menem y del brigadier José Antonio Juliá, jefe de la Fuerza Aérea desde 1989 hasta 1993. El apellido Juliá estuvo vinculado al caso del Narcojet que traficó 945 kilos a España en 2011 por el que fueron condenados los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá. El piloto de ese vuelo fue Matías Miret, pero fue absuelto porque no sabía qué llevaba casi una tonelada de droga. Actualmente es el delegado de los pilotos de FlyBondi, la empresa de Scatturice.

La industria de los vuelos privados le factura al Gobierno miles de millones de pesos al año y ha crecido llamativamente en forma exponencial en los últimos dos y lo que va de 2026. Son cientos de pasajes, 700 anuales, cifra que algunos sitúan en el millar. Solo a modo de ejemplo, por caso, Patricia Bullrich hizo al menos 40 viajes y Luis Petri otros 50.
La lista de empresas proveedoras de viajes es larga (y las de pasajeros del Gobierno también), pero varias tienen los mismos dueños. Y muchas también han estado implicadas en manejos turbios, como la facilitación de pasajes o la expedición de facturas truchas, una forma de corrupción lisa y llana y lo más parecido a una operatoria de lavado de dinero.
Varias empresas de Scatturice son proveedoras del Estado de los ministerios de Economía, Desarrollo Humano, Anses, Andis (ya investigada por los vuelos de BairesFly) y hasta de la Secretaría General de la Presidencia, entre otros. El exside y Gustavo Carmona de FlyZar, dueño también de otras firmas aéreas, trabajan en tándem, uno presta el servicio y el otro se lo consigue especialmente del poder político, un negocio que es suficientemente jugoso y rentable para ambos.
Adorni suma denuncias
El caso de Adorni ya acumula varias denuncias y una de ellas en particular es la investigación de oficio que lleva el Procurador General de la Nación, Eduardo Casal. El organismo es autárquico y se comunica con el Ejecutivo a través del Ministerio de Justicia. Y aquí el escándalo se complica definitivamente.

Este nuevo escándalo promete nuevos capítulos y puede llegar a producir un cimbronazo en lo más alto del poder político. Para Adorni se trata de un intento de desestabilización del Gobierno y de fuego interno, según le aseguró a su periodista amigo Luis Majul. También se refugia en haber sido uno de los privilegiados que acompañó al presidente Javier Milei y a su hermana Karina nada menos que la misma noche del lanzamiento de $Libra. Sabe demasiado, pero si su caso deja al descubierto un entramado de empresas aéreas de servicio irregular y presunto lavado de dinero del poder político, puede no alcanzarle.

Adorni era un soldado incondicional de Santiago Caputo, pero la llamativa intervención de Karina Milei en algunas licitaciones para la difusión oficial y otras cuestiones similares, vinculadas incluso con la mujer de Adorni, más allá del viaje que también propició, habría sido decisiva para que el ex vocero cambiara de lugar de cercanía a la cúpula del poder. La maniobra parece haber tenido su respuesta del otro lado de la mesa chica con la revelación de ambos viajes, especialmente el de Punta del Este.
Las imágenes de video donde se muestra a Adorni y su troupe subiendo al avión junto a Grandio solo pueden ser producto de cámaras a las que tiene acceso la Side, según dicen en el Gobierno, un área bajo la égida exclusiva del Mago del Kremlim. Lo cierto es que lo sea o no, el escándalo ya cobró vida propia y promete crecer a la par de $Libra y con el mismo eje: la presunta corrupción, herida mortal si las hay en política. Y habrá que prestarle mucha atención. El resultado será el FIN.

El jefe de Gabinete viajó a Punta del Este en la empresa Aplhacentauri, propiedad del lobista y exside Leonardo Scatturice. Marcelo Grandio, empresario y periodista, pagó el viaje de ida. La factura a nombre de la productora del amigo de Adorni abre la sospecha de un posible delito. La saga de viajes de funcionarios en aviones privados.
Los viajes del jefe de Gabinete Manuel Adorni junto a su mujer, a Nueva York en el avión presidencial, y a Punta del Este, en un avión privado, con toda su familia y un amigo, pueden tener derivaciones insospechadas. Más allá de las implicancias que tiene el hecho de disponer de un bien público para usufructo privado, como el lugar en el avión y un hotel cinco estrellas de Nueva York, hay otras complicaciones que van más allá de esa irregularidad: está vedado por ley llevar a familiares de funcionarios en aviones oficiales del Estado.
Pero la gravedad de ese hecho parece menor frente a lo que promete ser un escándalo mayor de derivaciones imprevisibles: el viaje de Adorni, su familia y el periodista empresario Marcelo Grandio a Punta del Este en un avión privado.
El punto es que respecto de ese viaje de Adorni a Punta del Este se sabe ahora que Grandio, a través de su productora IMHouse pagó la ida pero aún no se sabe quién pagó la vuelta, aunque hay fuertes sospechas de que podría haber sido abonado por el Estado. Es que Adorni dijo que lo pagó él y Grandio que lo pagó Adorni con plata del Estado, después Grandio dijo que se lo pagó Adorni y después que él se lo pagó y que tenía el recibo del recibo.
Hasta allí un galimatías casi indescifrable, que empezó a develarse con el recibo de IMHouse. La factura del regreso es extraña. Es por 10 pasajes, 42.250 dólares, y la pagó un empresario, Agustín Issin Hansen, con domicilio en Uruguay. Como Grandio, que hoy trabaja en la TV Pública bajo la égida de el mismo Adorni.

