Finalmente llegó. Tras permanecer 15 años prófugo en Brasil y a 50 años de los hechos, el prefecto Gonzálo Sánchez, alias “Chispa”, integrante de la patota de la ESMA, fue condenado por crímenes de lesa humanidad en el centro clandestino de la marina.
El Tribunal Oral Federal 5 de CABA lo encontró culpable de la privación ilegal de la libertad de 178 personas que estuvieron cautivas en la ESMA y le otorgó 16 años y 8 meses de prisión, una pena baja por la gravedad de los delitos (las querellas y la fiscalía habían solicitado 25 años). El veredicto, dictado por los jueces Adriana Palliotti, Daniel Obligado y Germán Castelli, fue unánime.
Sánchez fue oficial de inteligencia de la Prefectura Naval e integró el Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA entre 1976 y mediados de 1978. Se mantuvo prófugo desde 2005 y recién en 2020 logró ser extraditado desde Brasil aunque con la condición de que sea juzgado exclusivamente por su responsabilidad en hechos de privación ilegítima de la libertad y no por homicidios o tormentos. Por esos hechos, el Supremo Tribunal Federal de la República Federativa del Brasil estableció un límite de 30 años de prisión.
El Tribunal esquivó tomar una decisión sobre la detención del condenado, como habían solicitado las querellas. Por el momento, continuará detenido en la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde es pastor evangelico de otros represores condenados.
Durante el debate, se conocieron más de 30 testimonios de sobrevivientes que recordaron haber visto a Sánchez como parte del sector Operaciones del Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA. Carlos Loza recordó que el prefecto era conocido dentro del centro clandestino como “Chispa”, apodo que el mismo represor reconoció durante el debate, y señaló su sospecha de que se trataba de quien algunas noches, mientras estaban encapuchados, subía al lugar de cautiverio a tocar temas de rock nacional en su guitarra.
Silvia Labayru también lo reconoció. “Lo ví muchísimas veces, lo veía donde me obligaban a trabajar, en el sótano, en capucha city muchas veces. era una persona que se la veía circular con frecuencia, era uno de los operativos más frecuentes de la esma”, señaló en su testimonio.
“Cuando estaba la orden de determinar a alguna persona, el dorado se transformaba en un lugar de gente enloquecida buscando las armas y datos y ahí lo vi muchísimas veces en muchos operativos a “Chispa”, aunque también lo he visto en Capucha varias veces”, añadió Lidia Vieyra.
Fue oficial de inteligencia de la Prefectura Naval y estuvo prófugo desde 2005 hasta 2020. Recibió una pena considerada baja de 16 años y 8 meses de prisión por crímenes de lesa humanidad.
Finalmente llegó. Tras permanecer 15 años prófugo en Brasil y a 50 años de los hechos, el prefecto Gonzálo Sánchez, alias “Chispa”, integrante de la patota de la ESMA, fue condenado por crímenes de lesa humanidad en el centro clandestino de la marina.
El Tribunal Oral Federal 5 de CABA lo encontró culpable de la privación ilegal de la libertad de 178 personas que estuvieron cautivas en la ESMA y le otorgó 16 años y 8 meses de prisión, una pena baja por la gravedad de los delitos (las querellas y la fiscalía habían solicitado 25 años). El veredicto, dictado por los jueces Adriana Palliotti, Daniel Obligado y Germán Castelli, fue unánime.
Sánchez fue oficial de inteligencia de la Prefectura Naval e integró el Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA entre 1976 y mediados de 1978. Se mantuvo prófugo desde 2005 y recién en 2020 logró ser extraditado desde Brasil aunque con la condición de que sea juzgado exclusivamente por su responsabilidad en hechos de privación ilegítima de la libertad y no por homicidios o tormentos. Por esos hechos, el Supremo Tribunal Federal de la República Federativa del Brasil estableció un límite de 30 años de prisión.
El Tribunal esquivó tomar una decisión sobre la detención del condenado, como habían solicitado las querellas. Por el momento, continuará detenido en la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde es pastor evangelico de otros represores condenados.
Durante el debate, se conocieron más de 30 testimonios de sobrevivientes que recordaron haber visto a Sánchez como parte del sector Operaciones del Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA. Carlos Loza recordó que el prefecto era conocido dentro del centro clandestino como “Chispa”, apodo que el mismo represor reconoció durante el debate, y señaló su sospecha de que se trataba de quien algunas noches, mientras estaban encapuchados, subía al lugar de cautiverio a tocar temas de rock nacional en su guitarra.
Silvia Labayru también lo reconoció. “Lo ví muchísimas veces, lo veía donde me obligaban a trabajar, en el sótano, en capucha city muchas veces. era una persona que se la veía circular con frecuencia, era uno de los operativos más frecuentes de la esma”, señaló en su testimonio.
“Cuando estaba la orden de determinar a alguna persona, el dorado se transformaba en un lugar de gente enloquecida buscando las armas y datos y ahí lo vi muchísimas veces en muchos operativos a “Chispa”, aunque también lo he visto en Capucha varias veces”, añadió Lidia Vieyra.
Política – Tiempo Argentino