El despacho del vuelo del avión desde el aeropuerto de San Fernando el 12 de febrero pasado dice que se trató de un avión Honda Jet matrícula LVHWA 83 operado por la empresa Alphacentauri S.A. en el que viajaron Adorni, su mujer Bettina Angeletti y sus dos hijos y el periodista empresario Grandio. El monto abonado fue 4.830 dólares. Y aquí renace el escándalo.
La empresa Alphacentauri S.A. tiene una cara visible, ahora más conocida: el mismo Grandio. El avión pertenece a Movigrúas S.A. que se lo renta a la compañía de taxis aéreos vinculada nada menos que con Leonardo Scatturice. Este exSide es dueño de la compañía low-cost FlyBondi, de Oca y de decenas de firmas del sector y colaterales, tanto en Argentina como en EEUU, proveedor y el principal lobista del Gobierno con su par norteamericano. Otra de las empresas aéreas del exagente es Royal Class, en la que viajó Hayden Davis (factótum del caso $Libra) para evaluar futuras inversiones en el país.
La compañía tiene otros frondosos antecedentes. Perteneció nada menos que al suicidado empresario telepostal Alfredo Yabrán, íntimo de Carlos Menem y del brigadier José Antonio Juliá, jefe de la Fuerza Aérea desde 1989 hasta 1993. El apellido Juliá estuvo vinculado al caso del Narcojet que traficó 945 kilos a España en 2011 por el que fueron condenados los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá. El piloto de ese vuelo fue Matías Miret, pero fue absuelto porque no sabía qué llevaba casi una tonelada de droga. Actualmente es el delegado de los pilotos de FlyBondi, la empresa de Scatturice.

La industria de los vuelos privados le factura al Gobierno miles de millones de pesos al año y ha crecido llamativamente en forma exponencial en los últimos dos y lo que va de 2026. Son cientos de pasajes, 700 anuales, cifra que algunos sitúan en el millar. Solo a modo de ejemplo, por caso, Patricia Bullrich hizo al menos 40 viajes y Luis Petri otros 50.
La lista de empresas proveedoras de viajes es larga (y las de pasajeros del Gobierno también), pero varias tienen los mismos dueños. Y muchas también han estado implicadas en manejos turbios, como la facilitación de pasajes o la expedición de facturas truchas, una forma de corrupción lisa y llana y lo más parecido a una operatoria de lavado de dinero.
Varias empresas de Scatturice son proveedoras del Estado de los ministerios de Economía, Desarrollo Humano, Anses, Andis (ya investigada por los vuelos de BairesFly) y hasta de la Secretaría General de la Presidencia, entre otros. El exside y Gustavo Carmona de FlyZar, dueño también de otras firmas aéreas, trabajan en tándem, uno presta el servicio y el otro se lo consigue especialmente del poder político, un negocio que es suficientemente jugoso y rentable para ambos.
El caso de Adorni ya acumula varias denuncias y una de ellas en particular es la investigación de oficio que lleva el Procurador General de la Nación, Eduardo Casal. El organismo es autárquico y se comunica con el Ejecutivo a través del Ministerio de Justicia. Y aquí el escándalo se complica definitivamente.

Este nuevo escándalo promete nuevos capítulos y puede llegar a producir un cimbronazo en lo más alto del poder político. Para Adorni se trata de un intento de desestabilización del Gobierno y de fuego interno, según le aseguró a su periodista amigo Luis Majul. También se refugia en haber sido uno de los privilegiados que acompañó al presidente Javier Milei y a su hermana Karina nada menos que la misma noche del lanzamiento de $Libra. Sabe demasiado, pero si su caso deja al descubierto un entramado de empresas aéreas de servicio irregular y presunto lavado de dinero del poder político, puede no alcanzarle.

Adorni era un soldado incondicional de Santiago Caputo, pero la llamativa intervención de Karina Milei en algunas licitaciones para la difusión oficial y otras cuestiones similares, vinculadas incluso con la mujer de Adorni, más allá del viaje que también propició, habría sido decisiva para que el ex vocero cambiara de lugar de cercanía a la cúpula del poder. La maniobra parece haber tenido su respuesta del otro lado de la mesa chica con la revelación de ambos viajes, especialmente el de Punta del Este.
Las imágenes de video donde se muestra a Adorni y su troupe subiendo al avión junto a Grandio solo pueden ser producto de cámaras a las que tiene acceso la Side, según dicen en el Gobierno, un área bajo la égida exclusiva del Mago del Kremlim. Lo cierto es que lo sea o no, el escándalo ya cobró vida propia y promete crecer a la par de $Libra y con el mismo eje: la presunta corrupción, herida mortal si las hay en política. Y habrá que prestarle mucha atención. El resultado será el FIN.

Foto: X de Manuel Adorni
Política – Tiempo Argentino